jueves, 5 de octubre de 2023

1977 Eric

                                                                                                                                                           1977 Éric


   Lo conocí a principios de año; era beach boy en Playa Condesa. Guatemalteco de 24 años que había huido de su tierra a causa de la guerra civil, que derivaría poco después en el Genocidio Maya perpetrado por los militares.
   Éric era la imagen perfecta del latin lover, con un intenso tono bronceado, melena rizada, bigote espeso, barba estéticamente descuidada, cuerpo juvenil y marcado, amantísimo de la marihuana, voz pausada, actitud despreocupada de "vive la vida y nada más". Me parecía muy sexi. Siempre estaba sentado en las palapas de los turistas extranjeros; era muy hábil enseñándoles deportes acuáticos (esquí, buceo, etc.) y más hábil para sacarles dólares.

   Era la época de oro del Acapulco gay. Durante todo el año llegaban hombres homosexuales de Estados Unidos, de Canadá y de Europa, principalmente italianos que formaban parte de la tripulación de los cruceros que hacían parada en ese destino.
   Escuché historias de acapulqueños a los que sus amantes extranjeros les habían regalado
¡una casa! y, de muchos más que no tuvieron tanta suerte, a los que “solo” les enviaban puntualmente
(a veces durante años) una remesa de dolarucos que les permitía sostener a sus familias con bastante dignidad.
   Incluso era bien sabido que ahí vivían personajes del Jet Set internacional. A uno de ellos todos lo conocíamos como La Borbón, que decía ser primo del mismísimo Rey de España. Al principio lo dudé, pero cuando una tarde llevó en su Jeep, a un grupo de maricas a su casa (entre ellos yo) para improvisar una fiesta, cualquier duda se disipó cuando entramos a su principesca suite en el Hotel Pierre Marques. Con voz muy baja una loca me informaba que era el pariente incómodo de la Casa Real, al que habían exiliado generosamente del otro lado del Atlántico, con tal de tenerlo lejos.
 
   Cuando preguntaba a Éric si era prostituto, respondía que no siempre era necesario tener sexo con ellos (los clientes), que a veces era suficiente con usar “filosofía”.
   Tuve placenteros encuentros sexuales con él en Acapulco y luego en la Ciudad de México cada vez que nos topábamos. Su aspecto me hacía suponer que solo era activo; sin embargo, reclamó en varias ocasiones mi falta de iniciativa para portarme “hombrecito”. No comprendía mucho lo que trataba de decirme. A los 18 años de edad yo llevaba un bagaje de ideas preconcebidas sobre lo masculino y lo femenino. A mi entender, si eras “bonito”, con piel clara, educado y algo amanerado, dabas las nalgas.
Si él tenía un color oscuro, actitud y rasgos masculinos y pertenecía a la clase trabajadora, era quien te clavaba.


   Mientras tanto, el tiempo corría y el resplandor inicial de Acapulco se iba opacando. Uno de esos días en la playa, causó revuelo la convocatoria que lanzaba el Gallery Disco Show para renovar su elenco de artistas. La fama de su show travesti había superado las fronteras locales para abrirse paso a nivel nacional.
   Se oían las frases:
   —¿Qué? ¿La Lorena ya no cerrará el espectáculo con su Liza Minnelli?
   —¿También se va Celia Cruz y la Dayana Rous?
   —¡Ay mana, que impresión!

   Muchos se anotaban para las audiciones.
   La Luba, con su deliciosa figura de colegial andrógino color chocolate (que se atrevía a usar bikini de dos piezas y era disputadísimo entre gringos ricos, aunque gordos y viejos) se dirigió a mí y gritó:
   —¿Por qué no vas? Con ese culote podrías ser María Victoria.
   Mentiría al decir en este escrito que me indigné y enojado ofendí a su madre. Pero no. Por unos breves momentos consideré la posibilidad.

   Hasta hace unos meses tenía la duda de si era o no una mujer atrapada en un cuerpo de hombre…
   Recordé que años atrás, mientras mamá trabajaba, me puse uno de sus voluptuosos palazos…
   Que durante la secu, mi fascinación por Raquel Welch, Marilyn Monroe o Meche Carreño, rayaba en el robo de identidad.
   Sí, yo sentía orgullo de mis nalgas redondas y firmes (herencia genética de mi madre); aun con ello, también me sentía cada vez más satisfecho con el desempeño de mi pito [1].

   Hubo una fugaz tempestad dentro de mi cabeza, y como en toda tormenta (según el dicho), cuando esta terminó, llegó la calma y la primera certeza del año. No sería travesti. 


   Febrero trajo otra revelación. En unos días se celebraría el Carnaval de Veracruz que, decía mi informante, era una de las tres peregrinaciones que cada año movía a escala masiva, a los homosexuales de todo el país, junto con la Semana Santa en Acapulco y el Día de Muertos en Pátzcuaro. 


   Regresando a Éric, fue una pena enterarme a mediados de los ochenta que el sida lo hizo una de sus primeras víctimas mortales. QEPD



[1] Pito, sinónimo de Verga, igual que: Pinga, Chile, Reata, Pistola, Chóstomo, Chorizo, Longaniza, Camote, Palo, Corneta, Mazacuata, Fierro, Cañandonga, Pepino, Cañón, Pescuezona, Miembro, Cara de haba; Tilín o Pipiolo (si es de bebé), etc. Al parecer la Ñonga, siempre ha puesto muy creativos a los mexicanos.