1999 Orlando
Ya había oído hablar sobre el gran atractivo sexual de Orlando, pero como dicen en mi tierra, “se me cayeron las chichis” cuando lo vi entrar al área destinada para el encuentro que se llevaba a cabo una vez al mes en el bar El Taller para hombres leather, osos, fetichistas y los chasers (cazadores) de estos. El acceso solo era posible sin ropa o por lo menos con el torso desnudo, y al mirarlo simplemente supe que se trataba de él.
En lo que yo trataba de controlar mi taquicardia, estudiaba sus movimientos, el de los galanes a quienes saludaba y la manera en que cerveza tras cerveza, relajaba paulatinamente su postura de príncipe y la severa expresión que le daba a sus bellos y auténticos rasgos mexicanos.
Una hora después comenzó a juguetear y besar a un chico joven y muy atractivo, al que se unió otro más que sin dudarlo, sacó de su escondite en el pantalón, la verga de Orlando. La escena comenzó a atrapar la mirada de otros hombres y fue la señal que estaba esperando. Debía ser muy cuidadoso en mi acercamiento al grupo, pues ninguno de los participantes pasaba de los veintitantos (Orlando tenía 23), yo superaba los 40 y la sola posibilidad de ser rechazado por ese hombre multiplicaba mi ansiedad.
Una hora después comenzó a juguetear y besar a un chico joven y muy atractivo, al que se unió otro más que sin dudarlo, sacó de su escondite en el pantalón, la verga de Orlando. La escena comenzó a atrapar la mirada de otros hombres y fue la señal que estaba esperando. Debía ser muy cuidadoso en mi acercamiento al grupo, pues ninguno de los participantes pasaba de los veintitantos (Orlando tenía 23), yo superaba los 40 y la sola posibilidad de ser rechazado por ese hombre multiplicaba mi ansiedad.
Me coloqué de espaldas a uno de los focos que desde el techo iluminaban al trío, lo que disimuló mi cara con un efecto similar al de un eclipse solar. Estaba a 30 centímetros de él, acaricié con suavidad una de sus tetillas y en respuesta irguió el pecho… ¡SÍÍÍ! Acepté su espléndida invitación y mi boca no se desprendió de Orlando hasta que mi pito………………...........…............ bueno, ya sabemos lo que mi pito hace cuando se conecta vía oral con los pezones de un hombre que me atrae, y los de Orlando eran un prodigio.
Hacía cinco años que se había realizado el primer piercing en los pezones. Transcurrió un tiempo y se quitó las argollas, meses adelante se perforó otra vez y de nuevo se aburrió. Pasó un año y aumentó el calibre del acero que atravesaba sus tetas, el cual retiró y reinsertó por cuarta y quinta ocasión.
Tal vez él lo sabía o simplemente dejó que pasara. Normalmente ante una lesión en la piel las células se reconstruyen de una manera tan precisa que apenas puede notarse la huella de la cicatriz. Pero Orlando tenía cicatrización queloide. Eso implica que la piel responde sobreprotegiendo la herida, aumentando el espesor del tejido dañado. Al identificar ese objeto extraño (la pieza de acero) que traspasaba la carne de su pezón, el organismo cubrió y cubrió y recubrió con tejido celular el metal, engrosando tantas veces como piercings se hizo, el diámetro de sus pezones. Cuando mi boca los encontró, quedó atrapada por ellos durante una década (¡en la que siguieron creciendo!).
Hacía cinco años que se había realizado el primer piercing en los pezones. Transcurrió un tiempo y se quitó las argollas, meses adelante se perforó otra vez y de nuevo se aburrió. Pasó un año y aumentó el calibre del acero que atravesaba sus tetas, el cual retiró y reinsertó por cuarta y quinta ocasión.
Tal vez él lo sabía o simplemente dejó que pasara. Normalmente ante una lesión en la piel las células se reconstruyen de una manera tan precisa que apenas puede notarse la huella de la cicatriz. Pero Orlando tenía cicatrización queloide. Eso implica que la piel responde sobreprotegiendo la herida, aumentando el espesor del tejido dañado. Al identificar ese objeto extraño (la pieza de acero) que traspasaba la carne de su pezón, el organismo cubrió y cubrió y recubrió con tejido celular el metal, engrosando tantas veces como piercings se hizo, el diámetro de sus pezones. Cuando mi boca los encontró, quedó atrapada por ellos durante una década (¡en la que siguieron creciendo!).
Los primeros años cazaba a Orlando en las fiestas de El Taller, luego dejó de asistir a ellas para organizar orgías privadas en su casa, por las que se debía pagar una cuota de entrada y a las que él me invitaba, pues ya éramos “amigos”.
Muchas veces asistí, y mi estancia en ellas duraba el mismo tiempo que tomaba el prenderme de sus tetas, poner los ojos bizcos por el, o a veces los orgasmos que me provocaba dicha acción y salir de ahí, para llegar a casa y dormir igual que un bendito.
Adicionalmente Orlando dejó en mí, algo más que instantes de dicha:
Primero, desde un inicio su estampa encarnó ante mis ojos, a un mítico prototipo mexicano; justo, macho, valiente, rebelde y heroico… Era mi versión personal de Emiliano Zapata, y casualmente ambos provenían de la misma región, Cuautla, Morelos.
Adicionalmente Orlando dejó en mí, algo más que instantes de dicha:
Primero, desde un inicio su estampa encarnó ante mis ojos, a un mítico prototipo mexicano; justo, macho, valiente, rebelde y heroico… Era mi versión personal de Emiliano Zapata, y casualmente ambos provenían de la misma región, Cuautla, Morelos.
Segundo, estoy consciente de que nunca le parecí atractivo y menos con el paso de los años, no obstante, sé que disfrutaba la manera en que yo reverenciaba sus atributos. Cuando cumplí 53 años lo visité por última vez y a cambio de un generoso patrocinio, accedió a una buena sesión de fotos y videos para el futuro y exclusivo deleite de mis ojos y mano derecha.
Y tercero, descubrí el prometedor efecto que un piercing en las tetillas tenía en alguien con cicatrización queloide. ¿Y saben quién la tenía?... mi recién llegado amante Jaime.
Trabajamos pacientemente en el asunto unos años, quitando y poniendo barras de acero aquí y allá, corrigiendo y moldeando por acá, hasta alcanzar las medidas perfectas.
Ahora tenía a un lado a mi Dios de los Mil orgasmos (aunque siendo un obseso por la contabilidad, calculo que en realidad han sido unos 800).
Ahora tenía a un lado a mi Dios de los Mil orgasmos (aunque siendo un obseso por la contabilidad, calculo que en realidad han sido unos 800).


