2019 Adrián
Según he leído, el orgasmo humano es un mecanismo evolutivo para reforzar los vínculos de la pareja en beneficio del lento desarrollo de sus crías… los bebés. Por ello se puede inferir que si lo que menos se encuentra en las parejas actuales son vínculos sólidos, es muy probable que estén faltando orgasmos entre ellas.
En cuanto a la interpretación basada en la llana experiencia personal, creo recordar que ya he hecho una descripción de sus efectos fisiológicos sobre mi carne.
Durante algunos años fui escéptico al leer que la eyaculación y el orgasmo no eran la misma cosa; la primera podía ser mecánica, un simple instrumento para la descarga de tensión o ansiedad. Viene a mi memoria la plática con un ligue muy joven, tal vez 20 años de edad, con quien tuve un amorío exprés hace mucho rato en la azotea de un edificio y mencionó una vez que terminamos de coger, que esa era su segunda venida del día. Ahondando más en el asunto supe que él se masturbaba apenas abría los ojos por la mañana, luego lo volvía a hacer saliendo de la escuela pues la tensión sexual le era insostenible, y antes de dormir debía hacerse otra puñeta porque si no, sueños llenos de fantasía erótica lo harían despertar a medianoche robándole el descanso. También recuerdo a aquel compañero que entró a los sanitarios de la compañía donde trabajábamos, ocupó el compartimento de WC aledaño al mío, seguramente no advirtió que yo estaba al otro lado del cancel o le importó un comino, y pude ver por el reflejo de su imagen en la loseta de mármol pulido del piso, que se sacó la verga, se la jaló unos segundos, eyaculó, se limpió con papel sanitario y salió del lugar. Por mera curiosidad quise saber de quien se trataba, puse atención a sus zapatos y minutos después lo identifiqué; era un hombrecito absolutamente gris, aun así, traté de buscar en sus ojos sin descubrir en ellos algún indicio de brillo, ese resplandor que se obtiene ahora sí (o al menos yo), al tener un orgasmo.
Es clásica aquella escena en que Barbarella, la viajera galáctica en busca de villanos y placer, ha terminado de hacer el amor con un ángel. Sin duda, para mí esa es la mejor analogía de orgasmo: coger con un ángel, arrancar al cielo, al cosmos, una pizca de su esencia, más todavía, comulgar energética y carnalmente con él… él= a universo, él= a hombre, sin importar lo temporal o cualitativo de nuestra unión.
Desconozco de qué tipo de energía estará formado un orgasmo o cuál será su fuente, pero, salvo en contadas ocasiones en las que destruyó y vació diques con los que yo almacenaba dolor y lágrimas, la mejor forma de reconciliarme con el mundo, con Dios o conmigo mismo, siempre lo ha sido el tener un orgasmo. Asimismo, acepto que la meditación u otras disciplinas, el ascetismo, misticismo, el ayuno o el altruismo pueden llevarnos a ese nivel de éxtasis personal… no obstante lo mío, es coger.
Desconozco de qué tipo de energía estará formado un orgasmo o cuál será su fuente, pero, salvo en contadas ocasiones en las que destruyó y vació diques con los que yo almacenaba dolor y lágrimas, la mejor forma de reconciliarme con el mundo, con Dios o conmigo mismo, siempre lo ha sido el tener un orgasmo. Asimismo, acepto que la meditación u otras disciplinas, el ascetismo, misticismo, el ayuno o el altruismo pueden llevarnos a ese nivel de éxtasis personal… no obstante lo mío, es coger.
¿Maithuna en sánscrito? ¿el camino hacia la perfección por medio del sexo divino?, no; no lo creo, la forma en que he ejercitado mi sexualidad pinta más de profana que sagrada.
Y aun con todo, estoy convencido de que mucha de la energía que ha sostenido mi ser, proviene de los orgasmos, dotando a las células que forman los múltiples sistemas orgánicos de mi cuerpo, de vigor o capacidad regenerativa que, siendo algo jactancioso, por décadas me hizo lucir “deseable”… al menos hasta el año 2022, también debo aceptarlo.
¡Ahhhh que tiempos aquellos! cuando los orgasmos valían…
Apenas si podía creer que Adrián aceptara entrar a mi cuarto en los baños Finisterre. Ese lugar es bien conocido porque muchos de los visitantes van a posar o en el mejor de los casos a ligar con sus iguales, que pertenecen a la generación millennial, hombres de entre 30 y 40 años, en teoría más narcisistas que el resto (???), exitosos en el medio laboral, con buenos salarios y poder adquisitivo, integrados con plenitud al mundo postdigital donde la comunicación solo es posible a través de redes sociales y selfies (???), frívolos, consumistas y egoístas (¿de verdad los sociólogos que crearon estas categorías creen que las demás generaciones somos menos merecedoras de los adjetivos que le adjudican a esa?).
Apenas si podía creer que Adrián aceptara entrar a mi cuarto en los baños Finisterre. Ese lugar es bien conocido porque muchos de los visitantes van a posar o en el mejor de los casos a ligar con sus iguales, que pertenecen a la generación millennial, hombres de entre 30 y 40 años, en teoría más narcisistas que el resto (???), exitosos en el medio laboral, con buenos salarios y poder adquisitivo, integrados con plenitud al mundo postdigital donde la comunicación solo es posible a través de redes sociales y selfies (???), frívolos, consumistas y egoístas (¿de verdad los sociólogos que crearon estas categorías creen que las demás generaciones somos menos merecedoras de los adjetivos que le adjudican a esa?).
Para ser breve, Adrián estaba ¡buenísimo!, alto, fitness, piel clara, con cara y modales de “niño bien”, a los pocos minutos de estar juntos comentó que le gustaría traer unos juguetes que acrecentarían su placer, salió y en breve regresó con un maletín del que tomó un dilatador para el ano y un macizo dildo de color negro. ¡Que rico!, pensé mientras le chupaba las tetas y le ponía lubricante en el culo. Jugamos unos instantes, rebuscó en la mochila y sacó ahora un frasco de poppers que aspiró con ímpetu. Ni le pedí porque no me van las drogas[1] ni me ofreció porque igual conozco esa regla generalizada en el ambiente gay que dicta a cada usuario llevar sus propios “dulces”. Mamé todo lo mamable de su portentoso cuerpo. Pronto se echó otro clavado al interior de su maleta, extrajo y reconocí la característica pipa de vidrio con la que se fuma cristal o metanfetamina, preparó la sustancia y la fumó.
Tiene rato que abandoné toda pretensión de redimir almas extraviadas y en tanto obtenga de un hombre lo que busco, por mí se puede meter una iguana por donde le quepa.
Lo que sí lamentaba era que sin importar el estímulo: suaves besos, mordisquearle los pezones, penetrarlo con verga, plugs o manos, nunca se le paró el pito a Adrián y obvio, mucho menos se vino… yo sí. Abandonó el cuarto y me pareció ver que algunos afortunados pudieron acceder a su interior ese domingo. Lo rescatable fue que Adrián me permitió obtener suficientes fotos y videos de él, para formar su expediente XXX.
Hace años que la escena con Adrián se repite insistentemente en encuentros casuales con otros hombres en saunas, dark rooms o fiestas.
El cuerpo y la palpitante carne que lo conforma, dejó de ser promotor de deseo para ellos y fue suplido por estimulantes de cien orígenes. Las correrías por la piel de mis amantes, cual sea su topografía o temporalidad, siempre han tenido un único destino, culminar con un orgasmo. Si este orgasmo es unilateral, está bien; si es compartido, mucho mejor; si se complementa con amor, el resultado será óptimo…
¿Conlleva algunos riesgos? eso sin duda, sobre todo de origen anímico ya que su poderoso efecto físico puede hacernos creer en cuentos y mitos relacionados al “amor romántico”, entremezclar la experiencia corpórea con nuestras expectativas y carencias afectivas, con dolorosas consecuencias para el corazón o paz interior. Los orgasmos son incluso equiparables en potencial adictivo (posiblemente de la forma en que los necesito yo), con las drogas que aquí mismo censuro.
A pesar de ello lo sostengo… preferiría depender de los orgasmos que me brinda el propio pito, al incorpóreo sustituto que (supongo porque no lo he comprobado) pudiera darme la cocaína, el cristal, las anfetaminas, el éxtasis, los poppers, el G, el fentanilo o cualquiera otra droga sintética que penosa y ávidamente consume un amplio sector de nuestro colectivo LGBT+.
Y aun concediendo el beneficio de la duda a quienes las consumen en cuanto a ser facilitadoras de placer sexual, sigo sin entender de donde podría venir ese goce cuando miro que el bello sujeto con quien pretendía dividir la carnal cosecha de nuestro amoroso lance, termina en estado semicomatoso (como su verga), con mirada extraviada y salivando incoherencias. De verdad quiero advertir algún minúsculo gesto de placer cuando los veo participar en un Gang Bang cuya finalidad es “ganar” un concurso donde gracias al insensibilizante (sensorial y emocionalmente) efecto de las drogas, son penetrados repetidamente por hombres con los que ni siquiera conectan visualmente.
Lo que sí lamentaba era que sin importar el estímulo: suaves besos, mordisquearle los pezones, penetrarlo con verga, plugs o manos, nunca se le paró el pito a Adrián y obvio, mucho menos se vino… yo sí. Abandonó el cuarto y me pareció ver que algunos afortunados pudieron acceder a su interior ese domingo. Lo rescatable fue que Adrián me permitió obtener suficientes fotos y videos de él, para formar su expediente XXX.
Hace años que la escena con Adrián se repite insistentemente en encuentros casuales con otros hombres en saunas, dark rooms o fiestas.
El cuerpo y la palpitante carne que lo conforma, dejó de ser promotor de deseo para ellos y fue suplido por estimulantes de cien orígenes. Las correrías por la piel de mis amantes, cual sea su topografía o temporalidad, siempre han tenido un único destino, culminar con un orgasmo. Si este orgasmo es unilateral, está bien; si es compartido, mucho mejor; si se complementa con amor, el resultado será óptimo…
¿Conlleva algunos riesgos? eso sin duda, sobre todo de origen anímico ya que su poderoso efecto físico puede hacernos creer en cuentos y mitos relacionados al “amor romántico”, entremezclar la experiencia corpórea con nuestras expectativas y carencias afectivas, con dolorosas consecuencias para el corazón o paz interior. Los orgasmos son incluso equiparables en potencial adictivo (posiblemente de la forma en que los necesito yo), con las drogas que aquí mismo censuro.
A pesar de ello lo sostengo… preferiría depender de los orgasmos que me brinda el propio pito, al incorpóreo sustituto que (supongo porque no lo he comprobado) pudiera darme la cocaína, el cristal, las anfetaminas, el éxtasis, los poppers, el G, el fentanilo o cualquiera otra droga sintética que penosa y ávidamente consume un amplio sector de nuestro colectivo LGBT+.
Y aun concediendo el beneficio de la duda a quienes las consumen en cuanto a ser facilitadoras de placer sexual, sigo sin entender de donde podría venir ese goce cuando miro que el bello sujeto con quien pretendía dividir la carnal cosecha de nuestro amoroso lance, termina en estado semicomatoso (como su verga), con mirada extraviada y salivando incoherencias. De verdad quiero advertir algún minúsculo gesto de placer cuando los veo participar en un Gang Bang cuya finalidad es “ganar” un concurso donde gracias al insensibilizante (sensorial y emocionalmente) efecto de las drogas, son penetrados repetidamente por hombres con los que ni siquiera conectan visualmente.
Tal vez su orgasmo podría venir al saber que superaron la proeza de su contemporánea millennial, la reina de los likes del sexo anal Victoria Givens, vencedora en el World Anal Gang Bang tras ser sodomizada 101 veces sin lubricante.
[1] No deseo que esta afirmación se confunda, son las drogas químicas a las que me refiero. De hecho en REDIME hay una serie llamada BITÁCORA DE VIAJES, dedicada a mis experiencias con drogas “naturales”: marihuana, hongos alucinógenos y peyote……….. y bueno, dos de ketamina, con narraciones que sugiero visitar cuando compaginan temporalmente con otras de esta serie.
[1] No deseo que esta afirmación se confunda, son las drogas químicas a las que me refiero. De hecho en REDIME hay una serie llamada BITÁCORA DE VIAJES, dedicada a mis experiencias con drogas “naturales”: marihuana, hongos alucinógenos y peyote……….. y bueno, dos de ketamina, con narraciones que sugiero visitar cuando compaginan temporalmente con otras de esta serie.




