jueves, 5 de octubre de 2023

2011 Alejandro


                                                                                                                       2011 Alejandro


                             300 millones
                          + 700 millones
Dan un total de MIL MILLONES……………………….. o el número de seres humanos mayores de 18 años sexualmente activos que practican el sexo anal, ya sea que penetran o son receptores.
   La primera cifra representa el porcentaje mundial de población homosexual y bisexual masculina (lamento aclarar que no encontré estudios al respecto en mujeres lesbianas), y la segunda es la proporción de hombres y mujeres heterosexuales que lo realizan de manera habitual según la más conservadora de las estimaciones hechas por especialistas en sexología moderna, quienes aseguran que el sexo anal es la tercera práctica sexual entre este sector después del coito vaginal y el sexo oral.

   Sin darle vueltas al asunto puedo inferir que para uno de cada ocho seres humanos el culo significa mucho más que un maloliente orificio expulsador de desechos.

   Fue hasta que miré por primera vez el interior de un culo, que me acerqué a esquemas o monografías y así entender que es la última pieza de un complejo y perfecto sistema anatómico.





Pero… ¿cómo pasó?

Alejandro de 33 años (expediente XXX con el nombre de “alexbbck”) me contactó por la página de ligues Manhunt asegurando que sus tetas me gustarían, y no mentía, aunque ya lo he aclarado antes, una vez que un tipo atrapa mi atención suelo disfrutar la totalidad de su cuerpo.

Llevaba varios minutos dándole por el culo sobre la cama de la habitación del hotel que alquilé para la aventura, y en uno de los cambios de posición quedó recostado de espaldas en la cama, levanté sus piernas para colocarlas en mis hombros y al sacar un momento la verga para reacomodarla, noté que el orificio del ano estaba dilatado más allá de lo que normalmente había visto en encuentros con otros hombres. Muchas veces por vergüenza o por simple reflejo, quien hace el papel de pasivo cierra el ano cuando el activo saca su pene, esto para evitar la salida de un pedo o temiendo que algo más “sólido” pudiera escapar. Quizás el constante golpeteo de mi pito venció la resistencia de sus esfínteres anales (o Alejandro ya tenía esa a mi parecer apreciable habilidad), dejando ver una oquedad que causó fascinación en mis ojos y mente. De alguna manera esa posición (patas pa´arriba) hacía que la fuerza de gravedad jalara hacia sí toda la bolsa diafragmática con vísceras, desocupando el espacio que regularmente se asienta sobre el recto y formó una especie de ”caverna” de color rojo intenso y brillante. El espectáculo era simplemente arrobador (incluso en el sentido de signo gráfico @) y yo trataba de mirar al interior como si lo hiciera a través de la mirilla de una puerta.
Pensando en que tal vez mi lengua podría horadar aún más ese orificio, la encajaba forzando su estiramiento hasta causarme dolor. Entonces por simple instinto coloqué los dedos índice y medio de mis manos a cada lado de su ano y usándolos cual ganchos fui abriéndolo poco a poco hasta que tuvo el diámetro de una manzana. Aquello me llevó a un paroxismo de deseo feroz, moví su cuerpo de manera en que la luz del foco en el techo entrara para iluminar esa mina de rubíes y rubí al mismo tiempo. Introduje los dedos y circundé ese boquete de la forma en que un alfarero lo hace para pulir el interior de la vasija que está confeccionando, percibiendo su textura extremadamente lisa, suave, viscosa y con olor a carne viva, y seducido por su naturaleza, llegué a desear por un momento cobijar mi cuerpo entero dentro de tal tibieza.
   Extasiado con esa homúncula lección de anatomía pura, pensé que no había otra cosa que descubrir, y fue cuando la luz que entraba hasta el fondo del pulsante agujero de Alejandro, me dejó ver...... ¡¡un segundo orificio de entrada!!
¿¡Era posible explorar más allá!?
Sí lo era… y lo sería en su momento.