1984 Agosto: segundo viaje de Hongos YIN YANG
Igual
que el año anterior, todo el grupo queda de verse en la casa de los Cué en San
Ángel. Subimos en varios carros a la cabaña de Los Dinamos y, estando ahí
hacemos una dinámica de integración para que cada uno de nosotros se presente.
Vamos algunos integrantes de SEXPOL, también van personas que hacen trabajo psicoterapéutico con Leonardo, hermano de Antonio.
Cada uno tomamos en el patio de afuera nuestra ración de hongos. Veinte minutos después, inicia el viaje.
Vamos algunos integrantes de SEXPOL, también van personas que hacen trabajo psicoterapéutico con Leonardo, hermano de Antonio.
Cada uno tomamos en el patio de afuera nuestra ración de hongos. Veinte minutos después, inicia el viaje.
Recostado un rato sobre el pasto, contemplo los árboles. Vuelvo a levantarme y camino por una vereda que va hacia el arroyo, pero comienza una ligera llovizna por lo que decido regresar.
De
camino a la cabaña detengo mi paso en un arbusto, me hinco frente a él y llama
mi atención una telaraña más o menos grande. Veo a una araña que hace temblar
la telaraña desde su centro moviendo las patitas. De reojo, percibo que otra araña a
unos veinte centímetros hace lo mismo, luego noto que hay otra, y otra, y otra; cada una desde el centro de su propia telaraña hace vibrar sutil, casi melódicamente, todo el
conjunto. Al alejar la vista un poco, descubro que toda la estructura está
llena de gotitas de agua y luce idéntica a una majestuosa catedral gótica con
vitrales de luz.
Estoy maravillado, aunque algo provoca mi interés en el suelo. Un círculo de pasto se hunde y, conforme se adentra en la tierra es más oscuro. Desde ahí abajo, desde esa negrura, comienzo a oír que una voz dice:
—Ven, aquí está lo que buscas…
Escucho
un alboroto de gente corriendo hacia la cabaña, la lluvia arreció. Yo me
levanto y también camino hacia el interior. Entro a uno de los cuartos y tomo
asiento en el piso. Mientras seco mi cabeza con un trapo que encuentro por ahí, miro
hacia el suelo, de nuevo un pedazo circular se forma en el piso, se hunde y oscurece igual que lo hacía el pasto hace un rato. Surge de nuevo ese algo
que susurra:
—Te
ofrezco poder, aquí está el poder.
Mientras escucho, noto que mi piel tiene un tono verde metálico, parecido al de los reptiles.
Muevo el brazo y este se desplaza como si fuera una serpiente, los movimientos son similares a los de una danza hindú o taichí. Son elegantes y sensuales, repito la acción con el otro brazo y la cintura, siento tanta voluptuosidad al tiempo que escucho:
—Eso eres tú, eso es lo que hay aquí abajo.
Mientras escucho, noto que mi piel tiene un tono verde metálico, parecido al de los reptiles.
Muevo el brazo y este se desplaza como si fuera una serpiente, los movimientos son similares a los de una danza hindú o taichí. Son elegantes y sensuales, repito la acción con el otro brazo y la cintura, siento tanta voluptuosidad al tiempo que escucho:
—Eso eres tú, eso es lo que hay aquí abajo.
Subo la mirada y la luz que entra por la ventana lo ilumina todo, el mundo ahora es todo claridad.
Ese resplandor es mi camino. Vuelvo a oír dentro de mi cabeza, —ven a la luz.
Respiro muy hondo y siento una gran paz interior.
Definitivamente quiero esa luz, aunque al bajar la cabeza, me está jalando de nuevo ese otro centro de poder. Regresan los movimientos hipnóticos y la piel perfecta de turquesa.
Levanto la mano para describir un círculo por el aire y ahí está de nuevo esa brillantez con sus murmullos místicos, con la respuesta a todas mis dudas y temores.
Quedo atrapado en un ciclo donde subo y bajo, donde cada opuesto mejora la oferta del otro:
—Aquí serás feliz con poco…
—Acá lo obtendrás todo.
Definitivamente quiero esa luz, aunque al bajar la cabeza, me está jalando de nuevo ese otro centro de poder. Regresan los movimientos hipnóticos y la piel perfecta de turquesa.
Levanto la mano para describir un círculo por el aire y ahí está de nuevo esa brillantez con sus murmullos místicos, con la respuesta a todas mis dudas y temores.
Quedo atrapado en un ciclo donde subo y bajo, donde cada opuesto mejora la oferta del otro:
—Aquí serás feliz con poco…
—Con la luz irradiarás fuerza…
—Con oscuridad la acumularás.
—Con oscuridad la acumularás.
Arriba: —Te liberaré del dolor que provoca el deseo.
—Tú tendrás esto…
—Yo te daré aquello……………........………....
La
subasta se apaga poco a poco y mi energía también. No sé en qué momento salgo
del viaje.
Al dar mi testimonio, le confieso a Toño que
quizás desperdicié la oportunidad de tomar alguno de los caminos que se me
estaban ofreciendo, pero fue imposible decidir.
Ambos lucían igualmente
atractivos.
Toño
explica que yo había tenido un viaje Yin Yang, que muestra básicamente el dilema de la humanidad. Somos luz y oscuridad. Cuando nos inclinamos por uno de los polos, siempre lo hacemos
negando, ignorando o reprimiendo la otra parte, en lugar de conocerla y
aceptarla, lo que nos daría la posibilidad de integrarnos en un ser completo.
Se dirige a todo el grupo para contar que alguna vez miró una escultura que representaba a un hombre sabio y viejo, con barba. El pelo de esa barba se extendía y formaba una larga correa trenzada, que en su extremo volvía a desenredarse para fundirse con la melena de un león, al que el anciano iba paseando.
Finalizó diciendo que en la medida en que sepamos cuales son nuestros
demonios, mejor podremos lidiar con ellos.



