1996 Francisco
No recuerdo cuándo descubrí que la verdad (justo por ser tan escasa) dicha en el momento y a la persona adecuada, redituaba mucho más que el engaño. Apelé a ella en el ámbito laboral y amistoso, pero indiscutiblemente fue en el terreno de lo emocional donde su impacto fue indudable, a pesar de que es bien sabido y estimulado y aplaudido que si un hombre o mujer desea conquistar al objeto de su deseo amoroso o financiero, lo que debe de hacer es mentir.
Siendo sincero, en varias ocasiones usé la verdad como complemento de una mentira, si de seducir se trataba. Por ejemplo: la primera vez que lo hice fue cuando la pasión que sentía por FRANCISCO JAVIER (1978) mi primer gran amor, me ahogaba y pesaba toneladas sobre mí. Simplemente le confesé que estaba loco de pasión por él, que no esperaba nada a cambio de mi revelación mas que la liberación de esa carga, y juro que esa era mi intención, aunque a partir de ese día ¡su interés en mí creció! Mi cabeza tomó nota del efecto causado y muchos años después, ahora sí con fines calculados, preparaba cocteles personalizados para mis amantes en turno, a los que fui agregando además de verdad y mentira, otros ingredientes “picantes”… uno de ellos, la tragedia, y cuya mezcla, al ser servida sobre mi cama acompañada de una buena cogida, tenía resultados embriagadores.
Tal cual le sucedió a Francisco -otro Francisco-, un chico de 26 años a quien conocí un sábado en los baños Rocío. Estudiaba en la Universidad Autónoma de México y provenía de la lejana frontera sur del país, a donde muchas generaciones atrás habían llegado desde China sus antepasados, que mezclaron su cultura y sangre con la de los habitantes oriundos.
Con el cabello liso y los ojos rasgados de Oriente, compartía un color oscuro, era más alto y además de su pecho, saltaban a mi vista sus bellos pies y ¡grande! verga.
Tras algunos encuentros llenos de ardor, a Francisco le interesó ahondar entre las tinieblas que intuyó dentro de mí y obtuvo una confesión, esa que me condenaba a penar sin alivio………. y a él también desde entonces. Yo al menos sabía sobre los fantasmas e islas que componen mi mente, pero él quedó enganchado al instante por esa fascinante dualidad, hija de nuestra cultura judeocristiana que turba a muchísimas almas: la dupla María Magdalena / María Redentora, la primera atrapada en la tramposa carne, la verga, los gemidos y el semen adictivos; la otra, en la elevada misión de salvar el espíritu de aquel que sufre, y todavía mejor si ese que sufre es proveedor de María Magdalena. Concubinato entre llana lujuria y virtud, instintos y moral. Parecía decir sin convencerme: "Al rescatar tu alma, pago por mis carnales ofensas. El amor que todo lo sana, y no la tramposa carne, la verga, los gemidos y el semen adictivos, es mi lazo contigo".
Tras algunos encuentros llenos de ardor, a Francisco le interesó ahondar entre las tinieblas que intuyó dentro de mí y obtuvo una confesión, esa que me condenaba a penar sin alivio………. y a él también desde entonces. Yo al menos sabía sobre los fantasmas e islas que componen mi mente, pero él quedó enganchado al instante por esa fascinante dualidad, hija de nuestra cultura judeocristiana que turba a muchísimas almas: la dupla María Magdalena / María Redentora, la primera atrapada en la tramposa carne, la verga, los gemidos y el semen adictivos; la otra, en la elevada misión de salvar el espíritu de aquel que sufre, y todavía mejor si ese que sufre es proveedor de María Magdalena. Concubinato entre llana lujuria y virtud, instintos y moral. Parecía decir sin convencerme: "Al rescatar tu alma, pago por mis carnales ofensas. El amor que todo lo sana, y no la tramposa carne, la verga, los gemidos y el semen adictivos, es mi lazo contigo".
Canción dedicada a quienes se sienten o nos sentimos atraídos fatalmente por los amantes trágicos.
Hablábamos sobre lo que pudiera en el pasado haberme hecho tal daño al interior [1], mientras yo me alimentaba de sus mimos y energía, sin darle a cambio la menor oportunidad de entrar en mi vida, hasta que una circunstancia externa me hizo salir del país por meses.
Por otro lado, si se mantenían múltiples y simultáneos enredos amorosos de la manera en que yo lo hacía, la verdad resultó muy recomendable y previsora al dejar bien claro la no exclusividad sexual con nadie. La mejor manera de desactivar un ataque de celos, verbal o físicamente violento, era recordarles que “ya sabían cómo era yo”. Verdad vestida de cinismo, algo cruel pero circunscrita a dos hombres, porque yo mismo me quedé pasmado cuando mi cuñada (hermana de Jaime) nos platicó la manera en que su hombre resolvió la constante lluvia de recriminaciones por parte de ella y de la otra mujer que era su esposa “formal”. Ambas tenían hijos con él y le exigían ser la única, hasta que un día el tipo llevo a mi cuñada a casa de la otra y sin más dijo:
—“Mengana; ella es Fulana mi mujer" —se volvió hacia la otra y repitió —"Fulana, ella es Mengana mi mujer” —y contundente concluyó —"Ahora ya lo saben, la que no esté de acuerdo decida lo que debe hacer".
En un hipotético final empapado de dignidad y feminismo, ambas lo habrían abandonado, mas no fue así. Una regresó al interior de SU casa y la otra dio la vuelta para dirigirse a SU casa, casas a las siguió llegando el macho igual que lo hacía en los últimos años, pero ahora sin recibir ni un solo reproche.
Cuando retorné del extranjero a casa, Francisco ya había terminado sus estudios y partió a su tierra.
Cuando retorné del extranjero a casa, Francisco ya había terminado sus estudios y partió a su tierra.
No volvimos a hablar más.
(1) Se invita a complementar esta narración con la lectura (1996 Julio: sexto viaje de mariguana LOS
JUEGOS DE PAPÁ)


