jueves, 5 de octubre de 2023

2015 Gerardo


                                                                                                              2015 Gerardo


   Puede que introducir la mano dentro del recto sea una filia exótica, mas no por ello poco común, al menos en el mundo gay, y esto queda claro al encontrar en páginas de ciberligue sexual, cientos de perfiles con hombres buscando una buena mano o un culo aguantador para su mano. De hecho, hay disponibles en la web, cursos para aprender a realizarlo con eficiencia. Cursos estructurados visual, temática y gramaticalmente (sin las guarradas que yo escribo, por ejemplo) de manera tan cuidadosa que parecen desarrollados por Osho mismo. Uno creería que se están vendiendo almohadas, o ensaladeras.
En una de ellas encontré:

—A la práctica sexual consistente en la introducción parcial o total de la mano en el recto o la vagina de la pareja se le conoce bajo el término fisting o fist fucking y dado que es una práctica extrema, se deben tomar en cuenta algunas consideraciones para evitar los desgarros anales u otras lesiones que pueden poner en riesgo la vida, pues hay algunos casos de fisting que han salido mal, presentan hemorragia y el aquejado debe ser llevado a urgencias, incluso, hacer necesaria una intervención quirúrgica.
Sin embargo, por sí mismo el fisting puede causar afecciones como incontinencia fecal, fístulas, laceraciones en las mucosas y lesiones internas tanto en el recto como en otros órganos.
Sin contar con el llamado prolapso rectal (o coloquialmente conocido por “dejar el calcetín de fuera”), lo que ocurre cuando el recto, la última parte del intestino grueso, sufre un estiramiento y sale del ano.


Y continúa:

                                                  —¿Cómo dar puño aminorando los riesgos?

   1. La higiene es fundamental, pues cuanta menor sea la presencia de restos fecales, menor será la probabilidad de infecciones.

   2. Uñas cortas, sin anillos ni pulseras que puedan lastimar y si es posible, mejor usar guantes de látex.

   3. No limitarse con el lubricante a base de agua o silicona (nunca aceite).

   4. La postura es muy importante, para conseguir una posición similar a la de una hamaca con el fin de lograr la penetración con el menor daño posible.

   5. Si se puede evitar, no hay que usar poppers, ya que con tal de aminorar el dolor o aumentar el placer, se puede pasar la mano... valga la redundancia.




   Lo irónico del asunto es que al practicar (siempre en el rol de top o sea penetrador) el fisting, descubrí que justo uno de esos indeseables efectos era el que buscaba yo con gran apetencia…........................... el prolapso, el rosebud, la Rosa, el floreado recto de mi receptor pues.

   Y nadie como Gerardo de 50 años, a quien contacté en Manhunt, flaco, cabello rizado y amena charla, (expediente XXX con el nombre de “gerarose”) tenía un magistral dominio sobre el propio culo, ello, en beneficio de mi glotón homúnculo.

   ¡Por Dios! la primera vez que me brindó el espectá-culo de su intestino visitando el mundo exterior quedé mesmerizado por su imagen, esa “caverna”, así descrita hace poco en otra de estas narraciones, la que apenas divisé retraída hacia el centro del abdomen de aquel pasajero amante, ahora Gerardo la expulsaba para presentarse ante mí, cínica y temblorosa, frágil pero desafiante, rojísima y retadora rosa del Principito… —¿Y bien? Estoy aquí, ¿qué puedes hacer conmigo? —casi pude escucharla que decía. Para comenzar, aspirar su orgánica fragancia. Gerardo sabía lo que hacía. Las veces que llegué a su estudio (pues era artista plástico), ya se había practicado los enemas suficientes para dejar inmaculadas sus tripas. Con los dedos rocé con suavidad y luego de manera envolvente tan fino y carnoso tejido. Al lengüetear esa rosa también descubrí que tenía sabor, un hasta entonces desconocido gustillo “eléctrico”. Era tal la destreza de esa flor, que juguetona entraba y resurgía de las profundidades, —A que no me comes… —juro que la oí de nuevo provocarme. Le puse una trampa, pegué mi boca a la entrada de su portal circular y… la rosa cayó atrapada en el interior de mi bocota, llenando cada recoveco que la conforma, chico o minúsculo, y yo al mismo tiempo, caí en un subconsciente trance extático y dual. Ahora reencarnaba en habitante de arcaicas cuevas, que a la luz de una fogata comulgaba en paleolíticos rituales de canibalismo. Segundos después me sentía magnánimo, compasivo al contener mi ansia por engullir esa "flor" al arrancarla de una sola dentellada, otorgándole el perdón con besos y suaves lamidas. Devoré e indulté una y otra vez hasta que, con toda su autoridad, sin haberla tocado siquiera, mi verga me vació de semen y ansiedad.

   Pero este hombre no hermoseaba su culo para ser relamido nada más. En otros encuentros con él, aparte de tragar, invertí el sentido de la exploración para divertirnos, e introduje en su interior dildos (consoladores) de muchos colores, largos y anchos, alternando también el juego con episodios de fisting.
De nuevo Gerardo mostró gala de dominio sobre su cuerpo y yo de asombro (obvio, también de lujuria). En la narración de Alejandro (2011) me dije sorprendido por haber entrevisto en el fondo de su recto un segundo acceso de entrada, pues bien, con Gerardo aprendí que por allí se ingresa al colon sigmoide, un tramo lateral del intestino grueso descendente con amplia movilidad, que a diferencia del resto del colon, el intestino delgado y las otras vísceras, no está sujeto a la bolsa serosa del diafragma. En otras palabras, con suficiente lubricación y paciencia, mi mano y antebrazo, sesión tras sesión rompieron nuevos récords de inmersión.
Desconozco si es posible ir más allá, pero cuando sentí en la punta de mis dedos los potentes latidos del ¡corazón! de Gerardo, supe que era suficiente, pues desde otras lúgubres profundidades, mis pensamientos se bifurcaban de nuevo… erigiéndome primero, en brutal inquisidor medieval a punto de destriparlo, disuadido no obstante en el siguiente parpadeo mental y para salvación del infeliz, por el misericordioso San José Cafasso, protector y acompañante de los condenados a muerte. Ambos ¿quién lo diría? servidores de Dios.



   Esta práctica erótica no es recomendable para…….. (de hecho no es recomendable y punto) quien no sienta un mínimo de empatía por su compañero, quien literalmente entrega el corazón. Filia que dada su gran demanda será difícil no hallar en alguno de los muchos encuentros sexuales que los gays buscamos, y por ello podríamos al menos canjear la "profundidad" por una rica variedad de juguetes y juegos limitados al área del recto y que no se dude… conoceré, divertidos y llenos de morbo.