1995 Éber
Caminaba por una calle de la popular y legendaria colonia Morelos, cuando me topé cara a cara con Éber. Él salía de un hotel barato, de esos que abundan en esa zona y ofrecen un fugaz lecho amoroso para los cientos de trans que ejercen el sexo servicio con sus clientes. Lo reconocí de inmediato; su figura y rostro seguían viéndose igual que cuando lo conocí en el cine Teresa en 1995. Tenía entonces 21 años, estatura baja y cuerpo ágil, piel oscura, labios grandes y gruesos, acento "ñero", fosas nasales anchas, ojos brillantes y cejas tupidas sobre prominentes arcos superciliares. Llevaba a la espalda una mochila y vestía como generalmente lo hace cualquier estudiante universitario de bajos recursos. Un prototipo perfecto de chacalito proveniente de Ciudad Nezahualcóyotl. Me gustó y más todavía por lo que platicábamos cuando se quedó en mi casa varias veces. Trabajaba desde adolescente y así costeaba sus estudios, deseaba ser médico veterinario, era gracioso, lleno de energía y perspicaz.
Sí… era el mismo Éber, pero con 17 años más.
Desde que comenzamos a platicar noté que tenía las cejas muy bien depiladas, lo cual no sería nada extraño ya que el delineado de cejas (a veces hasta niveles cómicos) tiene una gran demanda y aceptación por parte de la banda de Tepito, Iztapalapa, Neza y conexos. También llamaron mi atención unos repentinos destellos de diamantina sobre una parte de sus párpados, él se dio cuenta y con esa radiante sonrisa que no había perdido preguntó:
—¿Qué ves?... ¿todavía tengo maquillaje?
Soltó una gran carcajada y con mucha intuición aclaró:
Terminó sus estudios universitarios, trabajó para un patrón y finalmente, desde hace un lustro había montado una pequeña clínica veterinaria. Era médico, pero también ofrecía servicio de peluquería canina, tienda de accesorios y comida para mascotas. El negocio iba de maravilla y la vida para él y sus padres mejoró mucho.
Sin embargo, no le había ido bien en el amor. Para mayates y gays siempre resultó ser poco atractivo a pesar de que mantenía una buena figura haciendo ejercicio diariamente. Unos y otros lo buscaban por interés. Hasta que una noche llegó la luz………….una loca vieja llena de vivencias y alegría.
Sin embargo, no le había ido bien en el amor. Para mayates y gays siempre resultó ser poco atractivo a pesar de que mantenía una buena figura haciendo ejercicio diariamente. Unos y otros lo buscaban por interés. Hasta que una noche llegó la luz………….una loca vieja llena de vivencias y alegría.
Lo mejor de todo fue que le transmitió su secreto.
Las primeras veces que Éber se travistió no se sintió bien, sobre todo por “fea”, y La Luz le aclaró que la magia de vestirse de mujer no consistía en verse bonita sino en jugar, en dar vida por unos instantes a otra versión de uno mismo. Como haya sido que Éber interpretara el consejo, poco a poco creó un personaje que no le acarreaba problemas de competencia con las otras travestis (¡¡¡claro!!! más lindas y buenotas). Por el contrario, le adoptaron igual que a una hermanita vulgar y chistosa que también podía estar en aquella cantinucha a la que asistía dos noches al mes desde hacía tres años, tiempo suficiente para ganarse por mérito propio un lugar entre las “chicas” que muchos tipos iban a buscar para beber alcohol o tener sexo. A Éber no le interesaba mínimamente obtener dinero de ese lugar, pues tenía una forma de ganarlo. Él iba por… hombres, y tampoco tenía prisa por llevarse a cualquiera.
Los hombres más sabrosos, y machos, y "puercones" que jamás imaginó tener, desfilarían por la cama de su habitación, siempre asignada por el recepcionista de ese hotel donde ya era conocido.
Inicialmente pensaba que cuando un sujeto de su agrado le invitaba una cerveza o a bailar, se estaba burlando, pero pronto entendió y llevó a una fase superior el consejo de La Luz; no solo jugaría un rol para sí mismo, también aprendería a conectarse con los "otros yos" de aquellos galanes que se acercaban a él;... ella para ellos; una ella especial que hablaba igual que un bribón, aunque pícara y desafiante; una ella a la que no le urgía coger; y sobre todo una ella “mágica”, con algo entre las piernas que ninguna ella verdadera tenía.
Cuando me despedí de Éber, no pude menos que sentir gusto por haber reencontrado a aquel novio de antaño, prueba irrefutable de mi dicho en el que advierto al mundo que jamás se debe menospreciar la capacidad vital (y letal) de un hombre a partir de su simple aspecto exterior.
Ya antes otra ella, la EXCELSA ELLA de las letras novohispanas del siglo XVII, que a pesar de no haber tocado jamás a uno, descifró con perfección la esencia del hombre…
“…Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.”
Sor Juana Inés de la Cruz, Hombres necios que acusáis.
Las primeras veces que Éber se travistió no se sintió bien, sobre todo por “fea”, y La Luz le aclaró que la magia de vestirse de mujer no consistía en verse bonita sino en jugar, en dar vida por unos instantes a otra versión de uno mismo. Como haya sido que Éber interpretara el consejo, poco a poco creó un personaje que no le acarreaba problemas de competencia con las otras travestis (¡¡¡claro!!! más lindas y buenotas). Por el contrario, le adoptaron igual que a una hermanita vulgar y chistosa que también podía estar en aquella cantinucha a la que asistía dos noches al mes desde hacía tres años, tiempo suficiente para ganarse por mérito propio un lugar entre las “chicas” que muchos tipos iban a buscar para beber alcohol o tener sexo. A Éber no le interesaba mínimamente obtener dinero de ese lugar, pues tenía una forma de ganarlo. Él iba por… hombres, y tampoco tenía prisa por llevarse a cualquiera.
Los hombres más sabrosos, y machos, y "puercones" que jamás imaginó tener, desfilarían por la cama de su habitación, siempre asignada por el recepcionista de ese hotel donde ya era conocido.
Inicialmente pensaba que cuando un sujeto de su agrado le invitaba una cerveza o a bailar, se estaba burlando, pero pronto entendió y llevó a una fase superior el consejo de La Luz; no solo jugaría un rol para sí mismo, también aprendería a conectarse con los "otros yos" de aquellos galanes que se acercaban a él;... ella para ellos; una ella especial que hablaba igual que un bribón, aunque pícara y desafiante; una ella a la que no le urgía coger; y sobre todo una ella “mágica”, con algo entre las piernas que ninguna ella verdadera tenía.
Cuando me despedí de Éber, no pude menos que sentir gusto por haber reencontrado a aquel novio de antaño, prueba irrefutable de mi dicho en el que advierto al mundo que jamás se debe menospreciar la capacidad vital (y letal) de un hombre a partir de su simple aspecto exterior.
Ya antes otra ella, la EXCELSA ELLA de las letras novohispanas del siglo XVII, que a pesar de no haber tocado jamás a uno, descifró con perfección la esencia del hombre…
“…Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.”
Sor Juana Inés de la Cruz, Hombres necios que acusáis.

