jueves, 5 de octubre de 2023

1986 Eduardo




                                                                  1986 Eduardo

   Estaba en una cervecería muy popular en el centro de la Ciudad de Guatemala y nunca hubiera imaginado un concepto tan original. ¡Todo! el piso estaba cubierto con una gruesa capa de cáscaras de cacahuate, que los mismos parroquianos arrojábamos de la mesa, después de pelar esta semilla de la que se ponían cestos llenos sobre la mesa a manera de botana. Eduardo, yo y otros dos amigos espontáneos de borrachera, tomábamos cerveza Gallo. Uno de ellos también era mexicano y discutía con el chapín, término con que se autodefinen los guatemaltecos para diferenciarse de los guanacos (salvadoreños), de los catrachos (hondureños) o de los nicos y ticos (nicaragüenses y costarricenses). Nunca supe si los panameños tienen algún sobrenombre que los identifique dentro de este riquísimo mosaico de naciones centroamericanas con movilidad libre entre todos sus ciudadanos.
   El chapín preguntaba por qué unos mexicanos se interesaban en visitar Guatemala teniendo en el norte, la puerta de entrada a Estados Unidos. También expresaba su admiración por México, al que consideraba el hermano mayor, exitoso y adinerado. En ese momento, mi compatriota tuvo el desatino de decir que ellos se habían equivocado al separarse cuando Guatemala estaba “pegado” a México. El chapín se encendió al momento y gritó ¡Nooo! México estaba pegado a Guatemala. Antes de que la discusión escalara, les aclaré: —nadie estaba pegado a nadie ¿sí?... Guatemala y México algún día fueron una sola nación.
   El asunto se cerró con un efusivo ¡salud! y choque de botellas.
   Aunque lo mejor de todo fue que mi hábil gestión diplomática impactó de lleno (y endulzó) la mirada hosca y desconfiada de Eduardo, un atractivo capitalino al que había hecho plática unas horas antes caminando por la 6ª Avenida y a quien invité a tomar cerveza a cambio de que fuéramos al lugar de moda.

   En Guatemala pasé varios días luego de ir a San Salvador para visitar a Julio (1981). El primer día lo ocupé para conocer el Centro Histórico, la Catedral y realizar un recorrido guiado al interior del Palacio Nacional. Faltaban unos días para la gran fiesta nacional, y reinaba un espíritu festivo entre la gente que iba o venía por las calles. Había vendedores de banderas, pulseras y sombreros con su escudo nacional. En México, El Salvador, Honduras, Costa Rica y Nicaragua por esas mismas fechas, se preparaba de manera idéntica la celebración de su independencia del Imperio Español, pues por aquel entonces el Virreinato de la Nueva España ocupaba todo ese territorio (y más).
Desde que pisé El Salvador y días después Guatemala, sentí que nuestras fronteras políticas apenas si alcanzaban a disfrazar el hecho de que somos un mosaico de mestizaje multirracial cohesionado por una historia y proceso cultural comunes, cuyas "diferencias" en la mayoría de los casos no rebasaban el ámbito del folclor.   




   Durante el transcurso de la segunda jornada conocí a Eduardo y la pasaríamos juntos los restantes días (y noches) en que visitamos la deslumbrante ciudad reliquia de Antigua Guatemala, que también contemplamos al anochecer desde el mirador. A la mañana siguiente antes de partir, pasé a la tienda de Doña María Gordillo, atiborrada de turistas y nacionales deseosos de deleitarnos con sus dulces tradicionales.




   Por la noche fuimos a bailar y ver el show de imitadores del Pandoras´Box.
El presentador anunciaba con bombo y platillo al ¡Ídolo de Guatemala!, José José, luego al estríper (también mexicano) Apolo y para cerrar la noche, a la consentida de Guatemala, ¡Sashaaaaaaa Sokol! Entonces caí en cuenta de la enorme influencia cultural (y por supuesto el poderío económico por parte de los monopolios artísticos de Televisa y TV Azteca) que México tenía no solo en esta nación, sino sobre todas las de Centroamérica; un mercado adicional de cincuenta millones de personas.

   Los últimos dos días los pasamos en Panajachel, un precioso pueblito en la riviera del lago Atitlán, que hace la función de espejo al majestuoso trío de "Los Gigantes": los volcanes Atitlán, Tolimán y San Pedro.
   La playa es de piedritas y el agua es helada, pero se compensaba con la vista y el ambiente internacional que atraía por supuesto, a un ejército de vendedoras/es de flores, marimbitas, textiles, rosquitas de pan, muñecos, fruta, artesanía, refrescos y comida.
   Por la tarde, tuve la oportunidad de observar a un grupo de niñas con vestuario tradicional; tenían un rango de edad de 4 a 10 años y cargaban bolsas que seguramente traían mercancía para su venta. De pronto comenzaron a discutir, se separaron y compactaron en dos bandos bien identificables. Por su indumentaria, era claro que cada grupo pertenecía a diferentes etnias originarias. Los insultos (supongo) en sus respectivas lenguas subieron de tono y en un instante ya se estaban arrojando piedras unas a las otras; las niñas pequeñitas no eran menos bravas que las mayores.
   Cuando estaba a punto de reír divertido por la escena, Eduardo me explicaba con mucha seriedad que últimamente se habían agudizado los conflictos entre los pueblos indígenas, que impotentes ante el despojo de sus tierras para ser usadas en cultivos industriales o en urbanización, habían comenzado a pelear por los terrenos que les dejaban. Estos conflictos frecuentemente resultaban en violencia, desalojos forzados, destrucción de cultivos, contaminación y otras violaciones de derechos humanos, ante la indiferencia de las instancias judiciales del Estado.
   Eduardo, como buen profesor de Historia en el nivel medio superior, complementaba su información enumerando un listado de los grupos étnicos de Guatemala: achií, akateco,  chalchiteco, chuj, k’iche, tz’utujil, los garífunas del caribe y diecisiete pueblos más.

   Por fortuna la reprimenda no incluyó la privación durante mis últimas horas en Guatemala, de su piel sabor jocote, fruta muy popular que se vende ya madura, dentro de bolsitas en cada crucero vial de la capital, o verde cocida en almíbar.  


                                                                                                              ir a índice de