jueves, 5 de octubre de 2023

1997 Germán


                                                                                                                   1997 Germán

   Mi relación con Germán, de 32 años de edad y a quien conocí en los baños San Cristóbal, fue breve pero estimulante en el plano intelectual. Leía mucho, era buen dibujante, fanático de las cuestiones esotéricas, y escribía poesía llena de pasión. Me recordaba un poco a mi madre, de hecho… eran del mismo signo zodiacal: Géminis, y por lo tanto emocionalmente duales.

   La historia entre Germán y yo se condensa en una hoja de papel.




   La historia entre mamá y yo, por otra parte, trata de mil variaciones o temas sobre la vida.
Uno de ellos por ejemplo, escribir.
No sé cuánto le habrían gustado a ella mis narraciones, porque yo he leído muchas veces su libreta de notas, con docenas de pensamientos donde desnudaba su alma. Entre mis favoritos está un cuento corto donde me parece verla viva… de la misma manera en que la miraba de reojo, al pasar frente a su recámara cuando iba rumbo a la cocina para beber algo de agua a la una o dos de la madrugada; recargada en la cabecera, con un libro en las manos, alumbrando su lectura con la tenue luz de una lámpara sobre el buró de su cama [1].

   Otro gran tema fue: la magia. Un buen porcentaje de los títulos que ocupaban su biblioteca trataban sobre ella, también de civilizaciones antiguas ya desaparecidas, sociedades secretas y encuentros con seres extraterrestres. Aún conservo varios de ellos en mi librero. Encuadernados en fina pasta dura tengo los nueve volúmenes de la serie Misterios de lo Desconocido editada por Time Life, o una valiosa y rara caja con las 78 cartas y el manual de interpretación del Tarot, diseñadas por el mismísimo ocultista y místico Aleister Crowley. No he leído los libros y me he prometido hacerlo algún día, mas eso no quiere decir que no me atrajera el asunto y menos que no pudiera hablar sobre ello, ya que no me perdí durante mi adolescencia, de la lectura de una sola de las revistas “Duda” que mamá compraba semanalmente. Con formato ilustrado de cómic o historieta, profundizaba en misterios de todo tipo, desarrollando teorías, ofreciendo nombres, fechas y datos “irrefutables”.

   Sin cuestionar mucho la veracidad de su contenido, yo devoraba con avidez cada página y almacenaba información, que por cierto dejó estupefacto a más de un estudioso cuando, en una ocasión Jaime(1976) filósofo y catedrático universitario, hablaba en un debate de cafetería acerca de los Caballeros Templarios y comenté algo tocante a su último gran maestre el noble Jacques de Molay… —¡¿Cómo sabes eso!? —preguntó mitad ofendido, mitad admirado, y simplemente respondí —He leído…
La escena se repitió con otro erudito que enmudeció al oírme hablar a mis 21 años de edad sobre Madame Blavatszky, fundadora de la Sociedad Teosófica, que escribió el enigmático Libro de Dzyan y cuya fuente se debatía; eran textos tibetanos, egipcios, e incluso dictado por seres de una raza prehumana de origen venusino... sin aclararle a ninguno de ellos que mi referente documental fue el número #56 y #101 de la revista DUDA, Lo increíble es la verdad.

   Con los años realicé una seria poda a este vasto campo de información, limpiándolo de teorías conspirativas y otras especulaciones metafísicas, para enfocarme en la construcción de una Magia propia y minimalista, cuyos hechizos yo realizaba utilizando como ingredientes los arquetipos y símbolos ancestrales depositados en el subconsciente colectivo de la humanidad: la noche, la luna, el fuego, el agua, las plantas, la danza, la música, la sangre o la mortificación del propio cuerpo dados en ofrenda. El objetivo primordial de mis pedimentos siempre se dirigió a la obtención de fuerza, protección o la pasión de algún hombre.      

   Poco a poco fui tomando gusto por el pensamiento realista, sin embargo nuevamente sustituí el estudio comprometido de textos especializados sobre cada rama del conocimiento, por lecturas sintetizadas en revistas de divulgación científica del tipo Muy Interesante o Quo y últimamente (aunque me da un poquito de pena decirlo) en la “Wiki”. Incluso desde hace décadas la ojeada a un Vademécum en el apartado de síntomas o fórmula química, me ha convertido en mi propio “doctor” o el de Jaime y mis hermanos.

Al igual que en mi vida sexual, parece que soy un “todólogo” superficial.

   Y no se diga lo que la objetividad ha hecho con esta nueva ola de positivismo virtual que me lleva a responder de manera arrogante a quienes me envían… corrijo,        re re re re reenvían imágenes con lindas frases como: “Hoy, el Universo confabulará para tu felicidad”, y les reviro, —Hoy, el Universo está formado por 96% de materia y energía oscura a -270 grados bajo cero, también tiene explosiones de rayos gamma capaces de incinerar todo el sistema solar y hoyos negros que devoran galaxias…... ¿de verdad crees que dejará de hacer eso solo por mí?

   De cualquier manera, es indudable que la magia me sigue acompañando desde siempre en aquellas esferas de la vida donde lo razonable ya no alcanza para explicar un hecho, sobre todo y en mi caso, en cuestiones de amor y placer, del destino, de la vida, de la muerte o de Dios.







(1)                                                                   EL ARLEQUÍN Y LA NOCHE
                                                                                      (Cuento)


   Todos llevamos un arlequín en el corazón, dispuesto a ofrecer su función,
lo mejor de su repertorio en el momento que creemos oportuno, pero que a veces no lo es,
entonces el arlequín llora, y los colores de su carita maquillada, se corren.
   Cuando a las 2 de la madrugada paras un poco tu lectura
y abres las cortinas de la ventana para instalarte justo abajo de la noche y las estrellas,
te das cuenta de que muchas cosas se vuelven pequeñas, y que lo que verdaderamente
vale es la noche que te cautiva, te impregna su olor, te estremece.
   Entonces, fragmentos de tu vida adquieren cierta claridad,
y te acuerdas de las épocas aquellas en que te convertiste en arlequín de el amor,
y al mismo tiempo de manera imprecisa, otros arlequines van ocupando tu imaginación……
y la ternura se hace presente.
   Si la imagen de aquello que amaste tanto se agranda mientras sigues parada frente a la ventana…
sin darte cuenta quedas a merced de los recuerdos.
No puedes dejar de sonreír mientras tu respiración empaña el vidrio de la ventana.
   Después, se acabó la cuerda, y el arlequín del amor que vivía en tu corazón
dispuesto a salir a escena se fue entumiendo,
y se hizo viejo… ahora… él no está ya contigo;
se te escapó, como se escapan las palabras de amor dichas en silencio y en la oscuridad;
se te escapó, como muchas otras cosas en tu vida, como tus manos tibias por su piel,
como sus labios moviéndose cuando decían tu nombre,
como tus malabares, tu cuerda, tu máscara; se te escapó… se te escapó.
   Sin embargo, finalmente te quedas con la noche
y sigues imaginando que muchas cosas se vuelven pequeñas junto a él,
imaginando sueños, imaginando nombres y lugares, imaginando que eres,
imaginando que imaginas… imaginando que es la noche, que estás sola y escribes esto.
                                                                                                                                       Martha Liévana