1992 Noé
Contaba mi madre que cuando nací, ya traía según dice el dicho popular, una torta bajo el brazo.
Cuatro meses antes la tía Nena, hermana de mi papá, le pidió a mamá que la acompañara a la guardería infantil para recoger a mi prima mayor (es un decir, pues la niña tenía dos años), ellas dos estaban embarazadas y con motivo del Día de las Madres se estaba realizando una rifa. Entre el alboroto y la desorganización del evento, mamá obtuvo un boleto a pesar de no tener inscrito a ningún hijo ahí, y… ganó una canasta/cuna llena con tanta ropa, pañales, biberones y cosas para bebé, que alcanzaron hasta para mi hermano Fidel.
Seguro debí haber sido feliz esos primeros años, tengo recuerdos de haber vivido todos juntos; papá sostén del hogar, mamá ama de casa, mis otros dos hermanos, paseos, primos, tíos, tías y abuelos.
También puedo visualizar el jardín de niños donde aprendimos a hacer manualidades, jugar con rondas y en el que nos hacían tomar una siesta al mediodía, lo quisiéramos o no. Incluso tengo presente que una asistente de las educadoras, se llamaba Luisa.
En cuanto a tener conciencia de ser diferente, debo haberlo sabido muy pronto, y no era un impulso sexual por otros hombres, ni siquiera sabía lo que se podía hacer con los genitales, era una identificación hacia uno de los dos géneros existentes, al menos en lo visible. Nunca sentí rechazo por mi pene, aun así la empatía por la imagen femenina era total, similar a esa lejana evocación donde yo estaba en calzoncillos encima de la cama y acababan de bañarme. Mientras mamá buscaba ropa en el clóset, vi mi reflejo en la ventana, comencé a hacer una pose de Chica a Gogó, y al mirarme, ella dijo con un tono que por simple intuición me hizo sentir avergonzado:
Seguro debí haber sido feliz esos primeros años, tengo recuerdos de haber vivido todos juntos; papá sostén del hogar, mamá ama de casa, mis otros dos hermanos, paseos, primos, tíos, tías y abuelos.
También puedo visualizar el jardín de niños donde aprendimos a hacer manualidades, jugar con rondas y en el que nos hacían tomar una siesta al mediodía, lo quisiéramos o no. Incluso tengo presente que una asistente de las educadoras, se llamaba Luisa.
La casa en que vivíamos tenía ventanas a la calle por las que todas las tardes mirábamos los tres hermanos hacia afuera, para ver aparecer a mamá. De esa misma casa tengo la imagen de que Teresa, la niña púber que nos cuidaba, una ocasión me tendió sin calzoncillos sobre la orilla de la cama y acercó su pelvis desnuda (quizás su vagina) a mi pene, a lo mucho tendría yo cinco años.
Siempre creí que todas las personas teníamos de manera natural la misma capacidad para almacenar en la memoria toda clase de experiencias, pero con frecuencia me entero de que no es así o no les importa.
Siempre creí que todas las personas teníamos de manera natural la misma capacidad para almacenar en la memoria toda clase de experiencias, pero con frecuencia me entero de que no es así o no les importa.
En cuanto a tener conciencia de ser diferente, debo haberlo sabido muy pronto, y no era un impulso sexual por otros hombres, ni siquiera sabía lo que se podía hacer con los genitales, era una identificación hacia uno de los dos géneros existentes, al menos en lo visible. Nunca sentí rechazo por mi pene, aun así la empatía por la imagen femenina era total, similar a esa lejana evocación donde yo estaba en calzoncillos encima de la cama y acababan de bañarme. Mientras mamá buscaba ropa en el clóset, vi mi reflejo en la ventana, comencé a hacer una pose de Chica a Gogó, y al mirarme, ella dijo con un tono que por simple intuición me hizo sentir avergonzado:
—¡Ayyyy… pero que bonito te ves!
Yo tenía 7 años.
Medio siglo en el futuro, ver en internet los videos de pequeñitos moverse de la forma en que les da la gana con la total complacencia de sus progenitores, mueve emociones muy profundas en mí.
Poco a poco fui construyendo un mundo interior con mucho de fantasía y otro tanto de imágenes que llamaban poderosamente mi atención en cuentos, revistas y libros. La realidad apenas pude sostenerla gracias a los momentos que pasaba en compañía de escasísimos amiguitos (a los que muy probablemente veía guapos y fuertes) para compartir el recreo o el lunch, incluso protección, como la que uno de ellos un grado escolar más avanzado, me ofreció. Este niño me contó durante semanas, en pequeñas entregas, sus aventuras de cuando fue a la selva, al mar y a una casa embrujada; mientras yo lo escuchaba absorto y con una sensación de seguridad, porque me garantizó:
—Si alguien te quiere pegar, yo te "desfiendo".
Cuando ligué con Noé en el Marrakesh, no solo pasamos parte de la noche bebiendo cerveza y escuchando las viejas baladas en español que la sinfonola del lugar reproducía. Su rostro anguloso, esbeltez y pulcritud, su acento y trato provinciano, resucitaron del archivo de mi niñez, la fascinación provocada por aquellas ilustraciones que encontré en los Libros de Texto Gratuito de la Secretaría de Educación Pública, con los que estudié en la primaria.
En ese entonces no teníamos televisión y la única manera en que yo podía mirar gráficamente a otros hombres era en las fotografías y dibujos de revistas o libros. Sin embargo, juro que las imágenes de esos textos estimulaban en mí, una especie de respuesta casi "erótica" ya que me hacían desear ser parte de la escena, de caminar mano a mano junto con esos niños.
Y no podía evitar ver en Noé la encarnación ya adulta, de esos pequeños. Como tampoco pude evitar caminar junto a él (aunque sin tomarnos de la mano) rumbo a su hotel, para pasar una noche............... de fantasía realizada.
En ese entonces no teníamos televisión y la única manera en que yo podía mirar gráficamente a otros hombres era en las fotografías y dibujos de revistas o libros. Sin embargo, juro que las imágenes de esos textos estimulaban en mí, una especie de respuesta casi "erótica" ya que me hacían desear ser parte de la escena, de caminar mano a mano junto con esos niños.
Y no podía evitar ver en Noé la encarnación ya adulta, de esos pequeños. Como tampoco pude evitar caminar junto a él (aunque sin tomarnos de la mano) rumbo a su hotel, para pasar una noche............... de fantasía realizada.

