jueves, 5 de octubre de 2023

1995 Hugo


                                                                                                                                                                                           1995 Hugo


   Suponer que el culo, no en el sentido de nalgas, sino como sinónimo de ano: chiquito, tiramaiz, pedorro, chimuelo, asterisco, chicloso, hoyo, aniceto, bota pedos, dona, el medallas, cicirisco, anillo, fundillo, agujero o chikistrikiz, siempre tiene que oler a caca, es igual a afirmar que invariablemente los pies y boca deben apestar, o los sobacos y glande de un pene heder a rancio, a menos que la coprofilia sea tu fetiche o no hayas superado la fase de principiante en las relaciones anogenitales, esa en que a todos nos ha horrorizado ver por primera vez que la propia verga o la del galán, sale embarrada de mierda.



   Pronto aprendí las reglas básicas que se deben seguir antes de ser penetrado. La PRIMORDIAL es vaciar las tripas. Luego del limpiado con papel es recomendable darse una pasadita con agua y si es posible un poco de jabón, aunque lo óptimo siempre será darse un baño en pareja antes de pasar a la cama.
Durante muchos años me funcionó complementar la tarea pujando varias veces de "reversa", o sea, una vez que la suciedad salía, en lugar de hacer fuerza para expulsar, la hacía como si estuviera apretando hacia adentro, aspirando. Puedo asegurar que con ello las probabilidades de un accidente se redujeron casi a cero.

   Finalmente, en la actualidad se ha generalizado en los miembros del colectivo gay, el uso de perillas, duchas o enemas para dejar limpio y vacío el sistema digestivo todas las horas que dure el ayuno.

   Por otra parte, a mis compañeros pasivos siempre los insté sutilmente a visitar el baño en un primer paso, esto cuando el lugar de encuentro era mi cama, que finalmente terminó siendo (salvo en contadísimas ocasiones compartida) desde hace más de dos décadas un lecho exclusivo para Jaime y yo. Los encuentros sexuales “extramaritales” los tenemos a partir de entonces en lugares destinados para ello: saunas, clubs, dark rooms, cines XXX, raves, hoteles, etcétera, y donde el objetivo mismo del lugar, hace que quienes asisten ya vayan aseados y vacíos del estómago…………….… pero hablaba del culo, que como en el caso de sus erógenos hermanos desensamblados del todo corporal, los huevos, el pito o los pezones, merece igual trato y su “cuento” aparte.


   Sonará repetitivo, pero sí… hay una rica variedad de culos:

   ° Por la cantidad de folículos pilosos a su alrededor va de ser peludo a lampiño. Con los dictados estéticos del nuevo siglo, los pelos en esa y otras áreas irán perdiendo atractivo erótico y hará que el afeitado o depilado de vello anal se generalice dentro del ámbito gay y también buga.

   ° Los hay con docenas de tonos, incluso bicolor.

   ° Por su fuerza y tono muscular están esos que parecen ser los más solicitados, los apretaditos o quintitos, que hacen suponer a quien los toma, que está “estrenando” o al menos junto a alguien con poca experiencia sexual y por lo tanto mejor valorado en el retorcido terreno de la machista moral sexual mexicana.
A mí en lo personal me corta la calentura ver a un tipo que comienza a hacer caras de dolor y angustia cuando intento entrar en él. Suspendo de inmediato el encuentro o lo invito a que nos masturbemos juntos.
Lo mío, lo mío, son los culos guangos, flojos, aguados, desjetados, golosos, tragones, glotones, etc. etc.

   ° En cuanto a su forma está el clásico, un pequeño punto del que irradian muchos pliegues; está el culo en el fondo de un hoyo cónico al que solo se accede abriéndole con todos los dedos, las nalgas a su dueño; se crea o no, hay culos con “labios” parecidos a los de una vagina, con una protuberancia a cada lado del ano; y también está el culo de cráter, levantado más allá del ras de la piel, que muestra desinhibido esos esfínteres a los que bastará con acercarse unos milímetros para que succione todo lo que se aproxime.

   Así sucedió con Hugo de 30 años, médico, blanco, musculoso, "feo" y con todo el cráneo rapado.
Lo había visto en otras ocasiones en la cantina el Viena sin que provocara en mí curiosidad alguna. Nunca imaginé que pronto entraría al rankin de las 10 mejores cogidas de mi vida.


   Un domingo de spa en los baños Mina, lo reconocí mientras lavaba vigorosamente su cuerpo desnudo con una esponja de baño enjabonada. Tuve que admitir que su figura era estupenda, por las venas y fibras musculares que saltaban sobre su piel, calculé que no tenía un gramo de grasa. En eso levantó una de sus piernas para posar el pie sobre una banca de cemento forrada con mosaico, este movimiento hizo que se le abrieran los macizos glúteos y me obsequió una visión muy inquietante: el culo se le botaba con forma de cráter y mostraba un remolino de carne rosadita y suave.
   No sé si en todos los años previos yo había visto algo así o no le prestaba atención, simplemente mi verga enloqueció y lo único que quería en este mundo era hundirse en ese agujero.
   Mientras le preguntaba si deseaba que le tallara la espalda, miró mi sexo tieso y asintió. Le sobé dos segundos el espinazo y mi mano se deslizó desesperada hacia abajo para tocar esa maravilla con insospechadas fuerzas gravitacionales.
Me devoró hasta la última gota de semen, lo que supondría el fin de la jornada pero mi pito estaba encaprichado con su nuevo amiguito y no pude convencerlo de que se relajara hasta prometerle que su papi (el del amiguito) y yo continuaríamos la fiesta en casa.
Se la metí a Hugo y me exprimió otra vez, luego la remetí una segunda… una tercera… y una cuarta ocasión con sus respectivas descargas lácteas… y ¡CARAJO! solo fui noqueado hasta la quinta y total erradicación de mi simiente. Ni siquiera un trigésimo “beso negro” que con seguridad hizo trabajar hasta el límite, como contadas veces en la vida a mi vesícula seminal, logró la resucitación. Y vaya que el “beso negro” es un detonante infalible en mis juegos amorosos.
El deleite que me otorga mamar un culo apenas se encuentra unos milímetros por debajo de chupar tetas.



   Insisto, no se trata simplemente de meter la lengua en el hoyo que sea. Primero debe gustarme el tipo, luego durante el cachondeo y los besos, acaricio sus nalgas hasta llegar poco a poco al ano. Esto tiene su función...

   Sugerir que soy activo;

   Percibir alguna irregularidad topográfica, o sea granos (posibles condilomas o almorranas) u otra anomalía, y más importante;

   Darle una suave rascadita con el dedo por la orilla, subir discretamente la mano para olerlo y 
entonces deducir que, o es activo y por eso no le importa asearse, es pasivo aunque negligente en las artes sexuales, o que en los próximos segundos ya estaré sumergiendo mi lengua adentro de él.






   Con los años he llegado a ser una especie de catador gourmet de los aromas y sabores de un culo… porque los tiene, y no me refiero al evidente aroma a popó que una vez ha sido desechado tras el correcto lavado, deja surgir su esencia “natural”, que no podría definir de otra manera, que olor a intestino….....

   "Con delicadas evocaciones a sangre y carne cruda… la textura en su superficie es la de un pétalo exquisitamente delgado, suave y flexible…” “Las técnicas de degustación van del revoloteo superficial hasta el mechado profundo con lengua… de la succión que lo hace invadir el orificio bucal de quien sorbe y temerariamente rozar con caninos e incisivos, o por el contrario, del bombeo de aire ya sea por soplado intencional o al ser machacado por un persistente mortero… esto con la intención de llevar el placer olfativo a niveles supremos y arrancarle al anís, por lo menos un pseudo pedo con inocuas pero atrevidas reminiscencias ácidas y acedas.”



   En unos años llevaré mi filia por el "chiquito" a límites insospechados. Pero eso, es otro cuento.