1995 Manuel
Este día he venido a los baños Mina. Al entrar al sauna seco, veo a un morenazo con facha de fisicoculturista, brazos y muslos abombados, con venas palpitantes, chamorros iguales a mazos, cuello ancho, cabello corto y rasgos faciales delicados. Está haciendo ejercicio frente a la caldera que desprende un calor sofocante. Me siento intimidado por semejante contenedor de testosterona y solo lo veo de reojo.
Más tarde, lo observo bañarse en las regaderas, estoy sentado en una banca frente a él y se da cuenta de que mi verga se ha puesto dura al mirarlo. Sonríe, cierra las llaves de agua y se acerca para decirme al oído que vaya dentro de diez minutos al cuarto número tal……
Mientras corre el tiempo me enjabono perfectamente todo el cuerpo, hago buches de agua para enjuagar mi boca, calculo que ya es hora y camino a la zona de habitaciones buscando el número. Justo al llegar, se abre la puerta y surge un tipo cubriéndose la región púbica con la pequeña sábana que nos dan a la entrada, pasa a mi lado con rumbo a los sanitarios. El buenote sale un instante y hace con los dedos la típica señal de "espérame tantito", al mismo tiempo que me guiña un ojo, voltea hacia donde se encuentra otro chico en actitud de hacer fila y ¡lo llama para que entre!
Yo permanezco parado como un pendejo, quiero retirarme, mas por mi cabeza pasa la imagen de las nalgotas venosas de ese semental y se quiebra mi orgullo. Idéntico a un perrito obediente, espero a que llame el amo. Por fin se abre la puerta, aparece mi socio y se retira sudoroso y jadeante.
Creo que sigo yo… asomo la cabeza al interior del cuarto y me invita a pasar. Como si se tratara de una audición, doy lo mejor de mí y Mister México da lo mejor de él, (aunque ya había sido dado múltiples veces). Soy muy feliz. Supongo que alguien más debe estar afuera esperando para reclamar su turno, así que me dispongo a salir, pero dice que puedo quedarme.
Se llama Manuel y tiene 33 años. Durante los minutos posteriores en que platicamos, escaneo con mis dedos toda su musculatura. Tiene una voz suave y armoniosa. Al preguntarle si es estriper, contesta que no con una sonrisa modesta. Le doy mi número de teléfono, aun sabiendo que no llamará. Se despide con un cálido abrazo, al envolverlo con mis manos siento las fibras de su espalda magra y me retiro de inmediato porque estoy encendiéndome de nuevo.
A los pocos días llama, hablamos de cosas triviales, y de pronto expresa que siente confianza, que necesita serme franco.
Creo que sigo yo… asomo la cabeza al interior del cuarto y me invita a pasar. Como si se tratara de una audición, doy lo mejor de mí y Mister México da lo mejor de él, (aunque ya había sido dado múltiples veces). Soy muy feliz. Supongo que alguien más debe estar afuera esperando para reclamar su turno, así que me dispongo a salir, pero dice que puedo quedarme.
Se llama Manuel y tiene 33 años. Durante los minutos posteriores en que platicamos, escaneo con mis dedos toda su musculatura. Tiene una voz suave y armoniosa. Al preguntarle si es estriper, contesta que no con una sonrisa modesta. Le doy mi número de teléfono, aun sabiendo que no llamará. Se despide con un cálido abrazo, al envolverlo con mis manos siento las fibras de su espalda magra y me retiro de inmediato porque estoy encendiéndome de nuevo.
A los pocos días llama, hablamos de cosas triviales, y de pronto expresa que siente confianza, que necesita serme franco.
Viene de paso unos días a la Ciudad de México en tanto lo envían al Vaticano. Él es sacerdote en alguna parroquia de Guanajuato, era amante de otro padre, sin embargo, un clérigo de mayor rango se ha obsesionado con él. El asedio se ha transformado en una sórdida historia de enredos amorosos entre miembros de la iglesia y ha llegado a oídos de sus superiores. Irá a hacer una maestría o algo así mientras se enfría el asunto.
Estoy en shock y gracias a la forma pausada y profunda en que habla sigo en la línea. De repente quiero preguntarle muchas cosas sobre religión, sobre el pecado, sobre Dios, pero solo responde que no debo preocuparme, que todo marcha bien… como debiera.
Poco después se despide y terminamos la llamada.
Lástima, ese ha sido el acercamiento más serio con un “representante” de Dios en el mundo… bastante terrenal, por cierto.
A lo largo de mi vida nunca escuché nada diferente que no fueran dogmas, culpa o amenazas de castigo, de labios de religiosas y sacerdotes.
Mi último encuentro con una piadosa monja lo tuve cuando me la recomendaron para socorrer a mamá, que estaba agonizando (o debería decir, siendo martirizada bajo el pie de la “incognoscible” y sabia voluntad de Dios) en Puebla. Fui a la congregación a solicitar su auxilio durante unas horas, ella aceptó. Yo nada más debía pagar el taxi de ida y vuelta, $200.00 de donativo diario (en aquel entonces equivalía a la quinta parte de lo que pagué por el sepelio de mi madre), únicamente estaría cuatro horas orando, NO limpiaría excreciones de ningún tipo, NO movería ni lavaría el cuerpo de mi madre y NO le serviría alimentos salvo agua................ así que seguí durmiendo un par de horas diarias.
Con los sacerdotes no fue diferente. Recuerdo que durante nuestra niñez, el padre Chucho perteneciente a la ilustrada orden Jesuita y primo hermano de mi madre, tenía intensos debates con ella sobre teología y sociedad. En ese entonces era el responsable de un vanguardista proyecto enfocado en crear toda una comunidad económica y ecológicamente autosustentable para medio centenar de familias en el área rural de Tlaxcala.
Con los sacerdotes no fue diferente. Recuerdo que durante nuestra niñez, el padre Chucho perteneciente a la ilustrada orden Jesuita y primo hermano de mi madre, tenía intensos debates con ella sobre teología y sociedad. En ese entonces era el responsable de un vanguardista proyecto enfocado en crear toda una comunidad económica y ecológicamente autosustentable para medio centenar de familias en el área rural de Tlaxcala.
Fidel mi hermano me platicó años después que nunca se atrevió a decirle a nuestra madre que Chucho intentó en varias ocasiones manosearlo y prefirió callar al ver que mamá “besaba el suelo que ese hombre justo pisaba”.
A mí mismo me cuesta mucho trabajo imaginar que algo así pasara, a Jaime mi pareja no tanto. El mullido sillón de trabajo en su salón de belleza, ejerce un efecto similar al del confesionario de una iglesia.
En lo que transformaba en rubia a una de sus clientas, esta le desembuchó que en realidad era la compañera y madre de la hija del párroco a cargo en la iglesia del barrio aledaño, y no su abandonada ahijada como oficialmente se sabía.
Tengo tantos pecados de los que quisiera ser exculpado, mas no encuentro a nadie con mayor autoridad moral de la que éste blog me ofrece.
Tengo tantos pecados de los que quisiera ser exculpado, mas no encuentro a nadie con mayor autoridad moral de la que éste blog me ofrece.
Amén.



