jueves, 5 de octubre de 2023

1985 Javier

                                                                                 1985 Javier


                                                                                                                                           "Todo en la vida trata sobre el sexo, excepto el sexo.
                                                                                                                                            El sexo trata sobre poder".
                                                                                                                                                                                                                Oscar Wilde

   Estoy en la Alameda Central sentado en uno de los carritos para el lustrado de zapatos, con un bolerito pues. Mi calzado debe lucir bien para esta noche que visite, igual que cada fin de semana El Viena, probablemente la cantina gay con más años de vida en la Ciudad de México. Estas botas militares forman parte del modelito “casual” con el que voy al lugar. Siempre llevo pantalón de mezclilla sin calzoncillos porque eso hace que mi pene se dibuje claramente bajo la tela. La prenda más importante es una chamarra ancha que porto sobre el pecho desnudo; el cierre está abierto hasta la altura del ombligo, lo que deja ver mi six abdominal bien definido (del que estoy muy orgulloso). Ya en la cantina, el atuendo se complementa con una pose de “macho”, he metido el pulgar izquierdo en una bolsa del pantalón a la cual se engancha mi mano y brazo. Con la otra mano sostengo una cerveza. Otro accesorio importante, debo estar mascando chicle con la boca ligeramente abierta (con el azúcar y los años mis muelas quedarán hechas una mierda, pero, todo tiene un precio); el toque final para este cuadro es una expresión facial de soy rudo y te puedo coger. En los antros donde se puede bailar sustituyo la chamarra por un chaleco abierto o camiseta sin mangas.
   Una vez que localizo al probable candidato con el que compartiré la cama, le lanzo miradas directas e insistentes, acompañadas de una media sonrisita (de un solo lado) y levanto unos centímetros la botella de cerveza, que siempre tomo “a pico”, nunca en vaso… eso es cosa de mariquitas. Si me gusta mucho el machito, le envío una cerveza. Marcos, mi mesero de siempre, conoce la rutina y ejecuta con destreza su papel al entregar la bebida y señalar discretamente con la mirada en mi dirección, mientras brindo con el galán.
   Tengo diversas tácticas de seducción para ligar en la calle, fiestas o antros, aunque eso es solo el principio. Mi “talento” se desplegará estando ya en casa. Antes de pasar al lecho, compartimos un poco más de bebida y charla en la sala. Una vez que estoy convencido de que el tipo me gusta, no tengo restricciones para besar, acariciar o lamer protuberancias e invadir orificios. Lo dije hace muchos cuentos, me excita excitar… además de asegurarme de cumplir con la promesa que me hice hace años, cuando fui usado y desechado como ese papel con el que alguien se limpia el culo o el pito sucio después de coger. Aunque alguien tuviera sexo conmigo una sola vez, yo haría lo posible por marcar con hierro candente, mi nombre en su piel y memoria.



   Del modo en que hago constar en la línea de tiempo que he documentado por más de cuatro décadas, hubo años con abundantes cosechas en el área que corresponde al Amor.
   De ahí salió la clasificación (curiosamente parecida a la que Krishna hizo de sus “amigas”) que usaría en el registro básico de información sobre los hombres de los que hablo en esta antología:

     (sf)= súperfaje. Hombres con los que tuve alguna experiencia sexual que me llevó al orgasmo sin tener coito con ellos.
     (av)= aventura. Hombres con los que estuve una o varias veces, y por la impresión que sus cuerpos dejaron en mí, o alguna anécdota memorable, aparecen en esta antología.
     ( n )= novio. Hombres con los que tuve relaciones sexuales varias veces y con los que hubo la intención de entablar un lazo afectivo, a veces muy corto y otras más serio.
     (ai)= amor imposible. Hombres por los que yo tuve un interés emocional adicional a los encuentros carnales. Relaciones marcadas por una fuerte atracción sexual de mi parte hacia ellos, y al no haber reciprocidad de su parte, dejaron en mí algún grado de frustración. Aunque eso no quiere decir que el asunto habría funcionado con ellos.
     (AV)= AMOR de mi VIDA. Hombres con los que no solo congenié sexualmente, sino a quienes amé con toda mi alma y por los que afortunadamente fui (o sigo siendo) amado. Compartir con ellos significa 
mi mayor logro en este mundo, la realización de mis sueños primigenios. Son y solo serán cinco en toda mi vida.




   Los últimos trapazos sobre mis botas indican que han quedado pulidas. Justo en este momento pasa enfrente un chico muy atractivo al que lanzo una mirada de matador, sigue caminando, voltea unos metros adelante y me parece ver que ha sonreído con los ojos. Pago el servicio al señor bolero y camino atrás del tipo a varios metros de distancia. Cinco minutos después, entra a un restaurante, no sin antes revisar si yo venía siguiéndolo. Calculo que ha tomado asiento, entro al lugar, voy hacia su mesa y al llegar le digo:
   —Hola, soy Carlos… ¿te puedo acompañar?

   Javier me platicará en nuestra siguiente cita, que se quedó estupefacto con mi atrevimiento y fue por vergüenza ante los demás comensales que no me mandó al demonio.
   Por lo que platico en el primer encuentro, puedo intuir que no está muy familiarizado con la dinámica del ligue gay, quiero decir, Javier es gay pero algo enclosetado aún. Ignora las invitaciones que le hago para ir a mi casa. Cuando estoy considerando la opción de retirarme, alcanzo a echar un vistazo dentro de su camisa con algunos botones desabrochados y… sé al instante que nada más debo cambiar de estrategia.

   Segunda cita: tomamos café y pastel en un lugarcito muy mono. Mientras escucho muy “atento” los apasionantes y burocráticos pormenores de su quehacer en la oficina gubernamental donde trabaja, trato de comprobar si tengo como Superman visión de rayos X para mirar a través de la tela de su impecable camisa. No, no puedo ver.

   Tercera cita: vamos a comer a un restaurante chino. Nunca falla……… Falló.

   Cuarta cita: visitamos la casa de unos amigos suyos para que los conozca y ellos a mí. Por fortuna, la paso muy bien porque todos escuchamos repetidas veces la canción que inauguraría la era del tecnopop en México, No controles de Flans.

   Quinta cita: le propongo a Javier ir a caminar a algún bosque. De pura casualidad resultó ser el de los Dinamos, en el que oportunamente ¡hay un arroyo! Wow qué maravilla, el agua está fresca y hace calor. Me quito la ropa y entro al agua en calzoncillos de algodón, esos que al mojarse, "sin querer" dejan ver la piel que cubren. Él permanece sentado en una piedra observando, me encuentro de espaldas y calculo que ya ha visto mis nalgas mojadas, ahora únicamente debo pensar en las gordas tetas de Javier y dar la vuelta para que vea mi……..…… sonriente cara. Parece que a Javier se le han aflojado los tirantes con los que mantiene esa expresión inflexible, característica en él y que no niego me gusta, porque lo hace ver muy serio y varonil.
   Pregunto si quisiera acompañarme a casa, deseo cambiar de ropa pues tengo algo de frío.
   Una vez que estamos en mi cuarto, le murmuro:
   —Creo que también tienes frio, ¿verdad? —Sus teteras (como él les dice) se han puesto duras.
   —Déjame ver qué puedo hacer…, —comento, mientras le acaricio el pecho y los pezones.
   Mi lengua, tentáculos y ano vampiro le succionan hasta la médula. Javier con los párpados abatidos, jadea casi moribundo sobre la alfombra.

   Sin siquiera abrir la boca, le expreso de manera muy firme con la mirada…
   —A mí nadie me hace esperar. ¿Quedó claro?
   —Ah!!! y tampoco habrá una sexta cita—, añadieron mis ojos.