1991 Gregorio
La Limpia. Estaba buenísimo y me gustaba su sonrisa con algunos dientes encasquillados en platino, que debieron costar una pequeña fortuna, nada que no hubiera podido pagar él o su familia. También disfrutaba el acariciar sus manos ásperas; era agricultor, pero no cualquiera. Parece que pertenecía a una familia de caciques con poder en su comunidad. Era pulcro y se movía con estilo.
Me contó que su madre lo había obligado a casarse, aunque resultó tan obediente que a sus 33 años ya le había dado cinco nietos.
Unos meses lo pasamos muy bien, luego, cuando comencé a alejarme se tornó algo melodramático, al grado de decirme que le pediría a su mamá, autorización para vender un pedazo de tierra y darme ese dinero a cambio de seguir con él. Me sentí (no sin cierto orgullo) la protagonista puta de alguna película de la época de oro del cine mexicano.
La verdad es que me sentía mucho peor. El hecho de que el VIH/sida estaba corroyendo el futuro de Daniel y Martín, además de muchos de los hombres con los que yo había estado (incluido el mismo Gregorio que morirá en 1993), se fusionó con el terrible desenlace de mi historia con mamá, suceso que devoró un enorme trozo de mi alma y me convirtió en un condenado.
Deseaba morir, poner fin a esa deslumbrante y orgásmica existencia. Y utilizaría esa misma forma de vivir para conseguirlo; sería fácil dar con el “bicho”, que siempre estaba mirándome burlón desde las nalgas o la verga de mis amantes, y ninguna barrera de látex se interpondría entre nosotros.
Durante años intenté cazar al “bicho” con anzuelos de placer, disfrazándome, era Tánatos con disfraz de Eros, ¿o era yo con disfraz de Tánatos disfrazado de mí?, ya no me acuerdo. Simultáneamente asistía a Flora, a la Fundación, al INDRE, a laboratorios privados, a la Condesa o al INER para por fin recibir la sentencia que equilibraría culpa y castigo.
Búsqueda tras búsqueda para entregarme al verdugo y resultado tras resultado negativo, el ciclo se transformó en rutina y la rutina en soberbia.
Deseaba morir, poner fin a esa deslumbrante y orgásmica existencia. Y utilizaría esa misma forma de vivir para conseguirlo; sería fácil dar con el “bicho”, que siempre estaba mirándome burlón desde las nalgas o la verga de mis amantes, y ninguna barrera de látex se interpondría entre nosotros.
Durante años intenté cazar al “bicho” con anzuelos de placer, disfrazándome, era Tánatos con disfraz de Eros, ¿o era yo con disfraz de Tánatos disfrazado de mí?, ya no me acuerdo. Simultáneamente asistía a Flora, a la Fundación, al INDRE, a laboratorios privados, a la Condesa o al INER para por fin recibir la sentencia que equilibraría culpa y castigo.
Búsqueda tras búsqueda para entregarme al verdugo y resultado tras resultado negativo, el ciclo se transformó en rutina y la rutina en soberbia.
Pasaron los años y un día supe de los mutantes Delta32, que no eran tocados por el “bicho”,
sin importar cuánto se acercaran a él. ¿Era un nuevo mito? Las autoridades en la materia seguían esperando en un escritorio para agregarme a sus estadísticas y no sabían nada, es más, la sola insinuación de que no me infectaba los inflamaba… ¡Por Dios! ¿Pero quién me creía yo? ¿Supermana? o la versión J de los X-Man.
Opté por seguir el rastro con mis propios recursos.
¿Era yo uno de los Delta32? Se habían creado a sí mismos venciendo hace siglos a un “bicho” medieval y sobrevivido hasta nuestros días [1]. Eran muy pocos… y muy blancos. Pero sonaba a respuesta.
Tiempo después, un grupo élite de cazadores del “bicho”, con estrategias de búsqueda muy diferentes a la mía, aseguraba que mi respuesta a la plaga no tenía que ver con mutación alguna. Seguirían buscando, exprimirían mi sangre, con ella llenarían un centenar de tubitos y me mantendrían informado [2]. Nunca lo hicieron.
Supongo que saber lo que me pasa, jamás formó parte de la agenda financiera del gigantesco aparato de la industria farmacéutica global.
Estaba donde al principio y con más preguntas, si no era heredero de los Delta32…..
Estaba donde al principio y con más preguntas, si no era heredero de los Delta32…..
¿Adquirí su capacidad? ¿Cómo la adquirí? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Para qué?
Hasta hoy sigo buscando. Encuentro pistas aisladas en Estados Unidos, en Vietnam, en Alemania, en Kenia. Le llaman HLA B57 y tiene algo que ver con los NK´s (linfocitos asesinos).
Una mezcla de SuerteNeuroInmunologíaDiosEvoluciónGenética quizá escogió mi plasma para experimentar con ella porque hasta hoy, el “bicho” me ignora.
Luis, Daniel, Martín, que llenaron de amor y memorias el libro de mi historia, se han ido, y yo llevo más de tres décadas sin modificar mi estilo de vida, aunque ya no sé si aún tengo interés en encontrarme con ese microscópico ejecutor, o en seguirle exprimiendo días a las horas… años a los meses.
Deseo aclarar que no “creo” ser negativo; son más de 40 exámenes a lo largo de 34 años los que lo aseguran, desde las primeras versiones que necesitaban confirmación dada la posibilidad de falsos negativos o positivos, pasando por las de Antígeno P24, hasta las pruebas PCR de última generación.
Tal vez el VIH ha dejado de significar hasta hace poco una muerte segura, pero no he dejado de temerle y mirar en ese virus a quien cruelmente mutiló de mi vida, la posibilidad de charlar cara a cara con muchas de las personas que ahora solo existen en mis narraciones, para recordar, para ajustar cuentas, para reír o incluso revivir antiguos tiempos.
[1] Con solo poner CCR5-delta-32 (de igual manera HLA B57) en cualquier buscador de internet, se encontrará información como esta:
............."La variante genética en cuestión afecta al gen del receptor de la proteína CCR5. La hipótesis indicaba que esta mutación proporcionaba resistencia frente a la peste bubónica en la Edad Media, del mismo modo que hoy día lo hace frente al VIH. La idea se basaba en que la alteración apareció aproximadamente en la misma época de la epidemia de peste negra que diezmó Europa entre 1346 y 1352.
La mutación CCR5-delta-32 se identificó en 1996 en individuos que parecían estar protegidos frente al virus del sida, a pesar de haberse expuesto al mismo en repetidas ocasiones. Estos sujetos carecían de receptores CCR5 en sus linfocitos CD4. Más tarde también se observó que los portadores que eran heterocigotos para esta mutación presentaban niveles de expresión inferiores de la proteína CCR5, menor infección de célula a célula y mejor pronóstico clínico.
De todos modos, los autores siguen pensando que esa mutación se originó a causa de alguna enfermedad que afectó a las personas durante la Edad Media, tal vez la viruela, a la cual piensan dedicar sus próximas investigaciones………"
[2] protocolo del INER:
Hasta hoy sigo buscando. Encuentro pistas aisladas en Estados Unidos, en Vietnam, en Alemania, en Kenia. Le llaman HLA B57 y tiene algo que ver con los NK´s (linfocitos asesinos).
Una mezcla de SuerteNeuroInmunologíaDiosEvoluciónGenética quizá escogió mi plasma para experimentar con ella porque hasta hoy, el “bicho” me ignora.
Luis, Daniel, Martín, que llenaron de amor y memorias el libro de mi historia, se han ido, y yo llevo más de tres décadas sin modificar mi estilo de vida, aunque ya no sé si aún tengo interés en encontrarme con ese microscópico ejecutor, o en seguirle exprimiendo días a las horas… años a los meses.
Deseo aclarar que no “creo” ser negativo; son más de 40 exámenes a lo largo de 34 años los que lo aseguran, desde las primeras versiones que necesitaban confirmación dada la posibilidad de falsos negativos o positivos, pasando por las de Antígeno P24, hasta las pruebas PCR de última generación.
Tal vez el VIH ha dejado de significar hasta hace poco una muerte segura, pero no he dejado de temerle y mirar en ese virus a quien cruelmente mutiló de mi vida, la posibilidad de charlar cara a cara con muchas de las personas que ahora solo existen en mis narraciones, para recordar, para ajustar cuentas, para reír o incluso revivir antiguos tiempos.
[1] Con solo poner CCR5-delta-32 (de igual manera HLA B57) en cualquier buscador de internet, se encontrará información como esta:
............."La variante genética en cuestión afecta al gen del receptor de la proteína CCR5. La hipótesis indicaba que esta mutación proporcionaba resistencia frente a la peste bubónica en la Edad Media, del mismo modo que hoy día lo hace frente al VIH. La idea se basaba en que la alteración apareció aproximadamente en la misma época de la epidemia de peste negra que diezmó Europa entre 1346 y 1352.
La mutación CCR5-delta-32 se identificó en 1996 en individuos que parecían estar protegidos frente al virus del sida, a pesar de haberse expuesto al mismo en repetidas ocasiones. Estos sujetos carecían de receptores CCR5 en sus linfocitos CD4. Más tarde también se observó que los portadores que eran heterocigotos para esta mutación presentaban niveles de expresión inferiores de la proteína CCR5, menor infección de célula a célula y mejor pronóstico clínico.
De todos modos, los autores siguen pensando que esa mutación se originó a causa de alguna enfermedad que afectó a las personas durante la Edad Media, tal vez la viruela, a la cual piensan dedicar sus próximas investigaciones………"
[2] protocolo del INER:

