jueves, 5 de octubre de 2023

1990 Facundo

                                                                                                                 1990 Facundo


   "Mi cuerpo es un Templo, y yo lo respeto como tal…" He escuchado (entre ellos a Facundo) mencionar esa frase con mucha frecuencia a quienes en realidad deseaban decirme: "eres un puto que coge con todo el mundo".

   Y una vez más, vuelvo a preguntarme en qué momento el ejercicio de la sexualidad se convirtió en adjetivo y no en verbo; en algo “sucio” o “puro” dependiendo del estado emocional o civil de quien lo vive.

   Si soy tu pareja formal, te doy una santa cogida por amor, y un orgasmo te hace tocar el cielo...... ¿es bueno? Pero si soy un desconocido, te doy una santa cogida por placer, y un orgasmo te hace tocar el cielo ¿es… malo?


   Independientemente de que la respuesta sexual masculina (y humana) esté formada por muchos componentes (fisiológico, social, psicológico, emocional, etc.), en su expresión más básica, un hombre me indica que siente placer porque tiene la verga parada, obvio, cuando poco antes no la tenía así. Y ¡más obvio aún! cuando no existe una limitación de tipo somático que lo impida. Ahora, siendo honestos deseo aclarar que tampoco hay un gran misterio en ello; de hecho, a los hombres se nos pone duro el pito con cualquier pretexto.

El solo ver o sentir que un pene se va endureciendo es como si dijera: "me está causando placer lo que dices…, o lo que haces…, o lo que representas para mí…, o lo que miro… aunque tú no lo sepas ni lo entiendas".

Si mi verga ignora o responde con el mismo lenguaje a su amigo, el mensaje se ha completado. Lo que siga después ya dependerá de otro órgano, también físico y mucho más complejo que un conjunto de cavernas que responden a la mecánica hidráulica con flujos de sangre.

   Coger es tan bueno o tan malo según la mente de quien coge (o no coge), lo decida o le hayan hecho decidir y, por supuesto en base a la normatividad social y jurídica establecida.



 
 Cuando cogía con Facundo, su sólido “templo” hecho con piedra volcánica Cholulteca, recibía muy gustoso a mi feligrés. Sin embargo, cuando yo hacía la "visita de las 7 (¿u 8, o 9, o 10?) casas", entonces su Santa Inquisición me quemaba con leña verde en la pira de los oídos de todos mis conocidos.

   Era un buen hombre, sensible e idealista, teníamos buenas cogidas, pero comenzó a forzar la relación a pesar de que le dejé claro que no podíamos tener nada más que sexo. Le dio por seguirme y fingir encuentros “sorpresivos”:

—¡Oh, qué coincidencia!, la suerte quiere que nos encontremos —exclamaba Facundo mientras yo lo miraba con expresión de fastidio.

   Fui siendo más duro y cínico con él, y eso solo parecía alimentar su obsesión.

   Repentinamente, un día introdujo por debajo de la puerta de mi casa un dibujo. Tal vez era un conjuro o exorcismo, porque ya no supe más de él. 




   Por otra parte, diré que mi “templo” en su componente físico está hecho con proteína de buena calidad, de ejercicio sistemático, de agua, de linfocitos asesinos, de adrenalina y mucha testosterona. En su aspecto inmaterial: lo construyen dioses, demonios, sueños y recuerdos, penitencia y esperanza, que en total forman un conjunto aceptable... detalle importante si se toma en cuenta la generosa cantidad de "peregrinos" que recibe al año.