jueves, 5 de octubre de 2023

2000 Ariel



                                                    2000 Ariel


                                                                                                          Nadie se da cuenta de que algunas personas gastan una energía tremenda,
                                                                                                           simplemente en ser normales…" 
                                                                                                                                                                                                                     Albert Camus





   Tengo mucha curiosidad por saber qué habrá sido de Ariel. Han pasado más de veinte años desde mi negativa a recibirlo en la oficina que me fue asignada en el nuevo trabajo que conseguí…… bueno, para ser franco, que conseguí gracias a un buen amigo a quien bendigo.

   Después de mi descalabro como hombre de negocios, caí en una espantosa depresión. Además, hacía unos meses que Jaime y yo nos habíamos separado por tercera ocasión, así que no tenía ninguna motivación para salir de la cama en todo el día.

   Mi amigo Rodolfo se comunicó una mañana conmigo y a regañadientes acepté presentarme ante su “hija”, en realidad su amigo gay desde hacía muchos años y jefe del departamento de Recursos Humanos en la Escuela Normal para Educadoras en la que laboraba. Hice acopio de ánimo y fui a la entrevista de trabajo.

   Apenas tomé asiento, Elías me trató con la misma frialdad que lo habían hecho otros en las últimas semanas en diversas empresas a las que fui a solicitar empleo y donde aprendí a interpretar, que un discreto círculo con lápiz de color rojo alrededor de la cifra que indicaba mi edad, seguido de la amabilísima frase: —"Muchas gracias… nosotros le llamamos." —significaba —"¡Vete al diablo, puto viejo!".

   Por fortuna Elías no hizo eso, la charla se relajó. Hablé sobre mi viaje a la India, releyó mi currículum vitae y señaló que yo estaba sobrecalificado para el puesto de encargado de biblioteca que estaba solicitando, sin embargo, también estaba vacante la Jefatura de Difusión Cultural y comentó que tenía seis semanas para llevarle un proyecto de trabajo, tal como lo harían dos aspirantes más.
Lo demás es historia, así que regresaré al asunto de Ariel.



   Entró a la sala de vapor seco de los baños Rocío que a diferencia del sauna húmedo siempre a media luz, estaba claramente iluminado, tardé unos segundos en escanear su pequeña y maciza figura, cabello bien arreglado con casquete corto, ojos saltones parecidos a los de un sapito y un bello pecho que hizo a mi verga despertar al instante. Ariel la miró, intuyó que la erección era en su honor, caminó en mi dirección y sin ningún falso recato llegó, se arrodilló y tragó mi pito. La actitud de este machito de aspecto normal, denotaba buena autoestima y determinación, mismas que corroboré al levantarlo del piso (una vez que hubo saciado su hambre), salir del cuarto, e invitarle un refresco en el área de regaderas.
   Tenía 29 años y hace cuatro había egresado de la Universidad Agrónoma de Chapingo con el título de Ingeniero Apicultor. "Mmm... ¡de ahí le venía el porte!". Todo el mundo sabe que esa institución es famosa por el vigor, reciedumbre y la excelencia técnica de sus graduados (aún en su versión de talla chica), provenientes de todas las áreas rurales del país.
   Ariel entró y salió de mi cama donde lo pasábamos muy rico y sin complicaciones a lo largo del semestre que permaneció en México, porque hacía cuatro temporadas que era contratado para trabajar durante el verano en Canadá y ser el responsable de una granja apícola en aquel lejano territorio.
En 2001 tuvimos una segunda y melosa cosecha de placer… que terminó antes de tiempo y sorpresivamente, pues el vigilante que controlaba el acceso a la escuela donde yo trabajaba, llamó a mi extensión telefónica para avisar:

   —Licenciado, aquí lo busca el señor Ariel bla, bla, bla para entregarle personalmente la invitación a su boda.

   —Dígale por favor que no puedo recibirlo, —improvisé de inmediato.

   ¡Pero qué arrogancia!………...........................................................…………………………...…….……. la mía.
Estaba seguro que ese hombre feo (y muy cachondo) no tenía algo mejor que YO, y buena lección recibí en mis términos y terreno, ya que Ariel manejaba al igual que yo, su propia agenda a la que, recordándolo bien, me dio acceso de manera reiterada al decirme con frecuencia que él simplemente era un hombre NORMAL.







   Normal… ¡vaya palabra! Es como una navaja doble, mutilante por un lado, y con otro filo al que yo me aferré a pesar de ser igual de hiriente, por significar la propia alienación y sometimiento, y que sin embargo hizo llevadera mi vida. Parecer normal fue mi mejor o por lo menos una eficaz arma para sentirme integrado a esta sociedad.

   ¡Qué ironía! Primero el discurso de la psicología de la normalidad te dice que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, y luego te estigmatiza por no ceñirte a las normas. Creo que en realidad esa “unicidad” es el truco publicitario de una sociedad enajenante cuyo real objetivo es sedar, segar cualquier impulso crítico o despertar de la conciencia.

Nunca se escucha ¡Sé único! Conócete a ti mismo… puede ser doloroso, incluso atemorizante, aun así, sabrás al final quién en verdad eres TÚ.

No, lo que se oye es ¡Sé único! Adquiere esta marca de auto, o teléfono, o proveedor de servicio de telefonía, o de ropa, o de calzado, o de aparatos domésticos, o de perfume, música o bebida alcohólica; pertenece a esta plataforma social, a este club, tribu urbana o colectivo… y aunque no lo parezca, entre mayor y más homogéneo sea dicho mazacote, seguiremos repitiendo que eso te hace ser “diferente”.





   Yo mismo no podría decir qué tanto de mi pensamiento es normal o qué porción única, si soy un lugar común o puedo presumirme original.

   Recuerdo que a los ocho años de edad estaba seguro de que las personas a mi alrededor eran actores desempeñando un papel (juro que la genial película The Truman Show se estrenó hasta 1998 cuando yo ya tenía 40 años). TODOS fingían y debían ocultar mi origen verdadero, pues yo era: el Rey Del Mundo. La finalidad era que viviera entre mis súbditos para gozar, sufrir, mirar y sentir igual que todos ellos, 
y así convertirme en un monarca justo y empático para cuando llegara la ocasión de gobernar.
La artífice del plan era mi mamá, la Reina Madre. Todo marchó bien una temporada hasta que un día comencé a sospechar que mi propia madre no lo era y también fingía. Esa noche no pude dormir, lleno de angustia y dolor en el corazón, y mi alma no encontró sosiego hasta que “abdiqué” a tan alta misión, para quedarme con mi mamá.

   Crecí, y pienso que mi imagen no ha dejado de cambiar, física y mentalmente… aunque a su debido tiempo, entendí que ni siquiera puedo jactarme de tener ideas singulares.
Casi siempre, ante la disyuntiva de escoger la opción más acertada para la resolución de un problema, analizo en base a mi "bagaje intelectual y experiencia práctica" la que podría ser la mejor elección, y con frecuencia resulta que termino escogiendo lo mismo que el común de la gente, por ejemplo, tomar una ruta alterna al atasco de autos en una vialidad, para descubrir que al mismo tiempo todos pensamos lo mismo, una respuesta estandarizada, predecible, normal.
Tal vez por ello, en los últimos años cuando ruego a Dios me conceda un deseo, he dejado de solicitar riqueza o poder... para pedirle simplemente Acertividad, con la que obtendría sin duda aquello y más. 




   Regresando a Ariel, al margen del injustificable berrinche que hice la última vez que supe de él, y dado que lo “nuestro” tenía el mismo matiz de aventura compartida con los otros tipos que visitaban mi lecho, deseo que haya encontrado lo que normalmente buscamos todos en esta vida… ser felices.
   No obstante, me da morbo saber si su vida durante las pasadas dos décadas siendo un hombre normal al lado de su esposa, habrá incluido el hastío, incomunicación, desencanto, camas separadas, indolencia, divorcio y todas esas cosas tan NORMALES, implícitas en el actual esquema de vida heterosexual…



   Se invita a leer de la Serie BITÁCORA DE VIAJES:   2000 Abril décimo segundo viaje de mariguana  REPROGRAMACIÓN DEL CEREBRO