1996 Carlos
Hasta antes de mi visita a España, tenía una imagen distorsionada de su gente, los “gachupines”, término con el que se referían a ellos de manera despectiva papá y mamá, los tíos/as y abuelos/as cuando yo era niño; en los chistes donde invariablemente los protagonistas eran los gallegos Manolo y Venancio, a quienes se representaba bobos y despistados; o que también eran caricaturizados como hombres robustos con boina en la cabeza, los antebrazos peludos y usando un mandil o delantal, detrás del aparador de sus tiendas de abarrotes, tacaños y avariciosos tratando de sacar la mayor utilidad posible a sus productos… con seguridad una añeja referencia a los conquistadores y después colonizadores de la casi totalidad del continente americano, sedientos de oro y riqueza.
Lo contradictorio del asunto es que al mismo tiempo, cuando se hablaba de los antepasados de la familia (materna o paterna) se hacía mención a su llegada desde España tres o cinco generaciones atrás, de los fundadores, de la heráldica o toponimia de nuestros apellidos, sin embargo, JAMÁS escuché que alguien mostrara interés por rastrear la pista de nuestra mitad indígena.
Yo mismo sentí el corazón acelerarse cuando observaba sobre uno de los muros del Museo Arqueológico de Bilbao, un mapa que señalaba el origen de muchos apellidos nacidos en el País Vasco y donde encontré tres barrios o poblados con la palabra Ugarte: uno dentro de la ciudad de Bilbao, otro en Vitoria-Gasteiz a horas de camino y el tercero se ubicaba en un caserío a las afueras de Guernica.
Lo contradictorio del asunto es que al mismo tiempo, cuando se hablaba de los antepasados de la familia (materna o paterna) se hacía mención a su llegada desde España tres o cinco generaciones atrás, de los fundadores, de la heráldica o toponimia de nuestros apellidos, sin embargo, JAMÁS escuché que alguien mostrara interés por rastrear la pista de nuestra mitad indígena.
Yo mismo sentí el corazón acelerarse cuando observaba sobre uno de los muros del Museo Arqueológico de Bilbao, un mapa que señalaba el origen de muchos apellidos nacidos en el País Vasco y donde encontré tres barrios o poblados con la palabra Ugarte: uno dentro de la ciudad de Bilbao, otro en Vitoria-Gasteiz a horas de camino y el tercero se ubicaba en un caserío a las afueras de Guernica.
Del interés práctico pasé al alucine, pues “algo muy adentro” me decía que mi tátaratierra se encontraba en ese último destino.
A la mañana siguiente tomé el tren a Guernica, llegué en 40 minutos, alquilé una habitación y salí presuroso para caminar por la carretera que conducía a mi objetivo.
Tal vez estaba más lejos de lo que calculé en el mapa, o caminé muy rápido, o llevaba varias jornadas trotando kilómetros de calles por España, o todo junto, pero de pronto sentí una aguda punzada en el área derecha arriba de la ingle que hizo imposible continuar mi marcha. Un balde de agua helada sobre mi conciencia cayó para revelarme que justo en medio de la nada… y del todo que este viaje significaba para mí, tenía apendicitis.
Sentado sobre la carretera recuperé poco a poco el aliento y emprendí lentamente el andar para retornar a ese pueblo que pasó a la posteridad, décadas atrás durante la Guerra Civil Española, como el primer bombardeo masivo de la historia hacia una población civil y cuyo responsable fue……………… ……………………aún hoy su nombre debe pronunciarse con cautela.
En el camino lloraba de frustración al imaginar que la cirugía allá, siendo yo extranjero reduciría a cero los fondos para mi travesía. Todo había terminado.
Al mirar mi expresión compungida y comentarle la razón, la señora del hostal me recomendó ir a un centro de salud comunitario del lugar. La doctora revisó mi abdomen, hizo algunas preguntas y concluyó que yo había sufrido un simple "dolor de caballo" (o flato), ese doloroso espasmo lateral que ataca a quien ha hecho un sobreesfuerzo repentino o en mi caso reiterado, a lo largo de días de caminata.
Sentado sobre la carretera recuperé poco a poco el aliento y emprendí lentamente el andar para retornar a ese pueblo que pasó a la posteridad, décadas atrás durante la Guerra Civil Española, como el primer bombardeo masivo de la historia hacia una población civil y cuyo responsable fue……………… ……………………aún hoy su nombre debe pronunciarse con cautela.
En el camino lloraba de frustración al imaginar que la cirugía allá, siendo yo extranjero reduciría a cero los fondos para mi travesía. Todo había terminado.
Al mirar mi expresión compungida y comentarle la razón, la señora del hostal me recomendó ir a un centro de salud comunitario del lugar. La doctora revisó mi abdomen, hizo algunas preguntas y concluyó que yo había sufrido un simple "dolor de caballo" (o flato), ese doloroso espasmo lateral que ataca a quien ha hecho un sobreesfuerzo repentino o en mi caso reiterado, a lo largo de días de caminata.
Un simple relajante muscular y un baño en tina con agua muy caliente devolvieron adentro de su carnal envase a mi espíritu, sin haber desembolsado una peseta. ¡Gracias, mi Dios!
La misma encantadora y bromista dueña del hostal me sugirió a la mañana siguiente que si quería ver genuinos antepasados, debería visitar las Cuevas de Santimamiñe a diez minutos en taxi de ahí.
¡Qué grandiosa experiencia! Era temporada baja y únicamente éramos dos visitantes los que compramos nuestro boleto de entrada, el guía se encontraba de buen humor y disposición, y decidió que no solamente llegaríamos hasta el límite permitido para ver las pinturas a metros de distancia… casi pude tocar la magistral obra pictórica de quienes habitaron esa gruta hace ¡¡14,000 años!! al tiempo que el guía, que jamás había salido de los límites del País Vasco, decía presuntuoso, que muchos arqueólogos le aseguraban que esa creación era superior a la realizada dentro de las famosísimas Cuevas de Altamira. He leído que actualmente unas y otras ya están cerradas al público pues el calor, los sudores y aliento de millares de visitantes estaban deteriorando rápidamente las pinturas.
Esa misma jornada poco antes de que anocheciera estaba de regreso en Bilbao, y para ahorrarme el hospedaje pagué la tarifa nocturna de la entonces única sauna gay de la ciudad, cerca del Museo de Arte Sacro.
Aferrado a mi (ficticia o real) habilidad para encontrar y organizar con rapidez las características fisonómicas de los "tíos" que observé y eventualmente toqué a mi paso, diré que los hombres vascos que vi esa noche en la sauna gay me parecieron tener los rasgos faciales más recios y masculinos que los de sus compatriotas catalanes o madrileños. Pero igual se debía al oficio en que laboraban, al menos en el caso de Carlos, vaquero profesional… no el tipo de vaquero de película norteamericana, era uno a tono con los tiempos tecnológicos modernos.
¡Qué grandiosa experiencia! Era temporada baja y únicamente éramos dos visitantes los que compramos nuestro boleto de entrada, el guía se encontraba de buen humor y disposición, y decidió que no solamente llegaríamos hasta el límite permitido para ver las pinturas a metros de distancia… casi pude tocar la magistral obra pictórica de quienes habitaron esa gruta hace ¡¡14,000 años!! al tiempo que el guía, que jamás había salido de los límites del País Vasco, decía presuntuoso, que muchos arqueólogos le aseguraban que esa creación era superior a la realizada dentro de las famosísimas Cuevas de Altamira. He leído que actualmente unas y otras ya están cerradas al público pues el calor, los sudores y aliento de millares de visitantes estaban deteriorando rápidamente las pinturas.
Esa misma jornada poco antes de que anocheciera estaba de regreso en Bilbao, y para ahorrarme el hospedaje pagué la tarifa nocturna de la entonces única sauna gay de la ciudad, cerca del Museo de Arte Sacro.
Aferrado a mi (ficticia o real) habilidad para encontrar y organizar con rapidez las características fisonómicas de los "tíos" que observé y eventualmente toqué a mi paso, diré que los hombres vascos que vi esa noche en la sauna gay me parecieron tener los rasgos faciales más recios y masculinos que los de sus compatriotas catalanes o madrileños. Pero igual se debía al oficio en que laboraban, al menos en el caso de Carlos, vaquero profesional… no el tipo de vaquero de película norteamericana, era uno a tono con los tiempos tecnológicos modernos.
Luego de disfrutar de su culo de luna como era conocido por uno de sus amantes debido a sus redondas y blancas nalgas, intercambiamos información acerca de nuestros trabajos y forma de vivir. Él manejaba una de esas gigantescas ruedas horizontales giratorias donde encima hay montadas una veintena de vacas, todas conectadas a succionadores que vaciaban sus ubres.
Carlos era responsable del manejo de la maquinaria, montar y desmontar vacas, asear tetas y ordeñadores, y finalmente arrear a esas benditas madres sustitutas encargadas de lactar a la humanidad, de regreso a sus establos.
Nos despedimos y enseguida, el resto de la noche, a una escala mucho más humilde y rústica, intenté emular el oficio de mi tocayo…….. ordeñando la materia prima disponible en ese putero.
Nos despedimos y enseguida, el resto de la noche, a una escala mucho más humilde y rústica, intenté emular el oficio de mi tocayo…….. ordeñando la materia prima disponible en ese putero.




