2012 Antonio
Al salir de la exposición fotográfica de Gregory Colbert llamada Museo Nómada, instalada en el Zócalo de la Ciudad de México, me llamó instantáneamente la atención un hombre que caminaba a mi izquierda y portaba una camiseta sin mangas y con la costura de los costados laterales rasgada hasta la cintura, lo que hacía que con cualquier movimiento se le asomaran las tetas, mismas que columpiaban de un lado a otro porque traía puestas en los pezones, las argollas de acero inoxidable más anchas que yo jamás hubiera visto (luego supe que tenían un espesor de ¡¡¡8 milímetros!!! y podrían pesar casi 100 gramos cada una). Así que entre la expansión del tejido carnoso y el peso del metal, sus pezones lucían como esos chupones que se le dan a un bebé para calmar su hambre o ansiedad… igual al hambre y ansiedad que invadió mi deseo a pocos instantes de seguirlo.
Apenas hubo volteado para mirarme de reojo le sonreí, iniciando un “espontaneo” intercambio de opiniones sobre el contenido de la exhibición y su vivencia derivada de ella. Le sugerí sentarnos un momento en una jardinera para seguir charlando. Llegada la oportunidad mencioné que su piercing era muy original e “interesante”, con naturalidad tomó una de las argollas entre sus dedos y la mostró. Seguí aparentando una inocua curiosidad y casi con desgano pregunté —¿Puedo?, mientras acercaba mis dedos a su pezón y me detenía a unos centímetros, —Claro… —respondió. Primero aquilaté el peso de la argolla, para enseguida jalarla ligeramente en mi dirección, tres segundos después retorcí la pieza junto con su pezón hacia un lado. De inmediato percibí un ligero y familiar sobresalto en él, quise saber si lo había lastimado y añadió:
—No… es que los tengo muy sensibles.
—¿Son tu “punto G”? —insinué mirándolo a los ojos y……….. las calles que caminamos rumbo a los baños Mina para alquilar un yacusi privado, me parecieron kilométricas antes de llegar y poder disfrutar de Antonio (expediente XXX con el nombre de “toñoso”).
Antes de un mes Toño me invitó a conocer su departamento en un extenso conglomerado habitacional a la salida de la ciudad. Tenía 39 de edad, era enfermero y durante 2 años lo visité cada 3 o 4 meses. La jornada daba tiempo para coger, tomar cerveza, compartir la comida que preparaba para ambos y sobre todo platicar.
Antes de un mes Toño me invitó a conocer su departamento en un extenso conglomerado habitacional a la salida de la ciudad. Tenía 39 de edad, era enfermero y durante 2 años lo visité cada 3 o 4 meses. La jornada daba tiempo para coger, tomar cerveza, compartir la comida que preparaba para ambos y sobre todo platicar.
De esa manera supe que su fetiche favorito eran las botas militares o industriales, por lo que a todos mis encuentros con Toño, llegué calzando un par de ellas, que él lamía con boca temblante hasta venirse. De hecho, en su honor realicé un corto video con el espléndido obsequio que me hizo: un par de genuinas botas Harley Davidson, video que subí a mi perfil en una página para fetichistas leathers.
Vivía alejado de su familia, pues eran del tipo parásito y tampoco había encontrado a su hombre ideal, compró y arregló a su total gusto ese pequeño departamento. Además, tenía diabetes tipo 2 (sin ser gordo él era llenito). No obstante, las últimas dos citas con Toño dejaron de ser tan lúdicas… en la penúltima reunión noté su renuencia a bañarnos juntos igual que siempre, y tampoco se despojó de los calcetines. Finalmente, confesó que en menos de cien días, una herida en el dedo gordo del pie se necrosó tan rápido que fue necesario amputárselo. La última vez que lo visité estaba desconsolado, tres dedos más del mismo pie tuvieron el mismo destino y lo peor es que su dedo mayor en el otro pie comenzaba a amoratarse.
Desde un inicio manteníamos comunicación por medio de WhatsApp. Quizás esa temporada era cuando más debí visitarlo o al menos llamarlo… pero no lo hice. Pasaron unos meses, intenté comunicarme primero con mensajes, luego por teléfono insistentemente sin obtener respuesta, y comenzó a inquietarme el dato de que no se había conectado en 6 meses, aparte de la frase que aparecía en su perfil “estoy durmiendo”.
Entonces decidí hacer el viaje de 90 minutos hacia su casa para ver qué pasaba.
En cuanto llegué sentí que algo andaba mal, el que una vez fuera en la terraza de su casa un hermoso jardincito, lucía marchito y polvoriento, y al pie de la puerta se amontonaba correspondencia enlodada. Toqué con persistencia el timbre y luego la puerta. Estaba a punto de la retirada cuando noté que el vecino aledaño curioseaba por un lado de la cortina que enrollaba. Le saludé y pregunté si sabía acerca de Antonio, añadiendo que yo venía de provincia y no sabía nada de él. El tipo se animó a asomar la cabeza por la ventana y fue así que supe que Toño falleció medio año atrás, simplemente se dejó morir.
En cuanto llegué sentí que algo andaba mal, el que una vez fuera en la terraza de su casa un hermoso jardincito, lucía marchito y polvoriento, y al pie de la puerta se amontonaba correspondencia enlodada. Toqué con persistencia el timbre y luego la puerta. Estaba a punto de la retirada cuando noté que el vecino aledaño curioseaba por un lado de la cortina que enrollaba. Le saludé y pregunté si sabía acerca de Antonio, añadiendo que yo venía de provincia y no sabía nada de él. El tipo se animó a asomar la cabeza por la ventana y fue así que supe que Toño falleció medio año atrás, simplemente se dejó morir.
Mi valiente mártir hedonista renunció a la vida bajo las condiciones que de forma inflexible esta le impuso.
La familia lo encontró en estado de descomposición días después, al no tener respuesta a sus llamados.
Le dije a aquel vecino, que yo era un viejo amigo de Toño… no, no lo fui, y para ser honesto no lo soy de casi nadie. Tener 64 años y un inventario de dos largas amistades en mi vida dice mucho al respecto. Una es María de quien he hablado antes, pronto cumpliré 43 años de que Dios me concediera la gracia de encontrarla; es tan mesurada, tan correctamente feliz, y ante todo solidaria. Nuestra amistad ha derivado de un lustro para acá en una respetuosa y justa relación laboral.
Mi otro amigo es Miguel Ramos, la Chata como coloquialmente lo conocieran mamá y mis hermanos desde 1974 cuando fue inscrito en la escuela secundaria donde yo estudiaba el tercer grado. Sabe TODO sobre mí y creo saber mucho de él. Tal vez por ello mismo, la plática e historias personales entre ambos se tornaron monotemáticas y predecibles, tal vez fue la razón por la que empecé a ignorar sus llamadas y mensajes, respondiéndolos días después, tal vez por eso rompió la comunicación conmigo desde hace 2 años sin que de mi parte haya tampoco una intención de restablecer el lazo.
Curiosamente en todos los lugares donde he laborado, logro hacer buena conexión y equipo con mis compañeros/as, sin embargo una vez que mi paso por esas empresas o instituciones llega a su fin, no hago nada por cultivar dicho nexo y termina por extinguirse.
Solo espero que la supuesta autosuficiencia que (ahí sí) he tratado de ejercitar y conquistar desde siempre para mi persona, resulte la necesaria cuando deba enfrentar la última y más grande decisión de mi vida.
Le dije a aquel vecino, que yo era un viejo amigo de Toño… no, no lo fui, y para ser honesto no lo soy de casi nadie. Tener 64 años y un inventario de dos largas amistades en mi vida dice mucho al respecto. Una es María de quien he hablado antes, pronto cumpliré 43 años de que Dios me concediera la gracia de encontrarla; es tan mesurada, tan correctamente feliz, y ante todo solidaria. Nuestra amistad ha derivado de un lustro para acá en una respetuosa y justa relación laboral.
Mi otro amigo es Miguel Ramos, la Chata como coloquialmente lo conocieran mamá y mis hermanos desde 1974 cuando fue inscrito en la escuela secundaria donde yo estudiaba el tercer grado. Sabe TODO sobre mí y creo saber mucho de él. Tal vez por ello mismo, la plática e historias personales entre ambos se tornaron monotemáticas y predecibles, tal vez fue la razón por la que empecé a ignorar sus llamadas y mensajes, respondiéndolos días después, tal vez por eso rompió la comunicación conmigo desde hace 2 años sin que de mi parte haya tampoco una intención de restablecer el lazo.
Curiosamente en todos los lugares donde he laborado, logro hacer buena conexión y equipo con mis compañeros/as, sin embargo una vez que mi paso por esas empresas o instituciones llega a su fin, no hago nada por cultivar dicho nexo y termina por extinguirse.
Solo espero que la supuesta autosuficiencia que (ahí sí) he tratado de ejercitar y conquistar desde siempre para mi persona, resulte la necesaria cuando deba enfrentar la última y más grande decisión de mi vida.




