1994 Zicco
Una tarde entró al cuarto de vapor en los baños Mina un hombre maduro, cuarentón, robusto, con cabello rizado y de aspecto serio e insípido. Apenas si llamó mi atención cuando se paró en el muro opuesto donde me encontraba sentado. Minutos después caminó hacia el área donde yo estaba, volvió a recargarse en la pared aledaña a la banca y se plantó a un lado mío.
Un movimiento muy familiar lo sacó de la invisibilidad que le otorgué… cruzaba los brazos sobre el pecho y con las yemas de los dedos pellizcaba y retorcía sutilmente sus tetillas. Puse más atención, bajó por un segundo los brazos antes de regresar a su faena de auto estimulación y mis pupilas se estrellaron con dos enormes pezones gordos, duros y morenos del tamaño de una cereza. Mi corazón comenzó a desbocarse, hubo un juego de miradas, le vi a los ojos e inmediatamente a las tetas, suspendió su manoseo un instante y lo retomó al tiempo que cerraba lentamente los párpados. Al abrirlos, su expresión me advertía que tenía carta abierta para servirme, incliné levemente la cabeza para llamarlo, se colocó frente a mí y comencé a mamar esos manjares, él permaneció parado, inmóvil, casi estoico. Supe que estaba gozando porque la pequeña oquedad que todos tenemos abajo del esternón pulsaba de manera potente, además del campaneo ocasional que levantaba la sábana con la que cubría su pubis.
Un movimiento muy familiar lo sacó de la invisibilidad que le otorgué… cruzaba los brazos sobre el pecho y con las yemas de los dedos pellizcaba y retorcía sutilmente sus tetillas. Puse más atención, bajó por un segundo los brazos antes de regresar a su faena de auto estimulación y mis pupilas se estrellaron con dos enormes pezones gordos, duros y morenos del tamaño de una cereza. Mi corazón comenzó a desbocarse, hubo un juego de miradas, le vi a los ojos e inmediatamente a las tetas, suspendió su manoseo un instante y lo retomó al tiempo que cerraba lentamente los párpados. Al abrirlos, su expresión me advertía que tenía carta abierta para servirme, incliné levemente la cabeza para llamarlo, se colocó frente a mí y comencé a mamar esos manjares, él permaneció parado, inmóvil, casi estoico. Supe que estaba gozando porque la pequeña oquedad que todos tenemos abajo del esternón pulsaba de manera potente, además del campaneo ocasional que levantaba la sábana con la que cubría su pubis.
Mi lengua y pito tocaron el cielo, y el caballero salió del cuarto.
Cuando también escapé de la tibia neblina de esa sala, Zicco estaba esperándome en el pasillo para platicar. Dijo no ser gay pero sí brasileño, tener que ver con el futbol profesional y que era conocido como “el Inge”.
Siempre que nos encontramos en los Mina, le di una esmerada atención, aunque él nunca se venía.
Meses más tarde me comentó que dejaría el país. Se mudaría con su esposa e hijo a España para poner un restaurante en Sevilla y preguntó si desearía yo ir a trabajar con él, le expliqué que estaba muy bien en mi trabajo y agradecí su confianza. En ningún momento volvería a verlo.
Meses más tarde me comentó que dejaría el país. Se mudaría con su esposa e hijo a España para poner un restaurante en Sevilla y preguntó si desearía yo ir a trabajar con él, le expliqué que estaba muy bien en mi trabajo y agradecí su confianza. En ningún momento volvería a verlo.
A estas alturas de mi antología, es una referencia casi reiterada la mención de los pezones que poseen mis parejas sexuales; de hecho, si se ha puesto atención a los registros básicos de información
(donde aparecen los nombres de los hombres sobre los que no escribí cuento alguno) en muchos de ellos aparece al final la abreviatura “Pzn”, que indica que esa persona tal vez no ameritó una narración, pero seguramente hizo la delicia de mis labios a causa de la excitante dimensión de sus tetillas, y ¡ojo!, no hablo de tetas parecidas a senos de mujer, pueden ser pectorales planos o musculosos, no importa, lo fundamental es el TAMAÑO de los pezones.
Sobre esta parte del cuerpo humano, la masa popular tiene una peculiar visión antagónica, por un lado es santificada al ser instrumento de maternidad y, por otro, como objeto de deseo por parte de pervertidos.
Sobre esta parte del cuerpo humano, la masa popular tiene una peculiar visión antagónica, por un lado es santificada al ser instrumento de maternidad y, por otro, como objeto de deseo por parte de pervertidos.
Antes de que la obviedad me clasifique en el segundo grupo, quisiera tener la oportunidad de exponer algunos datos sobre el tema. Para ello recurriré al auxilio del erudito:
De Pezonis Deus Corpus
ó
Tratado sobre los Pezones de Dios
Haciendo una simple consulta en internet puse la frase: pezones sexis de mujer. Google me arrojó SEIS millones de resultados. Claro que no revisé todos, pero sí una veintena de listas y en todas aparecieron entre las primeras cinco palabras, los términos: tetas, mujer, enormes, XXX, sexy, gigantes, videos, pechos, porno, grandes, y algunas más que no mostraban la menor duda sobre el criterio que deben usar los programadores que alimentan dicha página web. Cuando repetí el ejercicio ahora con la proposición, pezones sexis de hombre, el poderoso motor de búsqueda de esta compañía me proporcionó ¡144 tristes resultados! Mas lo irónico del asunto es que aun en las pocas páginas enumeradas, se hablaba de cine, de tiendas virtuales de ropa o de piezas para hacer piercing, de la forma en que un hombre debería estimular los pezones de una mujer, de cómo comprar libros electrónicos, incluso un usuario muy preocupado preguntaba a Google:
—¿¡Por qué los hombres tenemos pezones!? —y una respuesta muy profesional lo tranquilizaba asegurándole que en los machos humanos solo eran órganos “vestigiales”.
Sin embargo, cuando se sabe hacer una búsqueda certera, otras páginas aclaran que más que vestigiales son latentes, ya que un perfecto equilibrio hormonal impide que se desarrollen igual que mamas femeninas, tal como sucede en porcentajes muy bajos con la ginecomastia juvenil, donde un regateo hormonal tiene lugar en el cuerpo de un adolescente varón candidato a adulto, y que por lo común es resuelto por un endocrinólogo o un cirujano. La otra variante sería la ginecomastia provocada por los fortísimos cocteles de esteroides tan apreciados por hombres que desean ganar mucha masa muscular, ignorando que incluyen estrógenos -microgramos de estos- pero poderosos promotores de crecimiento (a mi parecer, bendito) mamario, casi siempre de los pezones.
Para internet o para la casi totalidad de la raza humana, los pezones de hombre no existen. Pobres pezones desnervados, des graciados y despreciados. El género masculino, ha sido despezonalizado…
Pero, no hay que confundirse y creer que el pezón masculino “normal” es plano y apagado, de la misma forma en que no hay un solo color de ojos, un único tamaño de pies, boca o verga, un exclusivo tipo de cabello, no. Para bienaventuranza de la evolución… (¡ay bueno no lo sé!, pero sí para mí) hay en el pezón macho una maravillosa y natural variedad de anchos, largos y gruesos, colores y texturas, geometría cónica, esférica, plana o cilíndrica, y SOBRE TODO la misma cantidad de terminaciones nerviosas que las encontradas en el pezón femenino. La experiencia personal hace atreverme a asegurar que cada pezón es similar a una pequeña verguita, igualmente interconectado con el cerebro, el pene y las emociones.
Que una cultura enemiga del placer libre (no institucional), haga creer a su población que el erotismo se reduce al binomio pene/orificio, es otra cuestión.
°
La historia del pezón se remonta a 200 millones de años en el pasado cuando surgimos los mamíferos. Aunque evidentemente no hay imágenes de aquellos antepasados amamantando, sí las hay por miles en la actualidad, y a menos que se trate de un reflejo atávico derivado de mi rama taxonómica, puedo ver el poderoso significado que esa minúscula protuberancia tiene para las vulnerables crías cuya única garantía de supervivencia depende de los fluidos que nacen de ahí y son sorbidos por su boca.
La complejidad evolutiva de la especie humana, aplica también en el caso de los profundos vínculos que se crean entre una madre lactante y su cría.
Imagino la primera impronta de un bebe: la tibieza del cuerpo materno, el contacto visual, el regalo de vida que recibe al succionar. Triada que llena su universo.
Entonces viene el destete, la desvinculación carnal con la madre, la socialización del infante a través de las instituciones encargadas de domesticarlo en lo que DEBE ser y hacer, y finalmente perpetuar la cultura y modelo de vida en el que creció.
La experiencia emocional vivida en la temprana niñez, en teoría se sedimenta en el subconsciente y se acomoda según papá Freud en la siguiente lista de etapas de desarrollo psicosexual, mismas que definirán la personalidad de un adulto:
Etapa oral
Etapa anal
Etapa fálica
Etapa de latencia
Etapa genital
Entonces viene el destete, la desvinculación carnal con la madre, la socialización del infante a través de las instituciones encargadas de domesticarlo en lo que DEBE ser y hacer, y finalmente perpetuar la cultura y modelo de vida en el que creció.
La experiencia emocional vivida en la temprana niñez, en teoría se sedimenta en el subconsciente y se acomoda según papá Freud en la siguiente lista de etapas de desarrollo psicosexual, mismas que definirán la personalidad de un adulto:
Etapa oral
Etapa anal
Etapa fálica
Etapa de latencia
Etapa genital
A cada etapa no resuelta le corresponde un rasgo patológico en la propia personalidad. Sin necesidad de recostarme sobre diván alguno, especularé de manera “creativa” sobre el estado psíquico que guarda mi cabeza bajo el supuesto de que ni siquiera superé exitosamente la primera de ellas.
La definición de Fijación Oral según Freud, es “que, si se frustran los deseos libidinales del bebé en la etapa oral, es decir, si se descuida o se le da en exceso la lactancia materna, o si se desteta demasiado tarde o demasiado temprano, puede volverse un adulto oral-fijado.
La definición de Fijación Oral según Freud, es “que, si se frustran los deseos libidinales del bebé en la etapa oral, es decir, si se descuida o se le da en exceso la lactancia materna, o si se desteta demasiado tarde o demasiado temprano, puede volverse un adulto oral-fijado.
Esta fijación puede manifestarse de varias formas. Puede resultar en un deseo de estimulación oral constante, como comer, fumar, alcoholismo, morderse las uñas o chuparse el dedo”.
Yo no fumo ni me como las uñas, pero me fascina tomar cerveza, llenarme la panza de comida, y aunque no me chupo el dedo, digamos que un pezón grande y gordo podría funcionar de sustituto ideal. ¿En qué momento mi cerebro hizo la transferencia de un pezón femenino a uno masculino? No tengo idea, pero desde mis primeros encuentros con hombres poseedores de ese atributo, mi pasión por esas bolitas de carne sensible, se abrió paso a través de mis sesos hasta convertirse en monarca de mis fetiches sexuales.
Yo no fumo ni me como las uñas, pero me fascina tomar cerveza, llenarme la panza de comida, y aunque no me chupo el dedo, digamos que un pezón grande y gordo podría funcionar de sustituto ideal. ¿En qué momento mi cerebro hizo la transferencia de un pezón femenino a uno masculino? No tengo idea, pero desde mis primeros encuentros con hombres poseedores de ese atributo, mi pasión por esas bolitas de carne sensible, se abrió paso a través de mis sesos hasta convertirse en monarca de mis fetiches sexuales.
Luego, cuando sigo leyendo sobre las demás etapas de desarrollo psicosexual y encuentro que el “premio” obtenido por haber sacado 10 en todas ellas, es una maravillosa vida heterosexual normal, con "misioneras" relaciones sexuales normales, con hijitos normales, valores morales, éticos y espirituales normales, ¡por supuesto! con problemas normales; y sobre todo, el aplauso de una sociedad normal……… definitivamente sé que como pececillo atraído por un suculento anzuelo, prefiero seguir saliendo a buscar a un hombre con un buen par de tetas del cual amamantarme mientras busco en el iris de sus ojos, las estrellas y la gloria de Dios.

