1990 Facundo
"Mi cuerpo es un Templo, y yo lo respeto como tal…" He escuchado (entre ellos a Facundo) mencionar esa frase con mucha frecuencia a quienes en realidad deseaban decirme: "eres un puto que coge con todo el mundo".
Y una vez más, vuelvo a preguntarme en qué momento el
ejercicio de la sexualidad se convirtió en adjetivo y no en verbo; en algo “sucio”
o “puro” dependiendo del estado emocional o civil de quien lo vive.
Si soy tu pareja formal, te doy una santa cogida por amor, y un orgasmo te hace tocar el cielo...... ¿es bueno? Pero si soy un desconocido, te doy una santa cogida por placer, y un orgasmo te hace tocar el cielo ¿es… malo?
El solo ver o sentir que un pene se va endureciendo es como si
dijera: "me está causando placer lo que
dices…, o lo que haces…, o lo que representas para mí…, o lo que miro… aunque tú no lo sepas ni lo entiendas".
Si mi verga ignora
o responde con el mismo lenguaje a su amigo, el mensaje se ha completado. Lo que
siga después ya dependerá de otro órgano, también físico y mucho más complejo
que un conjunto de cavernas que responden a la mecánica hidráulica con flujos
de sangre.
Coger es tan bueno o tan malo según la mente de quien
coge (o no coge), lo decida o le hayan hecho decidir y, por supuesto en base a la
normatividad social y jurídica establecida.
Era un buen hombre, sensible e idealista, teníamos buenas cogidas, pero comenzó a forzar la relación a pesar de que le dejé claro que no podíamos tener nada más que sexo. Le dio por seguirme y fingir encuentros “sorpresivos”:
—¡Oh, qué coincidencia!, la suerte quiere que nos encontremos —exclamaba Facundo mientras yo lo miraba con expresión de fastidio.
Fui siendo más duro y cínico con él, y eso solo parecía alimentar su obsesión.
Repentinamente, un día introdujo por debajo de la puerta de mi casa un dibujo. Tal vez era un conjuro o exorcismo, porque ya no supe más de él.


