jueves, 5 de octubre de 2023

1984 Oscar

                                                                                          1984 Oscar


   Viajar tal vez es lo único que supera en mí,
el placer de coger. Bueno, digámoslo así porque es un placer doble, pues no concibo visitar un pueblo, ciudad o país, sin degustar el
"plato típico regional”.
 Puedo coger cuando yo quiera, ¿pero viajar?


 
   Ese año el taller de verano en la biblioteca infantil tuvo un éxito total. María mi compañera de trabajo y yo, hicimos una mancuerna perfecta, quizás porque ambos tenemos almas libres, solo que ella proviene de una familia de clase alta.
   Una vez que terminó sus estudios como profesora en un colegio "bien", decidió entrar a un programa de intercambio cultural para perfeccionar el idioma inglés. Trabajó de nanny en Londres durante dos años al mismo tiempo que recorría Europa con sus patrones o por su cuenta. Regresó a México hablando un elegante inglés británico y entró a trabajar a las bibliotecas.
    Su familia tenía una larga tradición de fieles laicos comprometidos con el trabajo social. María, sus hermanas y otras personas participaban en una organización llamada Colonias de Vacaciones, que una temporada al año llevaba durante una semana a niños de comunidades en extrema pobreza para vacacionar en una enorme hacienda en el Estado de Morelos, con dormitorios, comedores, alberca y jardines. Los voluntarios ejecutaban un perfecto plan de actividades recreativas, con juegos, disfraces y escenificaciones que hacían sentir a los pequeñitos que estaban en Disneylandia (rural, pero Disneylandia al fin), ya que jamás habían experimentado una vivencia tan deslumbrante. María me invitó a tomar un curso de capacitación para formar a los voluntarios de esa agrupación, donde aprendí técnicas de actuación, improvisación, organización y a maximizar los recursos disponibles para un objetivo.
   También pude ver que el dogmatismo o falta de visión en no pocos compañeros del grupo, no les permitía mirar la filosofía o intención de esta asociación. Reclamaban, que por qué mejor no se les daba ese dinero a los niños. El costo promedio por la manutención de un niño durante esas vacaciones equivalía a varios bultos de maíz o a un pequeño cerdo que seguramente se comerían en unas semanas. Esa “ayuda” no haría ningún cambio en el cerebro de los infantes, sin embargo, el shock de ver que la fantasía se puede materializar, que hay otras formas de vivir y mirar el mundo, podría motivar y despertar el espíritu de algunos niños y niñas.
   Tal vez no se sabría nunca cuántos lograrían cambiar su destino, pero era el ideal al que apostaba esa organización.

   Yo moría por aplicar lo que aprendí allá, y junto con María, estructuramos un programa que con cantos, juegos y teatro se proponía acercar a los niños, al gusto por la lectura. Los directivos estaban muy complacidos con el resultado y decidieron que en todas y cada una de las bibliotecas infantiles que se estaban abriendo y abrirían a lo largo del país, iríamos un grupo de capacitadores para formar a sus  bibliotecarios.
   Durante tres años tuve la fortuna de conocer muchos pueblos y ciudades. El efecto de ello, fue similar al que se deseaba crear en aquellos humildes niños. Nació en mí una incansable curiosidad por mirar y pisar nuevos templos y edificios, degustar paisajes, objetos y sabores, otros acentos y lenguas, nuevas formas de ver el mundo.
 

   En Cancún, un joven bajito, fuerte y muy dulce, con clásicos rasgos mayas, al que conocí en un bar gay, me hizo recordar a esos pequeños a los que Colonias de Vacaciones pretendía inocular con el deseo de superar sus propias limitaciones. Oscar preguntaba con avidez cómo era tal o cual lugar, qué tan lejos estaba, qué se comía, en qué podría trabajar. Tenía poco de haber salido de su comunidad, pues allá nunca entenderían su atracción por los hombres. En esta ciudad turística estaba solo, pero al menos tenía la oportunidad de conocer otras tierras a través de la propia boca (y otros orificios) de sus embajadores masculinos. Acordamos "visitar” a su manera la Ciudad de México, el inconveniente es que por el elevado costo de los hoteles en Cancún, yo había llegado a un albergue juvenil al que no pude invitarlo.
   Decidimos que el paseo sería breve y excitante en un parque poco iluminado cerca del manglar.
El despegue fue instantáneo y prometía mucha diversión, nada más que tuvimos que hacer un aterrizaje de emergencia pues en unos minutos ya nos habían devorado un millar de mosquitos. Entre risotadas y picaduras enrojecidas, salimos corriendo con los pantalones a medio subir y pospusimos indefinidamente el tour para cuando hubiera mejores condiciones.

 
   Esta pasión por viajar, trataré de compartirla (cuando las condiciones y presupuesto lo permitan) con aquellos que amaré a lo largo de mi vida.
   Aunque debo aclarar que mi estilo siempre ha sido opuesto al que en este momento promueve la influencer de viajes, la Kukis Alcalá, en la estación de radio que escucho mientras escribo.
Es... "el nuevo turismo 'orgánico' que te ofrece el Hotel Maharajá Mayan Emperator, donde podrás disfrutar de la soberbia cocina del chef escandinavo Sigfrid Lindström, creador de los Papadzules Petrus de Huitlacoche al Vino Tinto, o gozar de variadas amenities como clases de Tantra Yoga Himalayo Chamánico que te hará olvidar las penurias de tu atribulada vida……….."
   PASO, soy mochilero, llego a hoteles económicos y hasta donde mi intrépido sistema digestivo lo permite, pruebo la comida de puestos callejeros o en las fondas en que los lugareños comen.
El itinerario siempre incluirá templos religiosos, museos, centro histórico o arqueológico, monumentos arquitectónicos y puteros gays.