jueves, 5 de octubre de 2023

Bitácora de viajes

1983 Septiembre: primer viaje de Hongos                                MI PRIMERA COMUNIÓN



   Arturo Rodríguez me dijo dos semanas antes, que quería ser mi padrino, quería pagar por mí, el costo de esa experiencia. Gracias amigo.
 
   Es domingo, el día en que siempre se hacen las sesiones de bioenergética; sin embargo, esta vez vamos a la cabaña de los Cué en Los Dinamos. Son las diez de la mañana y llegamos un grupo de doce a quince personas.
   Después de platicar o acomodar mochilas y bolsas con alimentos en la cocina, sentados, haciendo un círculo en la sala de la cabaña, nos presentamos cada uno con el resto del grupo y expresamos brevemente cuales son nuestras expectativas en este viaje. Se apersonan Adela Fernández, su hijo e hija, ambos adolescentes; Ezequiel, un catedrático de la UNAM; un joven argentino rubio con ojos azules, que asegura ser primer bailarín del musical Chorus Line en Nueva York; una mujer treintona, alta ejecutiva en una empresa; estamos Juan Worner, Arturo, yo y otros compañeros además de Toño y Leonardo.

   Salimos a la parte externa de la cabaña, es un solar grande más o menos plano y con pasto. Sentados todos sobre el césped, los Cué comienzan a entregar a cada uno de nosotros un pequeño plato que contiene un montoncito de hongos con miel (se ven tan poquitos para hacer lo que se cuenta que hacen). Nos piden ingerirlos y dicen que podemos quedarnos ahí o movernos hacia donde queramos.
 
   Los como, me separo unos metros del grupo para recostarme sobre el jardín, veo que por ahí anda un perrito corriendo y olisqueando a las personas. Mientras espero a que hagan efecto los hongos estoy mirando el cielo, doy vuelta y algo en el pasto llama mi atención, es una hormiga. Observo perfectamente cada detalle de ella, a su lado hay otro bichito igualmente detallado.
   Antes de sorprenderme detecto a otro y a otro, puedo ver las patitas, antenas, panza, ojos y movimientos de cada uno de ellos ¡al mismo tiempo! Alejo mi cabeza un poco, paso la mano por el césped y percibo que cada varita de pasto tiene su propio movimiento. Ni siquiera tengo puestos los anteojos y mi formidable visión es micrométrica. Cada elemento de ese pedazo de tierra es único y al mismo tiempo forma parte de un todo.

   En ese momento la escena es interrumpida por el perrito, se acerca y trato de alejarlo suavemente, pero el cachorro sigue jugando. De repente, se tira de lado sobre el pasto con su carita exactamente frente a la mía, se queda quieto y me mira a los ojos, veo sus pupilas negras y empiezo a profundizar cada vez más en ellas. Testifico como el perrito y yo, entramos cada uno en el otro, es una caída libre en ambas direcciones. De pronto, mis ojos tocan algo que estremece todo mi ser. ¿Es el rostro de la VIDA?
¿Un espejo donde se concentra el reflejo de todos los seres de este mundo? ¿O la esencia del TODO?
Es un momento muy fugaz, siento que ese algo es lo que tenemos en común ese perrito y yo, los bichitos, el pasto y yo.



   La emoción es tan poderosa y conmovedora que comienzo a llorar. El perrito se levanta y corre. No puedo detener mis lágrimas.
   Toño está cerca, se inclina y pregunta si estoy bien. Le digo que en mi cabeza se repite la palabra comunión, pido que me explique qué significa eso y responde:
   —Pregúntate, solo pregúntate.
   Se pone de pie y busca a alguien más.
   Alcanzo a ver que él y su hermano están ayudando a una chica que no para de gritar...
   —¡Quítenmelo de encimaaaaaa!
   Pienso que la está pasando muy mal.
   Ezequiel se acerca, saluda y lo invito a caminar un rato. Tomamos la vereda hacia el río.
   Desnudo, entro al agua que es muy fría. Cuando intento salpicarlo descubro que las gotas de agua parecen miles de diamantes que no paran de caer, pues ahora ha comenzado a llover. Juego un rato y salgo del agua. Mientras me visto, le comento a mi acompañante que tal vez alucino, ya que veo en él a un guerrero siux. Ezequiel a su vez contesta que tengo cara de comic de los cincuentas, reímos mucho.

   Regresamos al patio. Ezequiel se va a dar cátedra frente a un maizal, habla de fórmulas y elementos.
   Paso al lado del bailarín argentino. Está en calzoncillos, anda a gatas y escarba la tierra con las manos, mete puños de lodo a su boca, tiene la cara embarrada de mocos y barro, los ojos saltones y enrojecidos.
   Me retiro para observar a todos, detengo la vista en Juan; medita en posición de loto y tengo una revelación: Juan es Dios. ¡Wow! no lo hubiera imaginado. 
   Pasan segundos o minutos y advierto que Toño habla y toma la mano de alguien. De pronto, otro descubrimiento: Toño es Dios. ¡Es obvio!


   Hace algo de frío y decido volver a la cabaña. Entro a uno de los cuartos, subo a un sillón, me siento en cuclillas, veo que hay una colcha a la mano y la tomo para cubrirme con ella. Estoy contemplando una vela encendida sobre un librero, fijo la mirada en la flama. Mi respiración es muy profunda y placentera. Bajo la mirada para ver la colcha que me envuelve, observo hacia un costado y hacia el otro, su caída es perfecta y simétrica por todos lados. Una especie de éxtasis inunda mi cuerpo y tengo una epifanía:
YO soy DIOS.
 


   Se escuchan voces afuera, parece que ya he salido del viaje. Dejo la cabaña. Varios compañeros están armando en el patio una mesa larga y ponen sobre ella la comida que llevaron: fruta, tortillas calientes, aguacates, queso, ensaladas, carnitas de cerdo, nopales asados, un pastel y tartas de fruta.
Comenzamos a rodearla y sentarnos en el pasto, cada quien sirve en su plato lo que desea. Es curioso, a pesar de que junto con los platos se han puesto tenedores y cucharas, nadie los utiliza.
Todos tomamos la comida con los dedos y así la metemos en la boca. El sabor de la fruta, queso y postres es delicioso. Yo agarro un pedazo de carne de cerdo y lo llevo a la boca, lo mastico y me levanto. Corro hacia un árbol para escupirlo, el sabor es asqueroso y pienso... esto es un cadaver. Rasco mi lengua con las uñas para quitarme el sabor y miro hacia la mesa. Quiero prevenir a todos que no coman eso, pero cuando me acerco advierto que varios la comen y hacen expresiones de gusto cuando la muerden, así que solo tomo lugar en el césped y sigo saboreando fruta, yogur y pastel.


   Durante la integración de la jornada, el grupo comparte su experiencia. Todos oímos sobre los fantasmas de la violación de una chica, que para Adela todos nos oímos y lucimos como tablas huecas y que el bailarín vomitó años de acartonamiento.

   Toño sugiere que invierta el resto de la energía de mi experiencia en trabajo personal, mas por hoy ha sido suficiente, así que esa noche, ese excedente, lo derrocho generosamente en la cama de Ezequiel.










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