jueves, 5 de octubre de 2023

Bitácora de viajes

2013 Noviembre: décimo tercer viaje de Marihuana                          BIENVENIDOS A MI CASA



   Tiene dos años que Jaime y yo llegamos a vivir a un nuevo hogar, cuando después de un juicio testamentario que inició mi madre 35 años atrás (y que pude concluir) se vendió la vieja casona de Alfonso XIII.
   Era la casa de la matriarca familiar: la Tía Rosa, que llegó ahí hace casi 100 años. Mi abuela materna (su hermana menor) venía con ella cuando apenas tenía nueve años de edad.
   Creo que yo fui el único que guarda buenos recuerdos de aquella casa. Durante todo ese tiempo, sus ya de por sí robustos muros de adobe, se cubrieron con capas, con costras de dolor, culpa, mentiras, castigo y muerte.
   Aun así no dejaba de sorprender a quienes la conocieron. Causaba miedo, maravilla o envidia, pero nunca indiferencia.

   Se vendió, y su historia (así como el dinero en manos de cada heredero) se desvaneció.

 
   Sin embargo para mí, no desapareció del todo. Este departamento, mi nueva casa, es un pequeño brote de aquella, y me encantará que la conozcan hoy los familiares y amigos por quienes tengo un entrañable afecto.

   Me siento algo acartonado, ¿Qué diré cuando abra la puerta? No sé. Creo que empezaré por abrir la puerta que separa a mi yo ralentizado de mi yo “encantador”, con un porro de cannabis.
 


   En cualquier momento van a llegar mis invitados, reviso los detalles de la mesa con bocadillos. Para beber hay agua, cerveza y licor. La ambientación es a base de velas y flores. Ese olor a sándalo le da un toque íntimo al entorno.

   Sentado en un silloncito de la sala, frente a la ventana abierta, miro la noche, esperando que... ¡Shhhhhhhhhhh! Oigo el zumbido de una flecha que entra por la ventana, me atraviesa el pecho y sale por la espalda. Inmediatamente llevo mis manos hacia el corazón.
¿Qué pasó? Percibo una sensación de opresión dentro de mí y luego, advierto que algo se disemina por mi cuerpo, por mi sangre. Seguro es una sustancia que venía en la punta de la flecha.
   Es una esencia, un concentrado puro de…¿¡Mamá!?
   —Puedo distinguir tu olor, sentir tu calor, acariciar tu alma. Que felicidad tenerte dentro, quiero disfrutar al máximo este momento………..
   ¡Shhhhhhhhhhh! Otra saeta. Mi torso vuelve a ser traspasado y un nuevo extracto me inunda, es mi amado Martín.
   —Reconozco al instante tus ojos, que bueno es verte………..
   ¡Shhhhhhhhhhh! Otro certero dardo. Ni siquiera puedo permanecer sentado. Bañado en lágrimas estoy tirado en el piso, revolcándome de dicha, de un exquisito dolor en las entrañas, de un gozo y éxtasis que no cesa.

   Soy aguijoneado una y otra vez. Llega papá, Miguel, la abuela, Daniel, las Tías, Luis. No sé cuánto tiempo pasa, pero los vivo a todos.
 
   Me recompongo. Al levantarme, veo que han tomado su lugar en la mesa. Platico un poco de todo con cada quien, mordisqueo unas frutas, pellizco el tamal, remojo unos dulces en la cerveza, me recuesto sobre el diván, cierro los ojos.
 

 
   El frío del amanecer hace que despierte, veo que las velas ya se consumieron. Caminando hacia la cama, suspiro profundamente y pienso:
   —¿Quién cuidará de mis muertitos cuando me haya ido?




                                    regresar a                                                                                                                                                                                   ir a Índice de
                      Antología de Pitos y Leyendas                                                                                                                                                          Bitácora de Viajes