2002 Gabriel
“Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres,
sino sobre ellas mismas”
Mary Wollstonecraft
Controvertida figura fundacional de la filosofía feminista del siglo XVIII.
No es común encontrarse con un hombre de origen indígena que supere los 1.85 metros de altura, pero Gabriel los tenía, además de una expresión adusta, complexión delgada y extremidades fuertes. Lo supe porque las piernas se marcaban en su pantalón de mezclilla stretch y los brazos estaban descubiertos al traer puesta una camiseta sin mangas. Con esa apariencia tan ruda me dio temor acercarme a él de una manera directa, así que me coloqué a un lado suyo, bajé un brazo dejándolo suelto y con la mano toqué “accidentalmente” la bragueta de su pantalón. No se movió. Apliqué más presión sobre el paquete en su entrepierna y para maravilla mía, sentí como la verga se le iba poniendo dura. Lo miré fugazmente a los ojos y permaneció inexpresivo. Arriesgándome a cometer un lamentable error, quise estar seguro de que la erección no era un simple reflejo por el roce y se la acaricié suavemente. Él siguió impávido, no así su miembro que crecía y crecía.
Esto sucedió adentro de un vagón del Metro y luego de dos estaciones Gabriel descendió, siguiéndolo yo a unos pasos. Con más seguridad lo alcancé para saludar e iniciar una conversación, y aunque respondía indiferente a mis preguntas no parecía que quisiera deshacerse de mí. Improvisando algo, comenté que iba a un restaurante a comer pues tenía hambre, y de paso lo invité. Aceptó. Pedí cualquier cosa y él una torta de milanesa de cerdo que a petición mía acompañó con una cerveza… a la que siguieron otras en la cantina El Tahúr, a donde lo llevé para averiguar de una buena vez si él era o no homosexual. Tal cual, Gabriel no lo era, estaba casado, esperaba su cuarto hijo. Prestaba sus servicios de jardinero en diferentes residencias de lujo a lo largo de la semana. Venía de una zona cafetalera en la región montañosa de Veracruz y hacía poco, a sus 38 años, había experimentado por primera vez el sexo con otro hombre.
Aquella ocasión pasó a uno de los urinarios públicos de la Central de Autobuses Foráneos, y si le extrañó que un joven le mirara la verga con insistencia mientras orinaba, más le sorprendió ver que su propio pito se endurecía ante la situación. El chico se la mamó y Gabriel no se negaría desde entonces a esa nueva forma de vivir la sexualidad.
El mismo día que lo conocí estuvo en mi cama… y muchas más veces cuando lo topaba en saunas o cines porno a lo largo de dos décadas. A pesar de que siempre lo vi ligarse a jóvenes bonitos y amanerados, en todo momento me dio acceso a su rico cuerpo. Eso sí, me dejó claro que yo era el único “viejo” al que se lo permitía, porque lo sabía escuchar.
Por mis oídos pasó la historia del lento desmoronamiento de su mundo;
de la recepción glacial que su esposa daba a sus embates amorosos;
de cuando se preguntó en qué momento ella dejó de ser su mujer para convertirse únicamente en la madre de sus hijos;
Esto sucedió adentro de un vagón del Metro y luego de dos estaciones Gabriel descendió, siguiéndolo yo a unos pasos. Con más seguridad lo alcancé para saludar e iniciar una conversación, y aunque respondía indiferente a mis preguntas no parecía que quisiera deshacerse de mí. Improvisando algo, comenté que iba a un restaurante a comer pues tenía hambre, y de paso lo invité. Aceptó. Pedí cualquier cosa y él una torta de milanesa de cerdo que a petición mía acompañó con una cerveza… a la que siguieron otras en la cantina El Tahúr, a donde lo llevé para averiguar de una buena vez si él era o no homosexual. Tal cual, Gabriel no lo era, estaba casado, esperaba su cuarto hijo. Prestaba sus servicios de jardinero en diferentes residencias de lujo a lo largo de la semana. Venía de una zona cafetalera en la región montañosa de Veracruz y hacía poco, a sus 38 años, había experimentado por primera vez el sexo con otro hombre.
Aquella ocasión pasó a uno de los urinarios públicos de la Central de Autobuses Foráneos, y si le extrañó que un joven le mirara la verga con insistencia mientras orinaba, más le sorprendió ver que su propio pito se endurecía ante la situación. El chico se la mamó y Gabriel no se negaría desde entonces a esa nueva forma de vivir la sexualidad.
El mismo día que lo conocí estuvo en mi cama… y muchas más veces cuando lo topaba en saunas o cines porno a lo largo de dos décadas. A pesar de que siempre lo vi ligarse a jóvenes bonitos y amanerados, en todo momento me dio acceso a su rico cuerpo. Eso sí, me dejó claro que yo era el único “viejo” al que se lo permitía, porque lo sabía escuchar.
Por mis oídos pasó la historia del lento desmoronamiento de su mundo;
de la recepción glacial que su esposa daba a sus embates amorosos;
de cuando se preguntó en qué momento ella dejó de ser su mujer para convertirse únicamente en la madre de sus hijos;
de cuando una loca tóxica llegó a su casa y lo evidenció ante la familia, ganándose desde entonces el desprecio de sus hijos, incluido el segundo de ellos que también resultó ser gay;
de lo incomprensibles que resultaban para él, las mujeres………………………
MUJERES, me avergüenzo de decirlo, pero no sé quiénes son, a pesar de ser la mitad de la humanidad, de ser mi propia mitad.
En toda mi existencia, se reduce a tres el número de mujeres con quienes he compartido y me han compartido, que por sus lecciones y acciones han sido trascendentales en mi vida:
· mi Madre
· la Tía Abuela Rosa
· mi amiga María
De ellas he hablado en esta antología, y haciendo un ejercicio de memoria puedo citar a otras mujeres que por razones laborales o familiares formaron en su momento parte de mi historia.
· Mónica, compañera de trabajo de mentalidad brillante y divertida, con una “lógica masculina” que nos hacía platicar durante horas de mil temas. Siempre he pensado que de haber sido yo heterosexual, me habría encantado encontrar una mujer como ella.
· Viene a la mente mi sobrina Ximena, la heroína de la familia. Su valentía es inversamente proporcional a su pequeña figura. Lamento tanto que su cruzada por la justicia para las mujeres violentadas o asesinadas, absorba hasta la última chispa de su energía vital, y la deje sin ningún excedente que le permita alimentar cualquier relación emocional (familiar o de pareja). Tal vez su madre y abuela terminaron por convencerla al decirle durante años, que ningún hombre valía la pena, o tal vez ha visto tanto horror, que de manera aplastante confirma la aseveración de que, en efecto, ningún hombre vale la pena.
· Recuerdo a mis cuñadas, las parejas de mis hermanos, principalmente a las madres de mis sobrinos. Una de ellas le prohibió a mi hermano llevar de visita a su pequeño hijo con nosotros (Jaime y yo) para que no le “contagiáramos” lo puto. Otra me acusó de quererle robar la parte de herencia que le correspondía como viuda de mi otro hermano.
Ellos mismos (los hermanos que me quedan) aseguran de la misma manera en que lo expresaba Gabriel, que no hay manera de entender qué y la forma en que piensa una mujer.
Cuando les pregunto si sería posible llegar a un acuerdo “racional”, similar al que Jaime y yo tenemos al ser pareja abierta, responden que eso es simplemente impensable, pues las mujeres no pueden sostener su palabra más allá de lo que tardan en conectarse con sus vísceras. Eso dicen ellos, y tendría que ponerlo en duda como cualquier otra sentencia, es probable que sean los hombres quienes no toleren la idea, sobre todo porque el grueso de los ataques y crímenes pasionales o por celos, son ejecutados por hombres.
Prometo que la siguiente vez que pregunte algo así, lo haré directamente a mujeres.
Una ocasión, miraba un programa de la BBC de Londres y recordé aquella frase que comentó cualquier día, una de mis cuñadas… —“La pornografía de nosotras las mujeres es el poder” .
de lo incomprensibles que resultaban para él, las mujeres………………………
MUJERES, me avergüenzo de decirlo, pero no sé quiénes son, a pesar de ser la mitad de la humanidad, de ser mi propia mitad.
En toda mi existencia, se reduce a tres el número de mujeres con quienes he compartido y me han compartido, que por sus lecciones y acciones han sido trascendentales en mi vida:
· mi Madre
· la Tía Abuela Rosa
· mi amiga María
De ellas he hablado en esta antología, y haciendo un ejercicio de memoria puedo citar a otras mujeres que por razones laborales o familiares formaron en su momento parte de mi historia.
· Mónica, compañera de trabajo de mentalidad brillante y divertida, con una “lógica masculina” que nos hacía platicar durante horas de mil temas. Siempre he pensado que de haber sido yo heterosexual, me habría encantado encontrar una mujer como ella.
· Viene a la mente mi sobrina Ximena, la heroína de la familia. Su valentía es inversamente proporcional a su pequeña figura. Lamento tanto que su cruzada por la justicia para las mujeres violentadas o asesinadas, absorba hasta la última chispa de su energía vital, y la deje sin ningún excedente que le permita alimentar cualquier relación emocional (familiar o de pareja). Tal vez su madre y abuela terminaron por convencerla al decirle durante años, que ningún hombre valía la pena, o tal vez ha visto tanto horror, que de manera aplastante confirma la aseveración de que, en efecto, ningún hombre vale la pena.
· Recuerdo a mis cuñadas, las parejas de mis hermanos, principalmente a las madres de mis sobrinos. Una de ellas le prohibió a mi hermano llevar de visita a su pequeño hijo con nosotros (Jaime y yo) para que no le “contagiáramos” lo puto. Otra me acusó de quererle robar la parte de herencia que le correspondía como viuda de mi otro hermano.
Ellos mismos (los hermanos que me quedan) aseguran de la misma manera en que lo expresaba Gabriel, que no hay manera de entender qué y la forma en que piensa una mujer.
Cuando les pregunto si sería posible llegar a un acuerdo “racional”, similar al que Jaime y yo tenemos al ser pareja abierta, responden que eso es simplemente impensable, pues las mujeres no pueden sostener su palabra más allá de lo que tardan en conectarse con sus vísceras. Eso dicen ellos, y tendría que ponerlo en duda como cualquier otra sentencia, es probable que sean los hombres quienes no toleren la idea, sobre todo porque el grueso de los ataques y crímenes pasionales o por celos, son ejecutados por hombres.
Prometo que la siguiente vez que pregunte algo así, lo haré directamente a mujeres.
Una ocasión, miraba un programa de la BBC de Londres y recordé aquella frase que comentó cualquier día, una de mis cuñadas… —“La pornografía de nosotras las mujeres es el poder” .
Era un experimento social en el que un tipo de cuarenta y tantos años se estacionaba frente a una cafetería frecuentada por grupos de mujeres. En la primera fase, el hombre llegaba en un carro algo viejo, vestía jeans, chaqueta y calzado informales, cruzaba frente a la terraza de la cafetería y entraba a una tienda aledaña. Las mujeres apenas si lo vieron unos segundos y se olvidaron de él. En la segunda fase, el MISMO hombre llegaba en un auto deportivo de lujo, llevaba el cabello peinado y vestía un traje y calzado de buena marca. Esta vez todas las mujeres de la terraza lo siguieron con la mirada durante el trayecto a la tienda, e incluso esperaron a que saliera de la misma, al tiempo que cuchichiaban entre ellas.
En ese momento intenté visualizar un ejercicio idéntico, pero a la inversa: un grupo de hombres sentados en una terraza y mirando pasar a dos tipos de mujer, todas de diversas edades, solo que unas sin atributos visibles y otras mostrando con orgullo grandes senos, acinturadas y con anchas caderas.
En ese momento intenté visualizar un ejercicio idéntico, pero a la inversa: un grupo de hombres sentados en una terraza y mirando pasar a dos tipos de mujer, todas de diversas edades, solo que unas sin atributos visibles y otras mostrando con orgullo grandes senos, acinturadas y con anchas caderas.
A ambos grupos se les vestía con ropa fina, informal o incluso avejentada, siempre y cuando fuera ceñida en el caso de las exuberantes, e imaginaba a cuáles de ellas los hombres seguirían con la mirada………………………
¿a las de clase alta? ¿a las que denotaban poder? ¿a las que se veían inteligentes? o a las nalgonas y tetonas sin importar que se vieran adineradas, cultas o pobres. Con excepción de Neruda, Benedetti, Cernuda, Quevedo, Sabines o Nervo entre otros (¿se entiende el sarcasmo?), creo que sabemos a quienes miraría la generalidad. Digo, yo mismo me he descubierto admirando los pechos o las caderas y piernas de una mujer que luce esos atributos, y eso que soy 100% homosexual.
¿A dónde voy con esto? Arriesgándome a ser acusado por radicales que van por la igualdad a ultranza, de misógino, nazi, genocida y de cometer crímenes contra la humanidad, creo que hombres y mujeres interpretamos y vivimos el ejercicio de la sexualidad de manera distinta. Según el dicho popular, el estímulo sexual del hombre nace de lo que mira en el exterior, el de la mujer de lo que siente interiormente. Supongo que la fisiología genital de cada género determina su vivencia, el hombre da, la mujer recibe………… no, no me convence. Si no, entonces ¿por qué a muchos hombres les (nos) gusta recibir por el culo o la boca? Sin embargo, la sola capacidad de gestar y crear otro ser humano en su interior nos separa abismalmente.
¿La estructura anatómica de los cerebros masculino y femenino es diferente? o en todo caso, ¿solo en la experiencia sexual?, ya que durante… siempre, se ha demostrado (que no les sea permitido es distinto) que la mujer es tan capaz en todas las áreas del conocimiento humano, al igual que un hombre.
¿Cada género percibe el mundo de forma desigual?
¿TODA la divergencia entre hombres y mujeres nace exclusivamente de la cultura patriarcal?
No puedo responder, porque mi trato con las mujeres por décadas ha sido meramente superficial. Aunque sospecho que de haber sido heterosexual tampoco podría responder, al estar ubicado (por defecto) en la punta de la pirámide social y por ende ciego… de hecho, haber nacido hombre en esta cultura YA me hace misógino.
Una compañera de trabajo fue muy acertada al expresar su compasión por un tipo que aprovechaba cualquier pretexto para denigrar a las mujeres: —"Ojalá y el amigo sea homosexual, porque qué jodido debe ser vivir siendo heterosexual y sentir tanto desprecio por el objeto de tu deseo."
Lo que sí he preguntado a muchas mujeres es, si desean a un hombre de la manera en que yo lo hago, quiero decir deseo crudo, sin idealizaciones, al mirar su porte, el tono muscular, sus manos, piernas o nalgas, sus genitales, llanamente su carne. Si no turba su razón la idea de gozarlo solo porque sí, sin expectativas, sin querer obtener de él más que el goce mismo. Muchas responden que sí pero se controlan, aunque no saben explicar de manera convincente el por qué y para qué. Otras sí lo saben… es porque no sienten nada, primero debido a la frigidizante vergüenza y culpa que han interiorizado a través de la educación y la religión, y a esto se suma la enorme ineptitud de sus “amantes” también infectados por una ideología hipócrita, extrapolada en bueno o malo, puro o sucio, en pecado o virtud.
¡Que tristeza! Mujeres diseñadas evolutivamente para ser multiorgásmicas, pero junto a hombres (incluidos los putos) enajenados. Ambos géneros mutilados física, cultural y emocionalmente.
Pese a que me gustan los hombres, puedo asegurar que encuentro la arquitectura del cuerpo femenino más bello. El cuerpo del hombre es “práctico”, el de la mujer… mágico y sinuoso.
Lo que sí he preguntado a muchas mujeres es, si desean a un hombre de la manera en que yo lo hago, quiero decir deseo crudo, sin idealizaciones, al mirar su porte, el tono muscular, sus manos, piernas o nalgas, sus genitales, llanamente su carne. Si no turba su razón la idea de gozarlo solo porque sí, sin expectativas, sin querer obtener de él más que el goce mismo. Muchas responden que sí pero se controlan, aunque no saben explicar de manera convincente el por qué y para qué. Otras sí lo saben… es porque no sienten nada, primero debido a la frigidizante vergüenza y culpa que han interiorizado a través de la educación y la religión, y a esto se suma la enorme ineptitud de sus “amantes” también infectados por una ideología hipócrita, extrapolada en bueno o malo, puro o sucio, en pecado o virtud.
¡Que tristeza! Mujeres diseñadas evolutivamente para ser multiorgásmicas, pero junto a hombres (incluidos los putos) enajenados. Ambos géneros mutilados física, cultural y emocionalmente.
Pese a que me gustan los hombres, puedo asegurar que encuentro la arquitectura del cuerpo femenino más bello. El cuerpo del hombre es “práctico”, el de la mujer… mágico y sinuoso.
En cuanto a mi experiencia sexual con mujeres, nunca existió. Hace muuuuchos años un grupo de trasnochados, incluida la amiga de una loca (en aquel entonces se les llamaba folclóricamente fruit flies, hoy joteras en México, o mariliendres en España) amanecimos en una fiesta. Tirados sobre la cama y el piso platicábamos todos. Salió a tema las cualidades del pito que nos gustaría tener y por alguna razón alguien quiso ver una vagina real, no en fotografía, y el amigo le pidió a la chica que nos la enseñara. Clarita (su nombre) trabajaba como bailarina de cabaret y era una exquisitez morena con rostro de ángel, accedió, si yo a su vez le mostraba mi pene; ¡hecho!... bajé mi pantalón hasta las rodillas y lo enseñé. Clarita levantó su falda, bajó sus pantaletas y varios nos acercamos para mirar. Escudriñé con los ojos cada pliegue y rugosidad en los labios de su vulva y la entrada a su vagina, que me pareció hipnotizante. Entonces, por un segundo… quizás décimas de segundo, en un flashazo pasó por mi mente la imagen de mi lengua explorando ese terreno, y en el siguiente pestañeo, me trajo de regreso el griterío de las loquitas —¡Aaaay, lesbiana! ¡cochina, puerca, cerda! deja de mirar “eso”—, mientras todos estallábamos en carcajadas.
Hay muchos cuestionamientos derivados de mis charlas con mujeres, que quisiera responderme:
¿Por qué una mujer empoderada y autosuficiente, libre ya de la subyugación económica impuesta por un hombre, no puede o quiere coger con quien ella desee?
¿Por qué cuando una mujer coge con un hombre, no lo hace para satisfacerse a sí misma de la forma en que lo hacemos nosotros?
¿El simple planteamiento de estas preguntas, confirma mi total desconocimiento sobre la mujer? Aunque intuyo que pretender que una mujer ejerza su sexualidad, ya no digamos a mi modo sino de cualquier otro, es mucho más complejo dada su naturaleza, no tanto biológica como social, de la apreciación que de la promiscuidad se tiene y la forma en que se juzga esta dependiendo del género que la practica. Creo entrever que tampoco es idóneo para una mujer jugar con los hombres tal cual yo lo he hecho. Lo sé porque también soy hombre y siempre tomo la previsión de calcular fuerzas y el posible resultado de un encuentro lleno de orgullo herido o violento despecho entre nosotros; consideración que es menospreciada por los machos hacia una mujer. Así lo demuestra el repugnante promedio de 10 mujeres brutalmente asesinadas ¡POR DÍA! en México, a manos de sus propias parejas o por quien las cortejaba y fueron desairados por ellas.
Muchas veces he planteado que parte de mi estructura mental es femenina… y trato de identificar en cual de mis actos me “veo” mujer; ¿al mimar y cuidar de Jaime? ¿al dar la cara a la vida? ¿al romperle en nombre de todas las mujeres, el corazón a un hombre?…….
Tal vez no entiendo lo que significa ser mujer, pero definitivamente no es la creación que los hombres (heteros, gays y trans) hemos hecho de ella.





