jueves, 5 de octubre de 2023

Bitácora de viajes

1984 Mayo: segundo viaje de Ketamina                                      SEMINARIO DE MUERTE
 
   Ha sido un año de trabajo muy intenso con SEXPOL, cada domingo (cuando el trabajo me lo permite) asisto a las sesiones. En esta ocasión se lleva a cabo un seminario sobre el tema de la Muerte.
   En el primer día, el sexto punto es un ejercicio que nos conmueve a todos. Yo respondo así:
 
EXPLORACION DE LA PROGRAMACIÓN DE LA MUERTE
 
                  ¿A qué edad va a morir?
                       ° 77 años
                   ¿De qué?
                       ° Muerte natural o deficiencia cardíaca
                   ¿En qué lugar y condiciones?
                       ° En mi casa y cama (un pequeño sueño es ser quemado en la India) o en la montaña
                   ¿Cómo será el momento de su muerte?
                       ° Nocturno, apacible, un poco melancólico
                   ¿Quiénes estarán con usted en ese momento?
                       ° Probablemente nadie
                   ¿Cuáles serán sus últimas palabras?
                       ° Quizá alguna expresión de sorpresa y alegría
                   ¿Quiénes sufrirán más con su muerte?
                       ° Mis hermanos si aún vivieran
                   ¿Cómo será el velorio?
                       ° Seré incinerado
                   ¿Cómo y dónde será enterrado?
                       ° Mis cenizas arrojadas al mar
                   ¿Cómo será su monumento?
                       ° Los 4 elementos
                   ¿Qué dirá su epitafio?
                       ° Me recordarán como una persona que enseñó muchas cosas
 
   La segunda sesión pretende integrar toda la experiencia teórica y racional del día anterior, en una vivencia emocional.
   Estamos en la cabaña de los Cué en Los Dinamos. Después de que cada quien revisa sus notas del sábado, se nos pide reescribir un texto más completo a manera de epitafio que será leído en la siguiente actividad.

   Salimos a la parte trasera de la cabaña donde se ha excavado una fosa profunda en la que cabe un féretro de madera que se encuentra a un lado. Uno por uno va entrando a la caja; cuatro integrantes del grupo colocan unas cuerdas, para sostener el ataúd sobre la fosa. Lo bajan lentamente mientras se lee el mensaje post mortem que dejó el difunto…
   Es mi turno. Entrego el epitafio a uno de mis compañeros, entro descalzo al féretro, me recuesto con las manos sobre el vientre y se pone la tapa. Todo es sombrío ahora, escucho dos o tres martillazos que indican que se está sellando la caja, siento como me levantan y tras unos segundos puedo percibir que desciendo. Una voz comienza a leer mi texto.
   Sí, definitivamente estoy bajando porque el sonido es cada vez más lejano. Trato de seguir la voz. Oigo un ruido sobre la tapa del ataúd, lo que significa que arrojan tierra sobre él. Lo sé porque también se hizo lo mismo con la persona que me antecedió. Luego, después de unos golpes más de tierra, impera el silencio y la oscuridad total.
   Me encuentro tranquilo, alcanzo a advertir un olor a tierra mojada y madera. No tengo frío ni temor, trato de poner la mente en blanco con la técnica de meditación que nos ha enseñado Toño.
   De pronto, siento que comienza el ascenso. Trato de aprovechar hasta el último segundo esta experiencia. Se abre la caja, salgo un poco deslumbrado por la luz del sol que pega de lleno en mi cara.





 
   Hemos pasado todos. Regresamos al interior de la cabaña, hacemos un círculo y a uno por uno nos inyectan ketamina.
   Caigo en un estado de total inconciencia.
   No recuerdo, o no deseo recordar que pasó durante esos minutos en mi cabeza.














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