jueves, 5 de octubre de 2023

1997 Aquiles


                                                                                                                   1997 Aquiles

   “Un día, se le apareció a una humilde aldeana un genio y le dijo:
   —Pídeme lo que desees… —
al mirar la cara desconfiada de la mujer, agregó —soy un genio y hoy puedo concederte lo que tú quieras.

   —¿De verdad cualquier cosa? —replicó ella abriendo muy grandes los ojos. La mujer se apretujaba nerviosamente los dedos de las manos y miraba ahora al cielo, ahora al piso, llena de incertidumbre mientras pensaba.

   —Créeme, puede ser lo que tú pidas —le aseguró el genio.

   Tras segundos que parecieron horas la rústica doncella le respondió —¿Podrías darme una vaca?...

   El genio hizo un enorme esfuerzo para ocultar su desencanto y redobló su afán para dejar clara su intención de ser dadivoso, —No tengas dudas, yo te daré lo que tú me digas.

   Finalmente, sintiendo que el corazón se le saldría del pecho, la mujer controló su emoción y habló:
   —Bueno… entonces que sean DOS vacas.”



   La narración es usada frecuentemente en cursillos de automotivación o superación personal para infundir en quienes los toman, la convicción de que los límites se los impone uno mismo y solo es cuestión de desear rebasarlos, más allá del contexto geográfico, social y emocional de la persona.
Sé porque lo he visto, que hay hombres y mujeres con espíritus poderosos que logran superar las mismas o mayores adversidades que condenaron a otros a una vida empequeñecida por sus limitaciones, pero también el día a día y la Historia (atestiguante de esos días) me grita que si hay algo que nuestro sistema social desea, no es únicamente limitar la riqueza material y cultural de sus integrantes, desea ante todo PAUPERIZAR su imaginación.

   La imaginación no se circunscribe a la fantasía, también alimenta el sentido crítico, la duda, la ciencia y ciertamente la vida sexual de la gente. El ideal de nuestra cultura es controlar cada área que pudiera ser incentivada por la inventiva, a veces lo logra totalmente, otras de manera parcial, y para sorpresa mía puede marchitar un tipo de imaginación y sobreestimular otra al mismo tiempo.

   Con Aquiles tuve aquella tarde, una experiencia ambivalente en el sentido de poder vivir con la misma persona dos ejemplos de imaginación… una esquelética y la otra exaltada.


   Este hombre había logrado enchilar mi ego al dejarme plantado las dos ocasiones que lo invité a coger. Era de provincia, trabajaba como obrero y su aspecto machín e indiferente acicateaba mi deseo. 

   Por fin aceptó ir a mi casa. Bebíamos una cerveza sentados en la sala y de pronto sus ojos localizaron sobre una mesita de madera el portarretratos con la foto que Laxman       (mi “novio” hindú) me regaló. Se acercó y preguntó quién era el chico, al escuchar ese nombre poco común quiso saber de dónde era y pretendiendo sonar interesante y enigmático le dije —Es del lugar más lejano de la Tierra…
Según yo, con esa “imagen” no dejaba duda de que vivía en el punto opuesto del planeta con referencia a México. Aquiles analizó la respuesta unos segundos, arqueó las cejas y sorprendido cuestionó:
   —¿¡ES DE MORELIA!?............
   La quijada se me cayó, estuve a punto de estallar en risas al oír que a mi galán, el mundo se le acababa a 3 horas de camino por carretera, pero con la rapidez de un rayo intuí que eso arruinaría mi cita romántica, así que corregí: —Bueno, exageré… es de un poquito más acá.

   El ambiente se relajó y al fin pude acercarlo a mi cama, lo que no significaba ningún triunfo para mí.
A lo mucho pude quitarle la camisa e intenté encender su deseo. En cambio, volvía a hurgar con la mirada los diferentes rincones de mi recamara mientras le besaba el pecho. En eso reparó en un quepí que conseguí haciendo trueque con un soldado de la ex-URSS y preguntó:

   —¿Eres policía?

   —¡No!, ¿cómo crees?, —le aseguré al tiempo que me permitía prenderme de sus tetas.

   —¿Estás seguro?, porque yo digo que sí lo eres.

   —Que no………

   —Que sí……….

   —No, no te preocupes………

   Torpemente, apenas si noté que con cada interrogante, Aquiles accedía a ser despojado de los zapatos..., del pantalón..., de los calzoncillos... y a recargarse sobre las almohadas mientras miraba hipnotizado la prenda militar.
   ¡Qué idiota, yo no estaba entendiendo el mensaje que a gritos me enviaba! Por fortuna atrapé la última bola cuando aseguró:

   —Piensas que soy tonto, a mí no me engañas… tu eres policía.

   Totalmente “desenmascarado” por esa ricura de hombre, acepté impostando un poco la voz para darle un leve matiz de barbaján: —¡Chale! ya me cachastes…... —lo que su mente decodificó como Ábrete Sésamo, pues al instante levantó las piernas para dejarme introducirle mi tolete el resto de la tarde.

   Para Aquiles, la Tierra no merecía ser imaginada más allá de unas montañas, al contrario del mágico embuste que construyó a partir de un simple gorro.



   Definitivamente… el sexo no solo es cuestión de fricción, sino de representación.