jueves, 5 de octubre de 2023

2013 Claudio


                                                                                                                    2013 Claudio

   Ya había encontrado en anteriores ocasiones a Claudio en los baños Mina y siempre nos tomábamos un tiempo para retozar en su cuarto o el mío. Creo que otros no lo consideraban atractivo pues su pecho parecía haber sido bombardeado y mostraba gran cantidad de marcas similares a cráteres. La verdad es que durante la adolescencia sufrió una fuerte descompensación hormonal que le provocó un rabioso ataque de acné (que se apagó con los años), lo que a mi parecer no menguó su postura muy masculina y cuerpo cachondo, tanto así que no pude resistir el invitarlo a formar parte de mis expedientes XXX con el seudónimo de “vic”.

   Recuerdo muy bien la última vez que lo vi… cada quien cargaba sendos envoltorios con flores adquiridas en la víspera del Día de los Fieles Difuntos. Claudio, igual que yo y muchos millones de personas más, realizaba acorde a la fecha, los preparativos para honrar y recibir a nuestros seres queridos extintos, mis muertitos, de esa manera por mí llamados, los habitantes de un reino no menos real por etéreo y asentado en algún lugar de mi alma. Un reino cuyos materiales de construcción son las remembranzas, las preguntas sin respuesta, los retóricos monólogos, el amor y el dolor; tan sólidos como la piedra, la madera o el cristal [1].
   La Muerte, hasta antes de mis 30 años de edad, cuando la consideraba idílicamente parte de un proceso natural que cada ser debe bla, bla, bla, bla… no merecía ser escrita con mayúscula en todas las ocasiones que la cité.
¡Tremenda entidad es!, tan paradójica y brutalmente “viva”, va conmigo desde entonces siendo consejera, compañera, juez, condena y por qué no… fetiche.

   Dejó de ser un simple concepto metafísico para transformarse ante mis ojos en Medusa de mil cabezas: Muerte/natural, Muerte/accidental, Muerte/culpígena, Muerte/inesperada, Muerte/sacrificio, Muerte/putrefacta, Muerte/fantasma, Muerte/anónima, Muerte/mitificada, Muerte/masiva, Muerte espiritual, Muerte en vida, Muerte/amiga, Muerte/ansiada, y aun así... hasta hace poco también me significó Muerte/esperanza. Realmente llegué a creer que la Muerte era un portal para el reencuentro, fuera este con Dios, con mis seres amados, con una nueva vida, conmigo mismo o con el Todo, y no la NADA que vislumbré en mi roce con ella cuando los niñitos santos nos "presentaron".
Ahora considero ese evento la primera llamada; acechada muy de cerca por una segunda dos y medio años después, cuando sería diagnosticado con cáncer y retaría a la Muerte a no cogerme desprevenido, al publicar mi adiós en este Blog durante la vigilia previa al sopor que noqueara mi conciencia sobre la mesa del quirófano donde los médicos extirparían la carne mortal que invadió mis entrañas
.
Únicamente queda una tercera y final llamada, y junto con ella mi obsesión por prever, por escapar a lo que en tiempos juveniles iluminó a mi ser... la maravilla por lo inesperado, por las sorpresas que da la vida.
¿En qué momento mi espíritu se aletargó y llenó de tumores temores? Podría trabajar en el asunto, pero escatológicamente optaré por conjeturar sobre los posibles escenarios de nuestra muerte:

   ° Muero primero. La opción más “deseable”, pues en ella me visualizo un noble mártir anteponiendo mi propia muerte a la de Jaime………………. lo pienso mejor, y una pequeña duda se filtra por mi conciencia, ¿no será que en realidad preferiría evadir la siempre presente posibilidad de que una lastimosa y degradante enfermedad lo aquejara a él y YO tuviera que cuidarlo? ¿De vivir nuevamente la versión remasterizada del final de mamá? ¿Morir yo antes sería sacrificio o llano egoísmo?
Un posible consuelo para mi partida, aun por encima del dolor que seguro lo lastimaría, es que el carácter práctico y testarudo de Jaime lo llevaría a reconstruirse lo suficiente y caminar varios lustros adicionales, sabiendo que la modesta herencia por mi parte destinada para él, le haría la vida llevadera.

   ° Jaime muere primero. Podría ser que después de tantos años en equilibrio, su sistema inmunológico diera por terminada su bendita alianza con los medicamentos que le permiten vivir. O que la próspera delincuencia ya normalizada en este país o un accidente me lo arrebatara. Si la sola idea llena de temor y tristeza mi alma, el hecho sería devastador. No puedo imaginar la manera en que ocuparía mis días… y noches. Ya de por sí, y a pesar de gozar del amor y compañía de Jaime soy un hombre melancólico y antisocial, ahora ¿qué sería “vivir” sin él…?

   ° Morimos los dos. Los accidentes pasan y siempre forman parte del transitar por este mundo.
Jaime y yo somos morbosos seguidores de esos videos o programas de televisión que reseñan innumerables accidentes, donde lo que nos produce un verdadero shock es la absoluta incapacidad de encontrar un patrón o lógica al desenlace que tienen. Por supuesto que si se está realizando una actividad intoxicado por alcohol, drogas o de manera negligente, la posibilidad de un resultado trágico es evidente, no obstante es aterrador mirar cuando son otros, casi siempre cercanos circunstanciales al evento, a quienes la fatalidad toca.
O también está lo inevitable sin importar cuanta previsión se tenga. A veces pienso que mientras dormimos, terminaremos aplastados bajo los escombros de nuestro edificio a causa de alguno de los cíclicos terremotos que visitan esta ciudad.

   ° Muere nuestra relación. Podría ser que muriera por hastío, por traición, por descuido o porque una nueva promesa de amor llega al corazón de Jaime, ya que incluso he llegado a preferir que algo así suceda, pues el despecho o la rabia resultarían más tolerables que el dolor de la pérdida absoluta.

   ° Morimos según lo planeado. Hace muchos años “pacté” con Dios para que, si tuviera que recoger el alma de Jaime lo hiciera con la mía en canje al momento en que lo deseara, y aunque no llegara a ofrecerse el caso, añadí algo parecido a una fecha de caducidad. No pasaré de los 72 años ("corre cariño, ¡corre!, nada más quedan cinco"... escucho una vocecita susurrarme).
A cambio, ya lo dije, alargaría la salud y ánimo de Jaime tanto o más allá de la edad que yo alcanzara.
Me iría pletórico de experiencia, de sueños acariciados, por haber aprovechado la única oportunidad que se me dio, de haber vivido el paraíso y el infierno en esta misma tierra.

   ° O tal cual sucede cuando hago pronósticos sobre algo… es probable que no le atine a ninguna opción. En cualquier caso haré cuanto esté a mi alcance para lucir estoico cuando el final llegue.



Comparto la que para mí es la oda suprema a la Muerte:
Cold Song de Klaus Nomi.





[1] Se invita a leer de la serie BITÁCORA DE VIAJES: 2013 Noviembre décimo tercer viaje de mariguana BIENVENIDOS A MI CASA