Viajar tal vez es lo único que supera en mí,
el
placer de coger. Bueno, digámoslo así porque es un placer doble, pues no concibo
visitar un pueblo, ciudad o país, sin degustar el
"plato típico regional”.
Puedo coger cuando yo quiera, ¿pero viajar?
Puedo coger cuando yo quiera, ¿pero viajar?
Una vez que terminó sus estudios como
profesora en un colegio "bien", decidió entrar a un programa de
intercambio cultural para perfeccionar el idioma inglés. Trabajó de nanny en Londres durante dos años al
mismo tiempo que recorría Europa con sus patrones o por su cuenta. Regresó a
México hablando un elegante inglés británico y entró a trabajar a las
bibliotecas.
Su familia tenía una larga tradición de fieles laicos comprometidos con el trabajo social. María, sus hermanas y otras personas participaban en una organización llamada Colonias de Vacaciones, que una temporada al año llevaba durante una semana a niños de comunidades en extrema pobreza para vacacionar en una enorme hacienda en el Estado de Morelos, con dormitorios, comedores, alberca y jardines. Los voluntarios ejecutaban un perfecto plan de actividades recreativas, con juegos, disfraces y escenificaciones que hacían sentir a los pequeñitos que estaban en Disneylandia (rural, pero Disneylandia al fin), ya que jamás habían experimentado una vivencia tan deslumbrante. María me invitó a tomar un curso de capacitación para formar a los voluntarios de esa agrupación, donde aprendí técnicas de actuación, improvisación, organización y a maximizar los recursos disponibles para un objetivo.
Su familia tenía una larga tradición de fieles laicos comprometidos con el trabajo social. María, sus hermanas y otras personas participaban en una organización llamada Colonias de Vacaciones, que una temporada al año llevaba durante una semana a niños de comunidades en extrema pobreza para vacacionar en una enorme hacienda en el Estado de Morelos, con dormitorios, comedores, alberca y jardines. Los voluntarios ejecutaban un perfecto plan de actividades recreativas, con juegos, disfraces y escenificaciones que hacían sentir a los pequeñitos que estaban en Disneylandia (rural, pero Disneylandia al fin), ya que jamás habían experimentado una vivencia tan deslumbrante. María me invitó a tomar un curso de capacitación para formar a los voluntarios de esa agrupación, donde aprendí técnicas de actuación, improvisación, organización y a maximizar los recursos disponibles para un objetivo.
También pude ver que el dogmatismo o
falta de visión en no pocos compañeros del grupo, no les permitía mirar la
filosofía o intención de esta asociación. Reclamaban, que por qué mejor no se les
daba ese dinero a los niños. El costo promedio por la manutención de un niño
durante esas vacaciones equivalía a varios bultos de maíz o a un pequeño cerdo
que seguramente se comerían en unas semanas. Esa “ayuda” no haría ningún cambio
en el cerebro de los infantes, sin embargo, el shock de ver que la fantasía se puede materializar, que hay otras formas de vivir y mirar el mundo, podría motivar y despertar el espíritu de algunos niños y niñas.
Tal vez no se sabría nunca
cuántos lograrían cambiar su destino, pero era el ideal al que apostaba esa
organización.
Yo moría por aplicar lo que aprendí allá, y junto con María, estructuramos un programa que con cantos, juegos y teatro se proponía acercar a los niños, al gusto por la lectura. Los directivos estaban muy complacidos con el resultado y decidieron que en todas y cada una de las bibliotecas infantiles que se estaban abriendo y abrirían a lo largo del país, iríamos un grupo de capacitadores para formar a sus bibliotecarios.
Durante tres años tuve la fortuna de conocer muchos pueblos y ciudades. El efecto de ello, fue similar al que se deseaba crear en aquellos humildes niños. Nació en mí una incansable curiosidad por mirar y pisar nuevos templos y edificios, degustar paisajes, objetos y sabores, otros acentos y lenguas, nuevas formas de ver el mundo.
En Cancún, un joven bajito, fuerte y muy dulce, con clásicos
rasgos mayas, al que conocí en un bar gay, me hizo recordar a esos pequeños a
los que Colonias de Vacaciones pretendía inocular con el deseo de superar sus
propias limitaciones. Oscar preguntaba con avidez cómo era tal o cual lugar,
qué tan lejos estaba, qué se comía, en qué podría trabajar. Tenía poco de
haber salido de su comunidad, pues allá nunca entenderían su atracción por los
hombres. En esta ciudad turística estaba solo, pero al menos tenía la
oportunidad de conocer otras tierras a través de la propia boca (y otros
orificios) de sus embajadores masculinos. Acordamos "visitar” a su manera la
Ciudad de México, el inconveniente es que por el elevado costo de los hoteles
en Cancún, yo había llegado a un albergue juvenil al que no pude invitarlo.
Decidimos
que el paseo sería breve y excitante en un parque poco iluminado cerca del
manglar.
El despegue fue instantáneo y prometía mucha diversión, nada más que tuvimos que
hacer un aterrizaje de emergencia pues en unos minutos ya nos habían devorado
un millar de mosquitos. Entre risotadas y picaduras enrojecidas, salimos
corriendo con los pantalones a medio subir y pospusimos indefinidamente el tour para cuando hubiera mejores
condiciones.
Aunque debo aclarar que mi estilo siempre ha sido opuesto al que
en este momento promueve la influencer de viajes, la Kukis Alcalá, en la estación de radio que escucho mientras escribo.
Es... "el nuevo
turismo 'orgánico' que te ofrece el Hotel Maharajá
Mayan Emperator, donde podrás disfrutar de la soberbia cocina del chef escandinavo
Sigfrid Lindström, creador de los Papadzules Petrus de Huitlacoche al Vino Tinto, o gozar de variadas amenities como clases de Tantra Yoga Himalayo Chamánico que te hará olvidar
las penurias de tu atribulada vida……….."
PASO, soy mochilero, llego a hoteles económicos y hasta donde mi intrépido sistema digestivo lo permite, pruebo la comida de puestos callejeros o en las fondas en que los lugareños comen.
PASO, soy mochilero, llego a hoteles económicos y hasta donde mi intrépido sistema digestivo lo permite, pruebo la comida de puestos callejeros o en las fondas en que los lugareños comen.
El itinerario
siempre incluirá templos religiosos, museos, centro histórico o arqueológico, monumentos
arquitectónicos y puteros gays.




