Yo caminaba en la Alameda, él estaba sentado en una banca y me gustó su rostro aniñado, era un hombre de estatura media, con un cuerpecito menudo y firme. Lo invité a la casa y lo pasamos muy bien, era ligero y flexible en los juegos sexuales.
A pesar de que intercambiábamos roles prefería dejarse hacer, salíamos con frecuencia a comer y a un balneario algún fin de semana. Desafortunadamente el breve noviazgo fue muy tortuoso… ¿Por qué? el chico era egodistónico, tenía un fuerte conflicto de auto aceptación.
Una vez que los encuentros sexuales terminaban (incluso con buenos orgasmos de ambos) Jesús iba a su casa y estando allá, me llamaba por teléfono para decir que se sentía muy mal y culpable por lo que había hecho. Yo trataba de convencerle de lo contrario, pero Jesús era muy astuto y brillante, así que siempre encontraba la manera de rebatirme. Al principio fui paciente, sin embargo las últimas veces las cosas terminaban muy mal. Con gritos y descalificaciones de mi parte, le colgaba violentamente el teléfono para minutos más tarde volverle a llamar y disculparme, e insistirle en que no hacía nada malo.
Finalmente dejamos de vernos.
Los primeros quince años viviendo ya dentro del mundo gay, me comprometí de manera muy seria con la defensa de la preferencia homosexual como una opción más dentro del universo de la sexualidad humana. Aunque no militaba en ninguna agrupación pro derechos homosexuales, no dudaba ni un instante en intervenir cuando escuchaba en diferentes situaciones sociales, opiniones a mi parecer equívocas o prejuiciadas.
El eje de mis argumentaciones giraba alrededor de varios ángulos:
Una vez que los encuentros sexuales terminaban (incluso con buenos orgasmos de ambos) Jesús iba a su casa y estando allá, me llamaba por teléfono para decir que se sentía muy mal y culpable por lo que había hecho. Yo trataba de convencerle de lo contrario, pero Jesús era muy astuto y brillante, así que siempre encontraba la manera de rebatirme. Al principio fui paciente, sin embargo las últimas veces las cosas terminaban muy mal. Con gritos y descalificaciones de mi parte, le colgaba violentamente el teléfono para minutos más tarde volverle a llamar y disculparme, e insistirle en que no hacía nada malo.
Finalmente dejamos de vernos.
Los primeros quince años viviendo ya dentro del mundo gay, me comprometí de manera muy seria con la defensa de la preferencia homosexual como una opción más dentro del universo de la sexualidad humana. Aunque no militaba en ninguna agrupación pro derechos homosexuales, no dudaba ni un instante en intervenir cuando escuchaba en diferentes situaciones sociales, opiniones a mi parecer equívocas o prejuiciadas.
El eje de mis argumentaciones giraba alrededor de varios ángulos:
° Desde el punto de vista biológico me apoyaba en el llamado padre de la Etología, Konrad Lorenz, que documentó al menos 450 especies que mostraban relaciones sexuales, cortejos, uniones afectivas, de pareja e incluso para la crianza de hijos, entre individuos homosexuales. Desde primates, hasta parásitos intestinales.
Yo siempre citaba su ensayo llamado El vínculo sobre las relaciones (prácticamente indestructibles) entre gansos machos.
Lamentablemente su simpatía hacia el nacional socialismo hitleriano en su temprana juventud, manchó su trabajo e imagen hasta sus últimos días. No así su herencia de comprensión sobre el mundo animal y por ende el nuestro. Aunque términos como anti natura, homo, bi o heterosexual, tenga sin cuidado a los recién estrenados padres Skip y Ping, o a Inca y Rayas, las parejas gay de pingüinos macho y “atracción” de los zoológicos de Berlín y Madrid respectivamente, así como a sus semejantes (de colectivo) en Ámsterdam, un guapísimo par de buitres macho que a pesar de tener hembras disponibles construían juntos cada temporada, durante cinco años un nido, se apareaban y esperaban frustrados un huevo, hasta que el personal del zoológico les dio un huevo abandonado que cuidaron devotamente hasta que eclosionó.
Lamentablemente su simpatía hacia el nacional socialismo hitleriano en su temprana juventud, manchó su trabajo e imagen hasta sus últimos días. No así su herencia de comprensión sobre el mundo animal y por ende el nuestro. Aunque términos como anti natura, homo, bi o heterosexual, tenga sin cuidado a los recién estrenados padres Skip y Ping, o a Inca y Rayas, las parejas gay de pingüinos macho y “atracción” de los zoológicos de Berlín y Madrid respectivamente, así como a sus semejantes (de colectivo) en Ámsterdam, un guapísimo par de buitres macho que a pesar de tener hembras disponibles construían juntos cada temporada, durante cinco años un nido, se apareaban y esperaban frustrados un huevo, hasta que el personal del zoológico les dio un huevo abandonado que cuidaron devotamente hasta que eclosionó.
° Se dice que la Biblia es el libro más leído del mundo, no lo sé… tal vez el más comprado, o citado a conveniencia de detractores y defensores. Por supuesto que no la he leído (y me gustaría), pero con la misma intención que alguien usa girones de ese texto para condenarme, yo la usaba para evidenciar su ignorancia cuando les preguntaba:
—¿Sabías que dentro de los versículos del Levítico, en la MISMA lista de pecados donde se nos condena a los putos, también se incluye a quienes visten de color rojo escarlata y a quien come camarones?... o
—¿Qué piensas de la primera epístola a los corintios 6: 9-10?, donde Pablo dice: "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni hombres que tienen para propósitos contranaturales, ni hombres que acuestan con hombres, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios."
Con tono sarcástico remataba —¿No te parece bastante familiar esa descripción con el lugar donde tú y yo vivimos ahora? A lo mejor no nos hemos enterado que YA estamos en el infierno.
° Para los razonamientos médicos nunca faltó el DSM-III, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, de la cual se retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades desde 1973.
Y mi favorito, la piedra angular sobre la que se construyó el discurso de los derechos civiles de muchos movimientos de liberación homosexual por el mundo: el Memorándum del 17 de mayo de 1990, cuando se retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Con tono sarcástico remataba —¿No te parece bastante familiar esa descripción con el lugar donde tú y yo vivimos ahora? A lo mejor no nos hemos enterado que YA estamos en el infierno.
° Para los razonamientos médicos nunca faltó el DSM-III, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, de la cual se retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades desde 1973.
Y mi favorito, la piedra angular sobre la que se construyó el discurso de los derechos civiles de muchos movimientos de liberación homosexual por el mundo: el Memorándum del 17 de mayo de 1990, cuando se retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
° Por último quedaba la sobadísima cantaleta de corte “culto” —¿Habías oído que grandes personajes de la humanidad fueron gays? —y me soltaba con una retahíla de nombres a los que solo faltaba que anexara el mío. ¿Y quién lo diría?... cuando se pone en el buscador de Google imágenes:
grandes homosexuales de la historia
¡Sale mi foto! junto con las imágenes de Oscar Wilde, el boxeador Orlando Cruz, el Primer Ministro de Justicia de Israel, Marcel Proust, Federico García Lorca y otras más de famosos o sus obras.
¡Sale mi foto! junto con las imágenes de Oscar Wilde, el boxeador Orlando Cruz, el Primer Ministro de Justicia de Israel, Marcel Proust, Federico García Lorca y otras más de famosos o sus obras.
(Update 2024: hice una revisión actualizada de dicha búsqueda y ya no aparezco... sin embargo modifiqué la pregunta: grandes homosexuales mexicanos y, ¡sale mi foto! ¡¡YES!! soy "grande".)
Con el tiempo comenzó a darme pereza el asunto y llegué a sospechar que, a más de ser un mecanismo de persuasión para terceros, parecía que era a mí mismo a quien trataba de convencer del derecho a existir. Volví a mi raíz, a aquellos radicales tiempos en que militaba en el FHAR (Frente Homosexual de Acción Revolucionaria) cuando a pregunta expresa de qué era yo, simplemente respondía: —¡Soy PUTO y qué!
Con el tiempo comenzó a darme pereza el asunto y llegué a sospechar que, a más de ser un mecanismo de persuasión para terceros, parecía que era a mí mismo a quien trataba de convencer del derecho a existir. Volví a mi raíz, a aquellos radicales tiempos en que militaba en el FHAR (Frente Homosexual de Acción Revolucionaria) cuando a pregunta expresa de qué era yo, simplemente respondía: —¡Soy PUTO y qué!

