2013 Noviembre: décimo tercer viaje de Marihuana BIENVENIDOS A MI CASA
Tiene
dos años que Jaime y yo llegamos a vivir a un nuevo hogar, cuando después de un
juicio testamentario que inició mi madre 35 años atrás (y que pude
concluir) se vendió la vieja casona de Alfonso XIII.
Era la casa de la
matriarca familiar: la Tía Rosa, que llegó ahí hace casi 100 años. Mi abuela
materna (su hermana menor) venía con ella cuando apenas tenía nueve años de
edad.
Creo
que yo fui el único que guarda buenos recuerdos de aquella casa. Durante todo
ese tiempo, sus ya de por sí robustos muros de adobe, se cubrieron con capas,
con costras de dolor, culpa, mentiras, castigo y muerte.
Aun así no dejaba de sorprender a quienes la conocieron. Causaba miedo, maravilla o envidia, pero nunca indiferencia.
Aun así no dejaba de sorprender a quienes la conocieron. Causaba miedo, maravilla o envidia, pero nunca indiferencia.
Se
vendió, y su historia (así como el dinero en manos de cada heredero) se
desvaneció.
Me siento algo acartonado, ¿Qué diré cuando abra la puerta? No sé. Creo que empezaré por abrir la puerta que separa a mi yo ralentizado de mi yo “encantador”, con un porro de cannabis.
En
cualquier momento van a llegar mis invitados, reviso los detalles de la mesa
con bocadillos. Para beber hay agua, cerveza y licor. La ambientación es a base
de velas y flores. Ese olor a sándalo le da un toque íntimo al entorno.
Sentado en un silloncito de la sala, frente a la ventana abierta, miro la
noche, esperando que... ¡Shhhhhhhhhhh! Oigo el zumbido de una flecha que
entra por la ventana, me atraviesa el pecho y sale por la espalda.
Inmediatamente llevo mis manos hacia el corazón.
¿Qué pasó? Percibo una
sensación de opresión dentro de mí y luego, advierto que algo se disemina por
mi cuerpo, por mi sangre. Seguro es una sustancia que venía en la punta de la
flecha.
Es una esencia, un concentrado puro de…¿¡Mamá!?
—Puedo distinguir tu olor, sentir tu calor, acariciar tu alma. Que felicidad tenerte dentro, quiero disfrutar al máximo este momento………..
—Puedo distinguir tu olor, sentir tu calor, acariciar tu alma. Que felicidad tenerte dentro, quiero disfrutar al máximo este momento………..
¡Shhhhhhhhhhh! Otra saeta. Mi torso vuelve a ser traspasado y un nuevo extracto me inunda, es
mi amado Martín.
—Reconozco al instante
tus ojos, que bueno es verte………..
¡Shhhhhhhhhhh! Otro certero dardo. Ni siquiera puedo permanecer sentado. Bañado en lágrimas estoy tirado en el piso, revolcándome de dicha, de un exquisito dolor en las entrañas, de un gozo y éxtasis que no cesa.
¡Shhhhhhhhhhh! Otro certero dardo. Ni siquiera puedo permanecer sentado. Bañado en lágrimas estoy tirado en el piso, revolcándome de dicha, de un exquisito dolor en las entrañas, de un gozo y éxtasis que no cesa.
Soy aguijoneado una y otra vez. Llega papá, Miguel, la abuela, Daniel, las Tías, Luis. No sé cuánto tiempo pasa, pero los vivo a todos.
—¿Quién cuidará de mis
muertitos cuando me haya ido?



