2020 San Juan
Me gusta pensar que soy como el metilo de carbono… ambos somos radicales libres,
potencialmente destructivos para tejidos celulares, ya sean estos biológicos o sociales…
Igual que lo disfruta cuando ha participado en las marchas del orgullo gay de la Ciudad de México durante los pasados nueve años, Jaime iba caminando sobre la calle luciendo su caracterización de Orco Gay, se detuvo unos segundos para que le sacaran una fotografía por lo que el grupo de personas que venían atrás de él lo alcanzaron, en el acto surgió una chica furiosa que se acercó y le gritó:
—¡¡¡Lárgate a tu contingente!!! —a lo que Jaime respondió retador, —tú dime cuál es mi contingente amiga…
Un altercado parecido le hizo a Nanci Cárdenas, valentísima pionera del Movimiento de Liberación Homosexual Mexicano, separarse de la estrategia grupal a favor del respeto y la igualdad, y seguir combatiendo por ese ideal, aunque desde su particular trinchera siendo intelectual, escritora y realizadora de teatro hasta el fin de sus días.
En aquella distante ocasión, hombres y mujeres homosexuales realizaban mesas de trabajo de concientización como clase trabajadora y minoría sexual. En algún momento la discusión superó el nivel de entendimiento y pasó a lo visceral (que por lo común hace hablar sin filtros a quien momentos atrás se mostraba “racional”), y uno de los hombres gays participantes le gritó a una compañera de discusión: —¡Pinche lesbiana! —Nanci Cárdenas entendió al instante que la lucha que nacía en aquellos lejanos años 70 sería un camino muy accidentado para andar, no tanto por el discurso sociocultural proveniente del exterior (ya en extremo violento), sino por el poderoso enquistamiento de ESE discurso en el interior de todos nosotros los integrantes, sin importar la orientación sexual, de esta sociedad homofóbica.
Pasaron casi ¡50 años! desde que sucedió esta anécdota citada por Nanci Cárdenas en las conferencias en las que eventualmente aparecía, y donde alguna vez tuve la fortuna de escucharla... lo que no significó: en-ten-der-la, hasta tiempo después.
Llegaron las marchas del orgullo, en un principio vinculadas a los otros grupos tiranizados por el mismo orden ideológico: mujeres, campesinos, indígenas y clase obrera. Luego cesaron las razias policiales y la denigración sistemática en los medios de comunicación, y por fin (al menos en forma de letras dentro de diversos textos legislativos) la garantía de nuestros derechos civiles… “nuestros”, en los que el tácito entrecomillado incluyó solo a aquellas personas con una mínima pero tolerable capacidad adquisitiva para consumir.
Fue estremecedor descubrir que, sin haberlo advertido apenas, el organismo a cargo del poder siempre ha estado un paso adelante con respecto a las demandas sociales. En las marchas del orgullo pasamos de demandar el derecho a existir, al derecho de inclusión, al derecho de asistencia y protección ante la peste del sida, al derecho a uniones civiles igualitarias, al derecho de ser representados por payasos mediáticos u oportunistas políticos, al derecho de compartir imagen con firmas comerciales que simbolizan riqueza y prestigio, al derecho de canibalizarnos entre los grupos organizadores y acceder con ello al manejo de millonarias sumas de dinero, producto irónicamente de la venta de los derechos para poder participar en la marcha por los derechos ¿homosexuales?... ¡momento! ¿Alguien pensó que estos no serían objeto de revisión? ¡Pues no! ahora los homosexuales también tenemos derecho a no llamarnos homosexuales, término que discrimina a las otras muchas variantes de la autoidentificación erótica que abarca el “inclusivo” Colectivo de la Diversidad, que para los efectos prácticos y tal vez logísticos del evento, habría que descolectivizar tal y como lo hizo nuestra amiga en la marcha aquella en la que defendía su derecho a luchar para desetiquetar lo que al final ella terminó etiquetando. Ya lo cantó Juchilaga… ¡ay que lío!
Por lo pronto he conservado dos fósiles conceptos de aquellos tiempos y que decidí incluir de manera sonora en REDIME, uno es un símbolo contrario al significado “bonito y positivo” de la bandera arcoíris surgida en 1979. Sus progenitores fueron Terrible Realidad y Capacidad de Supervivencia… pobrecito,
Pasaron casi ¡50 años! desde que sucedió esta anécdota citada por Nanci Cárdenas en las conferencias en las que eventualmente aparecía, y donde alguna vez tuve la fortuna de escucharla... lo que no significó: en-ten-der-la, hasta tiempo después.
Llegaron las marchas del orgullo, en un principio vinculadas a los otros grupos tiranizados por el mismo orden ideológico: mujeres, campesinos, indígenas y clase obrera. Luego cesaron las razias policiales y la denigración sistemática en los medios de comunicación, y por fin (al menos en forma de letras dentro de diversos textos legislativos) la garantía de nuestros derechos civiles… “nuestros”, en los que el tácito entrecomillado incluyó solo a aquellas personas con una mínima pero tolerable capacidad adquisitiva para consumir.
Fue estremecedor descubrir que, sin haberlo advertido apenas, el organismo a cargo del poder siempre ha estado un paso adelante con respecto a las demandas sociales. En las marchas del orgullo pasamos de demandar el derecho a existir, al derecho de inclusión, al derecho de asistencia y protección ante la peste del sida, al derecho a uniones civiles igualitarias, al derecho de ser representados por payasos mediáticos u oportunistas políticos, al derecho de compartir imagen con firmas comerciales que simbolizan riqueza y prestigio, al derecho de canibalizarnos entre los grupos organizadores y acceder con ello al manejo de millonarias sumas de dinero, producto irónicamente de la venta de los derechos para poder participar en la marcha por los derechos ¿homosexuales?... ¡momento! ¿Alguien pensó que estos no serían objeto de revisión? ¡Pues no! ahora los homosexuales también tenemos derecho a no llamarnos homosexuales, término que discrimina a las otras muchas variantes de la autoidentificación erótica que abarca el “inclusivo” Colectivo de la Diversidad, que para los efectos prácticos y tal vez logísticos del evento, habría que descolectivizar tal y como lo hizo nuestra amiga en la marcha aquella en la que defendía su derecho a luchar para desetiquetar lo que al final ella terminó etiquetando. Ya lo cantó Juchilaga… ¡ay que lío!
Por lo pronto he conservado dos fósiles conceptos de aquellos tiempos y que decidí incluir de manera sonora en REDIME, uno es un símbolo contrario al significado “bonito y positivo” de la bandera arcoíris surgida en 1979. Sus progenitores fueron Terrible Realidad y Capacidad de Supervivencia… pobrecito,
su propio origen lo condenó a la extinción; los prisioneros homosexuales de los campos de concentración nazi eran identificados con un triángulo invertido de color rosa en su vestimenta, y fue retomado por los pioneros del movimiento homosexual norteamericano y europeo en 1970 para portarlo con orgullo y honrar a quienes murieron en el holocausto simplemente por su orientación sexual. Yo mismo usé un botón con un triángulo rosa en la solapa del saco durante mis primeros años de militancia en el FHAR, así me presentaba a trabajar esperando alguna reacción adversa, con ánimo de iniciar un buen pleito.
El otro vejestorio también muestra (el muy cínico y descarado) cicatrices de ignominia y es la palabra PUTO, un mote usado para autovalidarse en la arcaica era premercantil de la historia jota mexicana. ♪♫Puto♪♫… el término llena mis oídos y nariz con reminiscencias a reto, provocación y olor a pólvora. Aun si con ello deprecio su valor "literario", con toda intención lo he utilizado hasta el hartazgo en los textos de este blog, pues con bastante sangre pagamos el derecho a adueñarnos de tal calificativo.
El otro vejestorio también muestra (el muy cínico y descarado) cicatrices de ignominia y es la palabra PUTO, un mote usado para autovalidarse en la arcaica era premercantil de la historia jota mexicana. ♪♫Puto♪♫… el término llena mis oídos y nariz con reminiscencias a reto, provocación y olor a pólvora. Aun si con ello deprecio su valor "literario", con toda intención lo he utilizado hasta el hartazgo en los textos de este blog, pues con bastante sangre pagamos el derecho a adueñarnos de tal calificativo.
—¡Oye Carlos!, por favor no te vayas a molestar pero quisiera preguntarte ¿cuál es la diferencia entre transexual, gay, transgénero, queer, intersexual, travesti, drag queen y no binario?... no entiendo nada. —Han cuestionado muchos/as conocidos/as. Me es imposible evitar ser malvado y contestarles:
—Todos son putos, pero con diferentes mañas… —Claro, una vez que vomito semejante atrocidad contra la corrección política, a la que mis escuchas reaccionan riendo estruendosamente, les aclaro término por término:
° Transexual, es mujer nacida en cuerpo de hombre y por lo regular le gusta la verga;
° Al gay, simplemente le gusta la verga;
° Transgénero, ese tiene tetas y nalgas implantadas, y viste de mujer aunque no le molesta tener verga, la propia y alguna dentro del culo;
° Queer, son quienes van tras una utópica teoría libertaria[1] ubicada a muchos años luz de distancia, y mientras llegan allí, a veces comen verga;
° Intersexual, aunque en 50 años nunca he conocido a alguien así, parece que constituye una variación biológica de las características genitales o cromosomáticas que no se ajustan a las categorías típicas masculina o femenina, con independencia de que les guste o no la verga;
° Travesti o vestida, algunas son “brinconas”, le dan vuelta a los hombres y les meten la verga;
° Drag queen, hombre que se transforma y maquilla desbordando los límites del género femenino, con intenciones satíricas o dramáticas para actuar en espectáculos o de socialité, y a muchas de ellas les gusta la verga;
° No binario, no se sujetan a la identidad femenina o masculina impuesta socialmente, los hay de cuatro tipos (y de quienes tengo mis sospechas, de que a une que otre le pudiera gustar la verga y punto)...
Agénero, aquelles que no se sienten ni hombre ni mujer sino algo nuevo.
Bigénero, aquelles que se identifican hombre y mujer simultáneamente.
Género fluido, aquelles que se identifican a veces hombre y a ratos mujer, y
Género queer, todo lo anterior más las identidades que pudieran surgir……
° Transexual, es mujer nacida en cuerpo de hombre y por lo regular le gusta la verga;
° Al gay, simplemente le gusta la verga;
° Transgénero, ese tiene tetas y nalgas implantadas, y viste de mujer aunque no le molesta tener verga, la propia y alguna dentro del culo;
° Queer, son quienes van tras una utópica teoría libertaria[1] ubicada a muchos años luz de distancia, y mientras llegan allí, a veces comen verga;
° Intersexual, aunque en 50 años nunca he conocido a alguien así, parece que constituye una variación biológica de las características genitales o cromosomáticas que no se ajustan a las categorías típicas masculina o femenina, con independencia de que les guste o no la verga;
° Travesti o vestida, algunas son “brinconas”, le dan vuelta a los hombres y les meten la verga;
° Drag queen, hombre que se transforma y maquilla desbordando los límites del género femenino, con intenciones satíricas o dramáticas para actuar en espectáculos o de socialité, y a muchas de ellas les gusta la verga;
° No binario, no se sujetan a la identidad femenina o masculina impuesta socialmente, los hay de cuatro tipos (y de quienes tengo mis sospechas, de que a une que otre le pudiera gustar la verga y punto)...
Agénero, aquelles que no se sienten ni hombre ni mujer sino algo nuevo.
Bigénero, aquelles que se identifican hombre y mujer simultáneamente.
Género fluido, aquelles que se identifican a veces hombre y a ratos mujer, y
Género queer, todo lo anterior más las identidades que pudieran surgir……
Para cuando termino la cátedra de sexología, ya me encuentro igual de frustrado y perplejo que mi “alumno/a” (y eso que no hablo de vaquerobvias, musculocas o de heteroflexibles…... ¡Qué cosa!)
Polemizaba hace una vida con Fernando Ezquivel, en mis tiempos de militante fharino sobre si era o no idóneo compartir y examinar las propias relaciones sexuales, y yo, instituido en autoridad moral le decía —Yo pienso que la intimidad sexual es sagrada... —¡sagrados son mis huevos! —rebatió Fernando con énfasis, completando su sentencia con un —¡TODO debe ser cuestionado!
Por lo tanto, al releer mis "cuentos", descubro que sin adjudicarme mas apelativo que el de puto, en realidad soy transgénero... y transexual... y queer... y no binario... y fluido... y vestida mental... y cisgénero... y promiscuo... y chacaloca... y leal amante... y machista... y freak... y también algo que todavía no sé qué soy.............................
Hace mucho ya, que fui rebasado por el ideario del movimiento gay. Creo que me quedé congelado en la etapa donde los homosexuales minábamos la estructura social imperante, cuando el objetivo era el cambio radical del entramado social y no la asimilación al mismo… sin embargo aquí estoy, no tengo idea de si mi forma de vida le escalda, le da risa o le importa un bledo al sistema o a alguien más.
De vez en cuando echo un vistazo al Facebook de Juan Jacobo Hernández. ¡Hay Diosa mía!
¡Toda la vida…
Siempre segura de sí misma…
Siempre mujer, Siempre perfecta……….. ¡ouch! suena a plagio de la canción de Emmanuel, ¡sorry!
De verdad lo digo, cuanta templanza y ecuanimidad, ¡que ironía! nada lo hace quebrarse, es agudo, vitalísimo, optimista, y día tras día pendiente de todas… las jugadas de sus hijas, nietas y bisnietas de combate, las legítimas y las bastardas. Conozco a quienes formaron parte de tan poderosa crónica y siendo justo o arbitrario, Juan Jacobo siempre encabezará para mí, recalco: PARA MÍ, la lista de héroes gestantes de nuestra Jota Independencia… una Madre Hidalga(*) por así decir (* Real Academia Española: Persona de ánimo noble y generoso. Perteneciente a clase distinguida -o agregaría yo, casta guerrera-), pues salió del silente clóset intelectual para dar el grito, y no en el cielo sino en las calles.
A propósito de marchas del orgullo, en la edición previa a la pandemia, solo sentí risa y conmiseración por el orador que desde el templete ubicado al pie del Monumento a la Independencia, pedía vivas y hurras para “los padres del movimiento homosexual”:
-¡Viva Javier Villaurrutia! ¡Viva Tito Vasconcelos! ¡Viva Carlos Monsiváis! -Aullaba la loca abotagada de ignorancia.
Regresando al “feis” de Juan Jacobo, he manoseado su lista de amigos, muchos de sus nombres me son familiares y hacen recordar aquellos años cuando entrecruzamos caminos y compartimos batallas, confidencias y a veces cama, porque sí, en aquel entonces la sexualidad era verbo y no un meme o pensamiento calificable. El amar y coger era objeto de ostentación, de análisis, debate o escrutinio, sin embargo al visitar algunas de esas otras páginas, todas sus re re re re re re republicaciones manifiestan la posición política esperable, son ecológicos, adoran a los pueblos originarios y a los perritos, y dejan claro su desprecio por aquello que ideológicamente DEBE ser despreciable; todo con lo que sería fácil identificarse y nada de índole íntima o personal, que resulte comprometedor, o tal vez por considerarlo un inmodesto rasgo de egocentrismo.
Quizás no me he enterado de que coger es una fatua o al menos juvenil etapa a superar para remontar a otra llena de conciencias. Y vuelvo a dudar de mi trabajo. ¿Únicamente deberían hablar de sí mismos: los políticos, los grandes artistas, los mesías y los famosos? ¿O nada más sus protagonistas primarios escribir La Historia del Movimiento Homosexual Mexicano, o La Verdadera Historia del Movimiento Homosexual Mexicano, o La Verdadera Verdadera Historia del Movimiento Homosexual Mexicano…?
—¡No! —me respondo y le doy duro al teclado para avanzar en esta antología, que en lugar de divagaciones debería hablar deeeee ¡HOMBRES!
°
El mérito de este hombre además de ser moreno, atractivo y bla, bla, bla, bla, radicaba en su hermoso nombre: San Juan, igual al del santo que los antiguos mexicas equipararon con su dios Tláloc (Señor de la lluvia)… y también de mi salvación. La aparición de San Juan en los baños San Ciprián resultó casi providencial. Yo llevaba semanas en shock después del viaje con hongos alucinógenos[2] que trastocó para siempre el significado de la vida y la muerte, que me desolló la piel, la coraza caracterológica que recubría mi existencia, exponiéndola a la ácida y quemante realidad, —“Quien desee explorar el interior de su mente, debe ir armado” —leí en algún lugar y fecha sin poner mucha atención………................….......…............
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De vez en cuando echo un vistazo al Facebook de Juan Jacobo Hernández. ¡Hay Diosa mía!
¡Toda la vida…
Siempre segura de sí misma…
Siempre mujer, Siempre perfecta……….. ¡ouch! suena a plagio de la canción de Emmanuel, ¡sorry!
De verdad lo digo, cuanta templanza y ecuanimidad, ¡que ironía! nada lo hace quebrarse, es agudo, vitalísimo, optimista, y día tras día pendiente de todas… las jugadas de sus hijas, nietas y bisnietas de combate, las legítimas y las bastardas. Conozco a quienes formaron parte de tan poderosa crónica y siendo justo o arbitrario, Juan Jacobo siempre encabezará para mí, recalco: PARA MÍ, la lista de héroes gestantes de nuestra Jota Independencia… una Madre Hidalga(*) por así decir (* Real Academia Española: Persona de ánimo noble y generoso. Perteneciente a clase distinguida -o agregaría yo, casta guerrera-), pues salió del silente clóset intelectual para dar el grito, y no en el cielo sino en las calles.
A propósito de marchas del orgullo, en la edición previa a la pandemia, solo sentí risa y conmiseración por el orador que desde el templete ubicado al pie del Monumento a la Independencia, pedía vivas y hurras para “los padres del movimiento homosexual”:
-¡Viva Javier Villaurrutia! ¡Viva Tito Vasconcelos! ¡Viva Carlos Monsiváis! -Aullaba la loca abotagada de ignorancia.
Regresando al “feis” de Juan Jacobo, he manoseado su lista de amigos, muchos de sus nombres me son familiares y hacen recordar aquellos años cuando entrecruzamos caminos y compartimos batallas, confidencias y a veces cama, porque sí, en aquel entonces la sexualidad era verbo y no un meme o pensamiento calificable. El amar y coger era objeto de ostentación, de análisis, debate o escrutinio, sin embargo al visitar algunas de esas otras páginas, todas sus re re re re re re republicaciones manifiestan la posición política esperable, son ecológicos, adoran a los pueblos originarios y a los perritos, y dejan claro su desprecio por aquello que ideológicamente DEBE ser despreciable; todo con lo que sería fácil identificarse y nada de índole íntima o personal, que resulte comprometedor, o tal vez por considerarlo un inmodesto rasgo de egocentrismo.
Quizás no me he enterado de que coger es una fatua o al menos juvenil etapa a superar para remontar a otra llena de conciencias. Y vuelvo a dudar de mi trabajo. ¿Únicamente deberían hablar de sí mismos: los políticos, los grandes artistas, los mesías y los famosos? ¿O nada más sus protagonistas primarios escribir La Historia del Movimiento Homosexual Mexicano, o La Verdadera Historia del Movimiento Homosexual Mexicano, o La Verdadera Verdadera Historia del Movimiento Homosexual Mexicano…?
—¡No! —me respondo y le doy duro al teclado para avanzar en esta antología, que en lugar de divagaciones debería hablar deeeee ¡HOMBRES!
°
El mérito de este hombre además de ser moreno, atractivo y bla, bla, bla, bla, radicaba en su hermoso nombre: San Juan, igual al del santo que los antiguos mexicas equipararon con su dios Tláloc (Señor de la lluvia)… y también de mi salvación. La aparición de San Juan en los baños San Ciprián resultó casi providencial. Yo llevaba semanas en shock después del viaje con hongos alucinógenos[2] que trastocó para siempre el significado de la vida y la muerte, que me desolló la piel, la coraza caracterológica que recubría mi existencia, exponiéndola a la ácida y quemante realidad, —“Quien desee explorar el interior de su mente, debe ir armado” —leí en algún lugar y fecha sin poner mucha atención………................….......…............
pero estoy hablando de San Juan que estaba sentado a un lado mío sobre la plancha de masajes y llamó mi atención al notar que jugueteaba con su pene. No, no exactamente; era con su prepucio, lo jalaba, retorcía y pellizcaba con delicadeza, lo soltó tal vez para dejarlo descansar un instante y descubrí que le colgaba un largo súper prepucio, comenté que se le veía muy bonito y sin más me invitó a tocarlo:
—y si quieres también puedes chuparlo o mordisquearlo suavecito —agregó.
¡Qué delicia fue aquello! Lo apretaba entre mis labios para estirarlo o reintroducirlo en la boca, lo tomaba de la punta y abría para soplar dentro de él e inflarlo igual que un globo de chocolate, lo invadía y revoloteaba con la lengua; permanecía blando ante el masaje de mis muelas... ensoñadora y chiclosa goma de mascar sabor hombre. De pronto, un imperceptible sollozo surgió del fondo de mi alma. Con la misma tersura que usaba para con San Juan sobé la punta de mi glande y el milagro sucedió; mi lázara verga resucitó desde la anoréxica oscuridad donde se negaba a vivir. Sobrevino el éxtasis al tiempo que con boca trémula y ojos estrábicos miraba la cara de mi San Juan redentor.
Sospecho que a él la escena le causó gracia, no obstante, ese desatasco fue la semilla que durante los siguientes meses de encierro por la pandemia de covid-19, germinaría en la creación del presente blog, REDIME.
[1] Rafael Mérida (sexólogo) sostiene que el sujeto que plantea la Teoría Queer rechaza toda clasificación sexual. Destruye las identidades gay, lésbica, transexual, travestí, e incluso la hetero, para englobarlas en un "totalizador" mundo raro, subversivo y transgresor, que promueve un cambio social y colectivo desde muy diferentes instancias en contra de toda condena. Ser queer no significa combatir por un derecho a la intimidad, sino por la libertad pública de ser quien se es, cada día, en contra de la opresión: la homofobia, el racismo, la misoginia, la intolerancia de los hipócritas y de nuestro propio odio.
[2] Se invita a leer en BITÁCORA DE VIAJES: 2019 Septiembre tercer viaje de hongos LA CUARTA INICIACIÓN o EN EL MICTLÁN HAY WIFI
Sospecho que a él la escena le causó gracia, no obstante, ese desatasco fue la semilla que durante los siguientes meses de encierro por la pandemia de covid-19, germinaría en la creación del presente blog, REDIME.
[1] Rafael Mérida (sexólogo) sostiene que el sujeto que plantea la Teoría Queer rechaza toda clasificación sexual. Destruye las identidades gay, lésbica, transexual, travestí, e incluso la hetero, para englobarlas en un "totalizador" mundo raro, subversivo y transgresor, que promueve un cambio social y colectivo desde muy diferentes instancias en contra de toda condena. Ser queer no significa combatir por un derecho a la intimidad, sino por la libertad pública de ser quien se es, cada día, en contra de la opresión: la homofobia, el racismo, la misoginia, la intolerancia de los hipócritas y de nuestro propio odio.
[2] Se invita a leer en BITÁCORA DE VIAJES: 2019 Septiembre tercer viaje de hongos LA CUARTA INICIACIÓN o EN EL MICTLÁN HAY WIFI




