Incluso los pensamientos que ahora mismo crea mi cabeza van transformándose en pasado una vez que es pensada la siguiente idea.
La única manera que encuentro de convertir en materia esos recuerdos, es a través del registro de la palabra escrita, del archivo visual o auditivo.
Mi idea definitivamente no es nueva[1], sin embargo, en el último año han ocurrido algunas experiencias que llevaron a plantearme este proyecto:
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* En septiembre de 2019 realicé un viaje con hongos mágicos en la zona montañosa de Oaxaca, un viaje que despedazó de manera brutal mi historia personal[2] y me dejó ante la tarea de reconstruirla a partir de sus añicos.
* Meses de confinamiento y ocio por la pandemia de covid-19 hicieron que viera más televisión que nunca y me topara con las series Altered Carbon o Black Mirror, que juegan entre otras cosas, con la creación de extraordinarias posibilidades tecnológicas, al parecer con bastante probabilidad de ser viables en un futuro. Una de ellas, era la de transferir a un dispositivo (bisnieto de las USB) toda la información almacenada en el cerebro de una persona.
Más allá del contenido artístico o ideológico de los programas, me fascinó la idea, sobre todo por su gran simplicidad. Me hizo pensar en todos los esfuerzos que la humanidad ha realizado durante su historia para vencer a la muerte o, al menos, retardar al máximo la llegada de la vejez. En la antigüedad se intentó con hechizos y momificación; en la era médica moderna, con criogenización, manipulación genética o clonación. Aun con la cada vez más cercana capacidad para crear clones humanos, es un hecho que una copia perfecta de mi cuerpo físico, no puede convertirse en el ser que soy YO, porque soy el resultado de una enorme serie de acontecimientos derivados del medio ambiente, de la casualidad, del caos, de la época y cultura, de la probabilidad y la improbabilidad, imposibles de ser replicados en ningún laboratorio.
Pero un dispositivo que contenga toda la información almacenada en el cerebro suena muy seductor. Después de todo, la unidad mínima a la que hoy se reduce nuestra tecnología “inteligente” es un código binario formado por un 1 y un 0. Solo es cuestión de tiempo para que se descifre el código por el cual nuestra red neuronal almacena información.
Para ello he tratado de apoyarme en varios principios:
° Más allá de mi percepción ética o ideológica sobre los hechos, habrá una persistente intención de honestidad conmigo mismo al momento de trabajar con cada recuerdo.
° La mayoría de mis recuerdos no están hechos solo de pensamientos. Generalmente van acompañados de memoria auditiva, visual, táctil, olfativa, gustativa o emocional.
° Hasta donde sea posible, cada recuerdo será cotejado con información escrita y gráfica de todo tipo (notas, líneas de tiempo, diarios, cartas, esquemas o imágenes), con música, videos, películas u objetos.
Finalmente quedará la tarea de redactar esas memorias, lo que supone un mínimo de reglas de escritura y nuevamente honestidad, para evitar la autocomplacencia o la mitificación, que tampoco impedirá buscar un resultado estético y limpio, aun si este trabajo fuera leído únicamente por mí.
Dada la enorme cantidad de recuerdos en mi memoria y la diversidad de su temática, resulta imposible unificarlos todos en una sola historia. Más bien, formará una cadena de eslabones ligados. Crear una novela, ya fuera en palabras de un tercero o de corte autobiográfico, está más allá de mi entrenamiento literario, que es apenas básico (o estudio varios años para hacerlo “bien” o acato esta urgente necesidad de escribir), por lo que cada recuerdo será tratado como una narración individual. Ya que es probable que muchas de estas traten sobre un mismo tema, se reunirán en antologías o documentos únicos, que podrían incluso tener conexión en algún momento.
La idea final es ir formando un rompecabezas o, mejor aún, una especie de cuadro de tipo impresionista en el que cada pincelada (narración) es única, pero que, visto el conjunto desde la distancia, deje apreciar la obra total:
La Memoria de mi Vida.
[2] Este relato pertenece a la serie:
BITÁCORA DE VIAJES 2019 Septiembre: tercer viaje de hongos LA CUARTA INICIACIÓN o EN EL MICTLÁN HAY WIFI
[3] Síndrome de Korsakoff: Rellenar de manera inconsciente con confabulaciones aquellos recuerdos que se han olvidado.
Narraciones y Series contenidas en el PROYECTO REDIME:
ANTOLOGÍA DE MPITOS Y LEYENDAS







