2019 Carlos
He estado utilizando los términos filia o parafilia para nombrar determinadas experiencias asociadas al ejercicio de mi sexualidad, e intentaré hacer una breve aclaración sobre la diferencia entre las dos.
En 1987 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría eliminó el término “perversión sexual” o “desviación sexual” del DSM, el manual que la mayoría de psiquiatras y psicólogos usan para diagnosticar los trastornos mentales. Desde esa fecha en adelante se denominan filias o parafilias, patrones de comportamiento sexual a objetos, situaciones, actividades o individuos no típicos.
Ahora, qué comportamiento se considera fílico o parafílico depende de las normas sociales imperantes en una época y lugar determinados. Ciertas prácticas sexuales: la masturbación o el sexo oral fueron consideradas perversiones hasta mediados del siglo XX, o es bien sabido que la pedofilia era vista de manera natural entre la clase aristocrática de la Grecia clásica.
El número y tipología de filias y parafilias es controvertido, algunas fuentes enlistan cientos de tipos.
Las FILIAS no son más que una atracción hacia... y lo contrario sería una fobia. En este sentido todos los seres humanos tenemos filias o fetiches que pueden referirse al gusto por en cualquier ámbito de nuestra vida. Es algo que nos gusta o nos llama la atención, como aquel que siente preferencia hacia la música clásica sobre el rap, o hacia la comida china sobre las fritangas. Ahora, si las filias se asocian a sexualidad o genitalidad, los patrones sexuales pueden incluir no solo aspectos físicos sino objetos (ropa, lencería, uniformes, etc.) Otra característica que las define es que estas prácticas sexuales poco comunes aunque inofensivas, no son la única forma con la cual la persona goza sexualmente y obtiene un orgasmo, sino que es una forma de sexo casual, y puede sostener otro tipo de relaciones sexuales si así lo desea. El fetiche se convierte únicamente en una práctica erótica que “condimenta” la relación, pero no constituye el centro de la relación en sí. Ejemplo: el sadismo sexual es inofensivo en tanto que la pareja, adultos voluntarios, participan consentidamente en el acto con las medidas de seguridad adecuadas. Se torna peligroso y parafílico cuando el sádico está descontrolado y se aboca a violar y torturar víctimas indefensas.
Las PARAFILIAS por su parte son patrones de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra actividad, objeto o situación poco habitual, cuando el fetiche se torna patológico y se sobrevalora.
En 1987 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría eliminó el término “perversión sexual” o “desviación sexual” del DSM, el manual que la mayoría de psiquiatras y psicólogos usan para diagnosticar los trastornos mentales. Desde esa fecha en adelante se denominan filias o parafilias, patrones de comportamiento sexual a objetos, situaciones, actividades o individuos no típicos.
Ahora, qué comportamiento se considera fílico o parafílico depende de las normas sociales imperantes en una época y lugar determinados. Ciertas prácticas sexuales: la masturbación o el sexo oral fueron consideradas perversiones hasta mediados del siglo XX, o es bien sabido que la pedofilia era vista de manera natural entre la clase aristocrática de la Grecia clásica.
El número y tipología de filias y parafilias es controvertido, algunas fuentes enlistan cientos de tipos.
Las FILIAS no son más que una atracción hacia... y lo contrario sería una fobia. En este sentido todos los seres humanos tenemos filias o fetiches que pueden referirse al gusto por en cualquier ámbito de nuestra vida. Es algo que nos gusta o nos llama la atención, como aquel que siente preferencia hacia la música clásica sobre el rap, o hacia la comida china sobre las fritangas. Ahora, si las filias se asocian a sexualidad o genitalidad, los patrones sexuales pueden incluir no solo aspectos físicos sino objetos (ropa, lencería, uniformes, etc.) Otra característica que las define es que estas prácticas sexuales poco comunes aunque inofensivas, no son la única forma con la cual la persona goza sexualmente y obtiene un orgasmo, sino que es una forma de sexo casual, y puede sostener otro tipo de relaciones sexuales si así lo desea. El fetiche se convierte únicamente en una práctica erótica que “condimenta” la relación, pero no constituye el centro de la relación en sí. Ejemplo: el sadismo sexual es inofensivo en tanto que la pareja, adultos voluntarios, participan consentidamente en el acto con las medidas de seguridad adecuadas. Se torna peligroso y parafílico cuando el sádico está descontrolado y se aboca a violar y torturar víctimas indefensas.
Las PARAFILIAS por su parte son patrones de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra actividad, objeto o situación poco habitual, cuando el fetiche se torna patológico y se sobrevalora.
La característica principal reside en la presencia de repetidas e intensas fantasías, impulsos y comportamientos compulsivos en torno a dichas situaciones que pueden causar daño al propio individuo y principalmente a otros, atropellando sus derechos de la manera en que pasa con algunas parafilias claramente transgresoras donde el objeto de placer nunca se encuentra en condiciones, de dar su aprobación al paráfilo y la relación sexual causa daño, así pasa con la pederastia (relaciones sexuales con menores de edad), la zoofilia (relaciones sexuales con animales), el frotismo (excitación sexual al restregar los genitales en otra persona sin su consentimiento y furtivamente) o la somnofilia (aprovecharse sexualmente de una persona que se halla dormida).
Cualquier filia puede terminar siendo una parafilia, y personalmente creo que en algunas ocasiones, por fortuna pocas, he caminado temerariamente sobre el filoso borde que las separa. Las más de estas veces, el objeto (físico o subjetivo) de mi deseo -mi fetiche- estuvo al alcance de una visita a cualquiera de los lugares consagrados al ligue entre hombres. Hubo momentos en que alguno de estos (hombres) ni siquiera se dio cuenta de que una parte o actitud de ellos generó un potente estímulo sensual y sexual en mí, ya que como lo he comentado a lo largo de esta antología, para muchos, su viaje de exploración por el cuerpo humano termina apenas se topan con una verga u orificio.
Otros tantos encontraron que yo era la contraparte de sus fantasías, y muy pocos imaginaron que marcas de múltiples orígenes sobre su piel encendería mi pasión.
Cualquier filia puede terminar siendo una parafilia, y personalmente creo que en algunas ocasiones, por fortuna pocas, he caminado temerariamente sobre el filoso borde que las separa. Las más de estas veces, el objeto (físico o subjetivo) de mi deseo -mi fetiche- estuvo al alcance de una visita a cualquiera de los lugares consagrados al ligue entre hombres. Hubo momentos en que alguno de estos (hombres) ni siquiera se dio cuenta de que una parte o actitud de ellos generó un potente estímulo sensual y sexual en mí, ya que como lo he comentado a lo largo de esta antología, para muchos, su viaje de exploración por el cuerpo humano termina apenas se topan con una verga u orificio.
Otros tantos encontraron que yo era la contraparte de sus fantasías, y muy pocos imaginaron que marcas de múltiples orígenes sobre su piel encendería mi pasión.
La estigmatofilia, otro componente que agregar a mi bagaje psíquico, consiste en encontrar estimulante visual o eróticamente, diversas modificaciones realizadas voluntariamente o de forma circunstancial sobre la superficie de la piel de alguien: tatuajes, piercings, escarificaciones, expansiones, implantes subdermales y cicatrices, transformaciones todas que vienen en dos modalidades, moderada y extrema.
Jaime tuvo la gentileza de “prestarme” un día que lo encontramos en los baños San Cristóbal, a su noviecito del momento Carlos Sacristán (no porque se apellidara así, era por el oficio al que se dedicaba en una parroquia a las afueras de la ciudad, y encontramos práctico identificarlo de esa manera). Tenía 32 años de edad, ojos lindos y una de las vergas más bonitas y estéticas que yo haya “visto”.
Carlos era un entusiasta partidario del sexo inmediato, sobre todo a partir de saberse perseguido muy de cerca por la muerte. Hacía tres años le diagnosticaron una inexorable insuficiencia renal. Escaló con rapidez todas las etapas de su mal y para el momento en que lo conocí, asistía dos veces por semana a un hospital para ser hemodializado. La constante cateterización había provocado el ensanchamiento de las venas en su brazo hasta hacerlas parecer una manguera, por cierto sorprendentemente vivas. Jaime mismo fue el que puso mis dedos sobre ellas y presionó un poco… ¡Dios santísimo! una corriente de eléctrica fascinación se apoderó de mí, podía sentir cómo corría dentro de ellas y con poderoso ímpetu su sangre, y obnubilado por el deseo lo introduje al acto en mi cuarto.
Para no perder el hábito, quise investigar qué se sabe sobre la estigmatofilia. Evolucionistas sociales dicen que la costumbre de hacerse modificaciones corporales nos acompaña desde hace milenios, forma parte de nuestra arcaica herencia cultural y está ligada a ritos de iniciación, valentía, capacidad de supervivencia o belleza entre habitantes del paleolítico, Egipto, Roma Antigua, África, cultura maya o polinesia por citar algunos.
Para no perder el hábito, quise investigar qué se sabe sobre la estigmatofilia. Evolucionistas sociales dicen que la costumbre de hacerse modificaciones corporales nos acompaña desde hace milenios, forma parte de nuestra arcaica herencia cultural y está ligada a ritos de iniciación, valentía, capacidad de supervivencia o belleza entre habitantes del paleolítico, Egipto, Roma Antigua, África, cultura maya o polinesia por citar algunos.
A su vez, estudiosos del comportamiento mental creen que la atracción hacia las marcas, heridas y cicatrices intencionales o producto de un accidente, surge de un efecto espejo, de empatía para quien las disfruta porque probablemente guarde en su inconsciente, pasados traumas.
Removiendo entre mis memorias podría encontrar que durante toda la infancia fui estigmatizado por ser maricón. Puede que tenga vocación para el dolor porque también recuerdo a mamá gritándome:
Removiendo entre mis memorias podría encontrar que durante toda la infancia fui estigmatizado por ser maricón. Puede que tenga vocación para el dolor porque también recuerdo a mamá gritándome:
—¡mártir equivocado! —a causa de mi exasperante reacción ante sus regaños, a los que yo respondía con ahogados sollozos y expresión de “Virgen Dolorosa”…... y ya que hablo de vírgenes no podría faltar mi atracción místico-erótica por la imagen del Cristo humillado y lacerado en su intento por “salvarnos” del pecado.
Mi conexión sexual con los infamados por su color de piel, clase social, con los que han sido mortificados por sí mismos u otros, a los que la vida arrolló y sobrevivieron con dignidad (aclaro, siempre y cuando todos los citados estén potables), podría ser una o varias de las razones de mi adhesión a esta filia.
No tengo idea de cuál sea mi “caso”, lo que sé es que con frecuencia soy juzgado de raro por amigos y conocidos gays, que vaya ironía, a pesar de sus infructuosos intentos por replicar los conservadores cánones de comportamiento y rituales sociales, son a su vez estigmatizados por la sociedad heterocéntrica.
Lo que sí asumo sin reserva es que lo quiera o no, soy un sexodicidente dentro de la sexodicidencia.
No tengo idea de cuál sea mi “caso”, lo que sé es que con frecuencia soy juzgado de raro por amigos y conocidos gays, que vaya ironía, a pesar de sus infructuosos intentos por replicar los conservadores cánones de comportamiento y rituales sociales, son a su vez estigmatizados por la sociedad heterocéntrica.
Lo que sí asumo sin reserva es que lo quiera o no, soy un sexodicidente dentro de la sexodicidencia.




