jueves, 5 de octubre de 2023

2014 Cesar


                                                         2014 César

                                                                                                                        "No vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos…"
                                                                                                                                                                                                                         Anais Nin


   César: (av) 28 años, en baños Mina, moreno, atlético, actitud muy masculina, Pasivo, mhhhh……...esto…......
   Ups! cada vez me queda menos que contar sobre "mis hombres” o siendo más concreto, sobre mí, porque recordemos que de acuerdo a la estructura que le di a esta antología, haría uso de sus nombres y de la poca o mucha información que guardo de ellos al escribir.
   Salvo en CINCO narraciones en los que dichos nombres fueron escritos con mi propia sangre, los hombres fueron solo un terrenal y frívolo pretexto para recordar mi paso por el mundo. Aun con todo, insisto, se acaban las crónicas. ¿Y de qué otra manera sería si hablo de 131 protagonistas, una salvajada si se compara con las poquísimas historias a las que en realidad se reduce el drama del hombre en su caminar por los milenios? Historias humanas de las que helenos e isabelinos extrajeron su esencia para reducirlas a un puñado de ellas... vividas, sufridas y gozadas una, y otra, y otra, y otra, y otra, y otra vez por cientos de millones de nosotros, con simples variantes culturales y temporales, porque la tragicomedia humana es universal.

   Otra cosa es que aun y con todo lo previsible que pudieron ser los hombres, me permití el gusto de disfrutarlos… a esos 131 y a los restantes que completaron el millar, cuando hace poco decidí abandonar el conteo de mi largo “kilhombretraje”.

   Je, je, je… que gracioso debo sonar, ¿o no? ¿O acaso mi hermano tenía razón cuando le pregunté qué opinaba acerca de este blog? Fue sutil y para ello usó una analogía literaria. Comentó que algún día leyó un libro donde el cronista que acompañaba al conquistador Gengis Kan en su avance por Asia, enumeraba las glorias militares obtenidas por tan descomunal guerrero y su letal ejército. Pronto comprendió que aquello era un inventario de devastación y muerte, y aunque sabía que no era posible hacer nada al respecto dada la naturaleza misma de la campaña de su Señor, intentó al menos preservar con letras, la imagen arquitectónica, musical, étnica, lingüista y cultural de las tierras que a su paso dominaba el Kan, creando (el cronista) un exquisito testimonio para la posteridad.

   Hasta lo que había alcanzado a leer Fidel de mi “obra”… no superaba yo la narrativa de la devastación.



   No, no puedo evitarlo… los hombres y el sexo con ellos son mi tema favorito; de la misma forma en que la pasión por los autos, sus modelos y bondades mecánicas le hacen hablar a mi hermano Víctor por torturantes horas; igual al placer que un conspiracionista siente cuando muestra pruebas "irrefutables" de vida alienígena que convive entre nosotros; o idéntico al goce supremo que muestra Doña Petra al poner al tanto de los chismes sobre quienes vivimos ahí, al resto de las vecinas en mi edificio.
   La afición de la humanidad por consumir millones de litros de alcohol, de cigarrillos, de toneladas de drogas, de mercancías innecesarias, de armas para la guerra, de adorar a sátrapas, a futbolistas o a la pantalla de su teléfono celular ¿debería ser menos vergonzante que las “puterías” de las que hablo en estas memorias y lo hecho con mi vida?
   Por el contrario, estoy sorprendido y a la par incrédulo por haber llegado vivo, entero físicamente y no tan entero pero al menos funcional mentalmente hasta el día de hoy.

   Si mi experiencia vital, ese haber consagrado mi existencia a la búsqueda de placer junto a los hombres, tuviera en algún lugar reconocimiento académico, estoy seguro de haber rebasado con mucho el nivel profesional, la maestría y ¿por qué no? el doctorado como puto.
¡Vaya!, si estos personajes: Roberto Palazuelos, socialité; Laura Bosso, conductora televisiva; Carlos Trejo, fantasmólogo; Arturo Durazo, siniestro ex jefe de la policía; Enrique Michel, fabricante de mazapanes; Carlos Villagrán, “Kiko” en el Chavo del 8 y Mitzi, diseñador de ropa, han recibido doctorados, ¿cuál sería el impedimento para yo merecer tal distinción?
Lo decreto y me veo:


                                                  Premios y reconocimientos a mi labor y trayectoria como Joto:


     * Doctorado Honoris Causa

     * Profesor Emérito

     * Cátedra Excelsis Deo


     * Mención Summa Cum Laude

     * Graduado con Honores

     * Consagración de la Primavera



...............Una disculpa por el exabrupto, me ganó la emoción.





   Quizás suene extraño por salir de mi boca, pero pese a que no lo parezca, hace mucho tiempo comprendí que ningún hombre podrá llenar mi alma, solo Dios, aun cuando la moneda de la apuesta sobre su existencia sigue en el aire. Sí, mis Amores y amoríos ocupan un precioso espacio, sin embargo, desde la adolescencia todo acto de mi vida, “bueno o malo”, sacro o terrenal, coger o meditar, placentero o doloroso, agradecer y maldecir, es una ofrenda al cielo… el único que conoce las razones por las que estoy aquí y ahora, en este impasse entre mi hasta hace poco exuberante vida y el cercano adiós; tal vez mejor expresado en ese fragmento del poema de Santa Teresa de Jesús:
…vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero…