jueves, 5 de octubre de 2023

Bitácora de viajes

2019 Septiembre: tercer viaje de Hongos "LA CUARTA INICIACIÓN" o EN EL MICTLÁN HAY WIFI

 

   La última vez que comí hongos sagrados se remonta a 35 años; en aquel entonces sus lecciones fueron trascendentales para mi espíritu, para mi vida. Sin embargo, durante las siguientes décadas, a ese espíritu, a su receta original y orgánica, se le fueron agregando toda clase de nuevos ingredientes: desencanto, dolor, vanidad, soberbia, terror, culpa, sordidez, pérdida de fe, etc. 
   Desde hace unos años venía sonando en mi cabeza la idea de volver a viajar con hongos. El objetivo primordial, según yo, sería entrar para hacer una limpieza profunda de todo ese cochambre que le quita brillo a mi alma, aligerar y lustrar sus alas, porque es un hecho que he vivido mucho más tiempo del que pueda quedarme. Hasta en ese terreno, la obsesión por el control me hace ser previsor.
   Lo platiqué con mi hermano Fidel, quien decidió regresar a la Ciudad de Oaxaca hace poco más de un lustro. Mostró mucho interés en hacerlo él también y pusimos como fecha los meses de agosto o septiembre, la temporada en que Los Niñitos Santos crecen por la zona montañosa que se interpone entre los Valles Centrales y la Costa.
 
   Hoy 6 de septiembre he llegado por la mañana a Oaxaca, almuerzo con mi hermano, me tomo el día para recorrer el Zócalo, la Catedral, calle Alcalá, todo el conjunto de Santo Domingo y el MACO, entre otros lugares clásicos. Antes de que anochezca, Fidel pasa por mí (él ha estado trabajando todo el día para no dejar pendientes), llegamos a su casa, platicamos un rato y descansamos.
 
   Dado el enorme impacto de esta experiencia sobre mi persona, he tratado de hacer un seguimiento muy preciso de los hechos:

 
11:00 am   Dejamos Oaxaca y llegamos a San José del Pacífico a las 2:46 pm, Fidel se recuesta un rato para descansar.

3:48 pm   Nuestra cabaña es amplia, el piso, techo y muros son de madera, hay dos ventanas grandes, tiene dos camas matrimoniales con cobijas, hay una mesita, buró, silla y una repisa.
   Salgo y durante más de una hora recorro el lugar para conocerlo, está construido sobre una serie de terrazas en la ladera de la montaña, en cada nivel hay cabañas y un patio con sillas y camastros, casi todas las terrazas tienen vista hacia la sierra. Desde nuestra habitación solo podemos observar el horizonte de manera parcial y parte de las terrazas, porque las que tienen vista completa son mucho más caras.

   Paso por uno de esos miradores, veo a una familia, mamá, papá y un adolescente. Por el color de piel y por su altura supongo que son noreuropeos.
El joven se encuentra parado, tratando de ensartar un balerito, cada vez que lo intenta suelta una carcajada, se oye inocente. Sus padres lo vigilan sentados desde un sillón. Pienso que en otras circunstancias el chico simplemente pasaría por un estúpido, pero también imagino que en este lugar y contexto, por cada intento que hace con el juguete, él descubre que se crea o destruye un mundo dentro de su cabeza.
   También subo a la montaña por una vereda que rodea el terreno de las cabañas. En algunos puntos el camino desemboca en áreas de terreno plano y sin árboles donde entra la luz del sol. Considero la posibilidad de comer ahí los hongos más tarde.
   Fidel me llama al teléfono celular y regreso.
 
5:00 pm   Acompaño a Fidel mientras come, bajo a la cabaña por una chamarra y para pedir los hongos con el chico de la recepción, me entrega una familia de 7 hongos frescos envueltos en la hoja de una planta.
 
5:40 pm   Vuelvo a subir a la terraza más alta; ahí se ubica el restaurante y un patio con muchas flores en macetas. No hay nadie en ese momento, me acomodo en un silloncito e ingiero los hongos (25 minutos en hacer efecto aproximadamente).
 
6:06 pm   Comienza el viaje, el inicio es sencillo, contemplo los detalles de unas flores, de los insectos y las nubes. Creo que será un viaje “simple” y pienso que debería haber comido una dosis más fuerte.
 
6:28 a 7:43 pm   Coloco los audífonos en mis oídos y le doy play a la carpeta de música clásicas to die. Viajo con música (unos 75 minutos, lo que duran las primeras dieciseis piezas de la carpeta).
Fidel permanece adentro del restaurante tomando café y desde ahí me cuida.
   Durante esa primera parte del viaje miro hacia la cordillera y al cielo. Las nubes se desbordan sobre las montañas, cubriéndolas, su nivel casi llega a donde yo estoy, para luego retirarse hasta el horizonte. Retornan, cubren toda la sierra y de nuevo se van, es un oleaje de niebla espesa. En alguno de esos ciclos pienso brevemente en el gran paseo que planeo hacer en junio del 20 y “algo” me asegura que todo va a salir bien.
 


7:43 a 7:47 pm   Oigo risas atrás de mí y lo primero que pienso es que me oriné en los pantalones sin darme cuenta. Volteo a mi lado izquierdo, Fidel se acerca con una sonrisita piadosa; sí, seguro lo hice. Le pregunto si de mi sillón escurren orines y responde que no, toco mi bragueta y compruebo que la ropa se mantiene seca. A pesar de que creí que no podría levantarme, lo hago, retiro de mis orejas los auriculares y voy al baño de la terraza.
   Al comenzar a orinar noto que el piso del baño está lleno de moho azul que se mueve y parece flotar, aclaro la vista y eso desaparece. Pienso que es un mal truco de mi cabeza y con una mueca burlona jalo la palanca del depósito de agua. Toda esa "cochinada" se va por el excusado.
   Salgo y le aviso a mi hermano que voy a bajar a la cabaña pues deseo estar a solas un rato.
   Desde que me levanté de la silla hasta que bajé a la cabaña no apagué la música de mi teléfono celular porque no la oía, ya que dejé conectados los audífonos.
 
7:47 a 7:56 pm   (Unos nueve minutos previos a la canción Be still my soul) Los primeros momentos en la cabaña me siento en la cama justo al lado de la ventana. Desde ahí observo la parte central de la ladera con diversas terrazas donde se hallan las cabañas que tienen vista hacia la sierra. Hay varios turistas sentados en catres reclinables viendo hacia allá.
   Le echo un ojo a la habitación, detecto que en uno de los muros hay una pequeña puerta cerrada. La empujo y se abre hacia adentro de un conducto de madera (como si fuera un ducto de ventilación pero hecho de tablas), calculo que por ahí podría desplazarse una persona. Tengo la impresión de que es un pasadizo por donde podría entrar alguien cuando las personas están perdidas en su viaje y así robarles. Me asomo hacia el interior y por mi mente pasa la idea de que voy a descubrir a alguien escondido al lado. Nada más hay cajas de colchones inflables, polvo y quizás caca de rata. Pensando en que fue un poco de paranoia, coloco la puerta de nuevo en su lugar.
   Vuelvo a mirar hacia las terrazas por la ventana. Ubico a varios turistas, especialmente a dos chicas extranjeras descansando en camastros y admirando la montaña. Me da la sensación de que tienen una coloración violácea.
   Levanto la cara unos segundos hacia el techo de la cabaña y cuando regreso la vista hacia afuera, las mismas chicas parecen tener la cara deformada, con las piernas fundidas y escurridas, hago un esfuerzo por reenfocar mi visión y compruebo que solo están recostadas y tienen las piernas cubiertas con una frazada color rosa. En el siguiente mirador hacia arriba hay un hombre parado, hurgando igual que todos los demás en el horizonte. Giro la cabeza hacia la estancia y rio con sarcasmo de la jugada que el cerebro me ha hecho de nuevo. Siento que tengo el control del viaje.
   Mirando otra vez hacia el exterior de la ventana, me encuentro de nuevo a los espectros, ahora más nítidos y “reales”, el hombre que estaba parado en la terraza de arriba también es un fantasma y las cuencas de sus ojos vacíos me ven fijamente, siento mucho frío, especialmente en las manos.
   Una vez más, observo desde la orilla de la cama el interior del cuarto, hacia el piso; hecho con tablones de madera natural pero, con un tono raro, mortecino, y las vetas de la madera se mueven como si estuvieran reptando. Tengo la sensación de que llevan mucho tiempo presenciando a la gente perderse. El frío en mis manos es mayor y las froto.
   Retorno al panorama tras la ventana y en un instante, descubro que en efecto todos allá afuera son fantasmas, ánimas; que todo el conjunto de cabañas es en realidad una morada de muertos perdidos y atrapados por siempre. Todos habían ido ahí a comer hongos y se quedaron en un viaje perpetuo (me pareció entonces la "Comala" de Páramo, aunque incongruentemente habitada por turistas blancos intoxicados hasta la muerte).
   Recuerdo el color grisáceo de los hongos y sus verruguitas. No eran bonitos y más que mágicos, comienzo a convencerme de que eran venenosos.
   Sentado en la cama, tengo un momento de confusión y de repente llega un flashazo de lucidez: Yo… ¡estoy MUERTO! De manera rotunda lo sé.
   Me llevo automáticamente la mano al pecho donde supongo se halla el corazón y no siento nada, pongo la mano sobre mi yugular y tampoco siento pulsaciones. Sí, sí morí, mi cuerpo está muerto. Tengo la mente paralizada, no puedo creerlo y me pregunto: ¿cómo?, ¿así nada más?, ¿eso es todo? Ahora sería un espíritu más, y este lugar, mi morada eterna.
   Estoy consciente, quiero decir, nada más soy conciencia. Hay un silencio total pero oigo mis pensamientos. Entiendo de repente que la “maravillosa” historia de mi vida se ha pulverizado. Mis sueños, mis creencias, mi pasado, presente y futuro desaparecieron. No hay una luz, no hay música sublime, no siento miedo o dolor, no hay culpa ni expiación, no hay perdón, es la NADA.
   Tirado sobre la cama, de repente llega otro flashazo, me pregunto: si estoy muerto, ¿de qué manera pasó? Todo es tan evidente ahora, había sido mi hermano y su exmujer Marcela. Ya sabían que aquí daban hongos venenosos. Al matarme se quedarían con “todo” lo mío. ¡Claro!, recuerdo que cuando llegué a Oaxaca, fuimos a la casa de Fidel y luego a la de Marcela para saludarla, y vi que ambos estaban muy apurados de dinero. Ellos lo planearon y ahora soy una sombra con una baratísima historia de traición.
   En algún momento también aparece Jaime siendo cómplice.
   No quiero creer eso. Me resisto a admitir que he muerto y pienso en que no le puedo hacer eso a Jaime. Visualizo vívidamente la forma en que él recibe la noticia y mis despojos. Veo su confusión y sorpresa, sin decir nada me había ido, sin que supiera que en este momento yo tenía que expresarle que lo amo. No puedo irme así.
 
7:56 pm   Veo mi teléfono celular en la repisa de madera junto a la cama y pienso que podría enviarle un whats. Sé que estoy muerto, aun así le suplico a Dios que me dé la oportunidad de escribir un último mensaje para Jaime. Tomo el cel, lo enciendo y lo busco en los contactos del whats. Tiemblo de frío y de pensar que el aparato no va a funcionar, es mi último contacto con esta tierra.
   Escribo Te amo y pongo un emoji de angelito, tarda algo en aparecer una palomita y luego las dos marcas o palomitas grises. Aunque no aparecen confirmadas en azul, sé que ya le llegó. Vuelvo a imaginar la sorpresa de Jaime al enterarse de que el texto fue escrito cuando yo ya había dejado de existir y mi mensaje de amor, había atravesado la barrera de la muerte.
 
7:59 pm   Al dejar el teléfono de nuevo en la repisa, me doy cuenta de que siguen conectados los audífonos. Al desconectarlos, vuelve a escucharse la música. Está sonando Be still my soul que desde hace años traduje como Señor, recibe mi alma. Al escucharla siento que ha llegado el momento final.
De manera automática me recuesto a lo largo de la cama y sobre la almohada de la cabecera. Escucho la música, levanto mi celular a la altura de los ojos y contemplo la imagen de Jesucristo desnudo que tengo en la pantalla, mi mente dice con resignación: recibe mi alma Señor.
   Hay más frío, silencio y vacío que en cualquier otro momento del viaje. Sé que en cuanto termine la canción, solo tengo que cerrar los ojos y entregarme.
 
   Otro flashazo...... impulsado por un invisible resorte, salto de la cama, veo las manzanas y arándanos secos que hay en una mesita. Se me ocurre que puedo detener este viaje si ingiero algo de comida, muerdo una manzana y siento su pulpa corrompida, tomo arándanos y los veo podridos, meto algunos a la boca, aun sospechando que así fui envenenado por mi hermano. Escucho que la pieza musical sigue reproduciéndose (a pesar de que apenas dura 4 minutos), y llega un último destello, mi cabeza dice: —¡es la música!, es la carpeta, únicamente debes cambiar la lista de reproducción.
   Sujeto el celular y cambio a una carpeta llamada India. Escucho la música y tomo asiento en la otra cama, continúo masticando la manzana y los arándanos. Siguen pareciendo podridos, pero igual los trago.
   Por unos segundos considero la posibilidad de no estar muerto.
 
8:03 pm   Me animo a hablarle a mi hermano por el teléfono celular, le pido que por favor traiga comida y agua al cuarto. Algo comenta, suena incoherente y sospechoso, así que le cuelgo.
 
8:07 a 8:18 pm   Decido llamar a Jaime, contesta y siento mucho alivio al oírlo, pregunto de qué manera me oigo y comenta que hablo lento. Quiere saber si todo marcha bien, respondo con un más o menos, aunque sospecho que Fidel quiere hacerme daño. Estoy a punto de rogarle que venga por mí.
   Le da risa mi comentario, lo que da a mi alma cierta tranquilidad. Al preguntarle si me quiere, vuelve a reír. No hablo mucho y escuchar los ruidos de la secadora de pelo o su plática con alguna clienta me da seguridad, le comento que escucho pasos en las escaleras que suben al cuarto, no quiero abrir, de nuevo le causa gracia lo que digo y dejo el celular sobre la cama, pero sin cortar la llamada.
 
8:18 pm   Abro la puerta de la cabaña a mi hermano, trae una bolsa con quesadillas y una botella con agua, se sienta en la otra cama, la que hace un momento era mi sepulcro.
   Destapo el agua y veo de reojo que tiene un ligero tono fosforescente, pienso de nuevo que tiene ponzoña no obstante la bebo, finalmente vuelvo a tomar el teléfono, me despido de Jaime y termino la llamada.
 
8:20 a 9:25 pm   Comienzo a hablar con mi hermano sobre el viaje. Lo primero que le menciono es que perecí. Todavía sigo creyendo que estoy muerto. De hecho, en este momento lo veo a él también con la piel azul y seca...... llega otro de esos chispazos; a pesar de que habíamos acordado que primero yo comería los hongos para que él me cuidara, y yo lo cuidaría a él al día siguiente que los comiera, en realidad los dos habíamos consumido al mismo tiempo los hongos y ambos morimos envenenados.
   Le pido, que revise si tengo latidos en mi corazón, lo hace y asiente con la cabeza. Le confieso cómo vi que él era “malo”, me confirma que sí, es malo. Yo lo niego con la cabeza, agrego que es bueno porque es mi hermano y responde igual, que entonces es bueno.
   Después de una breve pausa, le declaro que estoy muy dañado de la cabeza y que soy un paranoico extremo. Le platico de mi visión sobre su traición y del porqué. Me burlo de mí mismo y él, únicamente escucha. Hablo de la manera en que mi ego había sido arrasado, apaleado, de cómo mi “gran historia” llena de amores, placer y batallas, no valía en absoluto nada para mí, ni para nadie en ese espacio.
   Charlo una hora con Fidel y varias veces insisto en preguntar si de verdad yo estaba vivo.
 
9:25 a 10 pm   Después de las nueve de la noche me siento sin miedo para salir y le pido a mi hermano que vayamos a caminar. Bajamos por una vereda que lleva hasta la carretera. En el camino sigo tratando de ordenar la avalancha de ideas e imágenes dentro de mi mente para darle forma a este viaje.
   Especulo sobre mi paranoia enfermiza. Lo primero que me viene a la cabeza es que debo aniquilarla de mi vida, sin embargo, al mismo tiempo entiendo que ese rasgo forma parte de mí mismo, que ha sido desarrollado como una defensa contra la agresión del mundo exterior; incluso, tengo la revelación de que esa paranoia se había filtrado hasta mi organismo y creó un sistema inmunológico capaz de hacerme resistente al VIH.
   Pienso en mi muerte en la cabaña, por enésima vez cuestiono a mi hermano si me encuentro vivo. Todo lo que soy y sé, algo desde lo más profundo de mi ser, dice que estuve muerto o en la antesala de la muerte. Jamás he sentido tanta seguridad sobre un hecho.
   Trato de interpretarlo una analogía de mi propio corazón. Le manifiesto a Fidel que a partir de lo que sucedió con mamá, un gran pedazo de mi alma había muerto y durante 30 años he estado cargando con la duda de saber si hice o no lo correcto. Que desde entonces desarrollé un culto por el luto, por lo fúnebre.
   En este momento también descubro mi (perfecto) neuroprograma clásicas to die.
   Fidel me invita a tomar una taza de chocolate caliente en un local a la orilla de la carretera.
 
10:10 pm   Ya en el restaurante aterrizo del viaje, seguimos platicando hasta las 11 de la noche.
   Por primera vez me siento “casi” seguro de seguir vivo. Digo casi, porque a momentos tengo la sospecha de formar parte de una de esas escenas de película, donde al alejarse la imagen, el espectador descubre que los protagonistas (victoriosos por haberse salvado) en realidad han quedado encerrados en un ciclo de repeticiones eternas.
 
11:00 pm   Regresamos a la cabaña, Fidel se duerme. A media noche salgo a la terraza para caminar y contemplar la luna creciente. Hace mucho frío, aunque irónicamente causa una sensación placentera sobre mi piel. Es diferente al que sentí unas horas atrás. Aquí y ahora tengo frío porque estoy vivo... no es el gélido manto de la muerte.

   Duermo apenas unas horas, pienso toda la noche en lo que pasó, ha sido brutal y devastador.
   Había venido a buscar un “gran cierre” para una larga travesía físico/espiritual, y de pronto me encontré ante la puerta de entrada a un eterno y desolado desierto.
 
   Agradezco infinitamente la compañía de mi hermano Fidel, deseo con toda el alma estar a la altura cuando tenga que cuidarlo mañana, en su propio viaje.







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