Apenas
llegué hace un mes de Europa y Asia. Cien días en un maratón de vivencias desde
muchos ángulos: cultural, arquitectónico, artístico, social, culinario,
sensorial, sexual, espiritual.
Esta última perspectiva me ha dejado especialmente impresionado, sobre todo por mi íntima relación con Dios y lo divino.
De la misma forma en que lo hago cuando visito ciudades o pueblos en mi país, en ningún momento o
lugar perdí la oportunidad de visitar los centros religiosos. Así pasó en España,
en Nepal y en la India.
Me maravillaron las pinturas y esculturas religiosas en museos, monasterios y catedrales europeas (y las catedrales mismas); contemplar estatuas de divinidades en los templos hinduistas y saber que tenían cientos o hasta mil años de antigüedad; oír como retumbaba al unísono, el Om, en la voz de docenas de monjes budistas en Sarnath y ver a fieles Jainistas caminar desnudos por la calle, dignos a pesar de su total “despropiedad”.
No lo sabía, pero cada imagen se iba incrustando en mis retinas. Todos se veían hermosos en estampa y perfectos en obra. O al menos, eso es lo que representan, lo sé.
Esta última perspectiva me ha dejado especialmente impresionado, sobre todo por mi íntima relación con Dios y lo divino.
Me maravillaron las pinturas y esculturas religiosas en museos, monasterios y catedrales europeas (y las catedrales mismas); contemplar estatuas de divinidades en los templos hinduistas y saber que tenían cientos o hasta mil años de antigüedad; oír como retumbaba al unísono, el Om, en la voz de docenas de monjes budistas en Sarnath y ver a fieles Jainistas caminar desnudos por la calle, dignos a pesar de su total “despropiedad”.
No lo sabía, pero cada imagen se iba incrustando en mis retinas. Todos se veían hermosos en estampa y perfectos en obra. O al menos, eso es lo que representan, lo sé.
La noche de hoy quiero rendir un homenaje a esas deidades. Y para conectarme con ellas, emulando a una pitonisa antigua, lo haré quemando marihuana:
Primero, visualizo la Anunciación de Fra Angélico, con una antigüedad de 500 años. Ahora miro el fresco que plasma la imagen de Jesús, pintado sobre un muro en el Monasterio de Montserrat, siglo X, medioevo puro. Por último veo aparecer el Crucifijo de Cellini, es la escultura de Cristo más bella y cachonda que he visto en mi vida, está totalmente desnudo.
Me identifico plenamente con la
redención, el martirio y el corazón sangrante que simbolizan.
Mi guía
asignado desde la niñez.
Sentado
en flor de loto; meditativo, sabio, eterno, surge Buda frente a mí. Que portento
de hombre que, habiendo alcanzado la iluminación, prefirió renunciar al nirvana
para quedarse como un Bodhisattva.
Qué compasivo, qué marav……………………
—Estabas conmigo ¿qué pasó?, —me
interrumpe Jesús.
—¡Cierto! veía yo el dolor que causó tu inmenso sacrificio en pos de la humani……
—¡Cierto! veía yo el dolor que causó tu inmenso sacrificio en pos de la humani……
—¡¡Carlos!! —Me llama Krishna. —Recuerda que soy tu tutor.
—Sí, sí por supuesto.
Sé cuánto me has
protegido durante todos est………………......
Buda
no necesita hablar, su luz resplandece tanto que capta mi atención de
inmediato.
Por Dios, tanta paz, y cuánta sabid………………......
—¡CARLOS!...
—¡OYE!...
—¡HIJO MÍO!...
—¡AMADO!...
—¡SIERVO!...
Todos
me llaman al mismo tiempo, uno seduce, el otro ordena, aquel amenaza. No solo
requieren de mi atención, cada vez hay más presión para que yo me decida por
uno de ellos. Es un tormentoso conflicto de lealtades, estoy muy angustiado y
comienzo a llorar.
Por si fuera poco, un nuevo integrante se une a la bulla. Suena a Mí.
Dice que no me haga el tonto, que sé muy bien que Dios NO existe, que no lo dice él, que recuerde a Spinoza, a Freud, a Nietzsche, a Schopenhauer, a Jung, a Asimov, a Marx, a Einstein, a Bernard Shaw,
Por si fuera poco, un nuevo integrante se une a la bulla. Suena a Mí.
Dice que no me haga el tonto, que sé muy bien que Dios NO existe, que no lo dice él, que recuerde a Spinoza, a Freud, a Nietzsche, a Schopenhauer, a Jung, a Asimov, a Marx, a Einstein, a Bernard Shaw,
a Sagan, a………….
Tantos
llamados y nombres se entremezclan. Sin darme cuenta en qué momento aparece,
una mancha negra sobre el piso se acerca hacia mis pies descalzos.
La exigencia de una respuesta y mi
indecisión crecen,
la mancha avanza, está rozando mis dedos, puedo verla
perfectamente. Es un gigantesco abismo negro y sin fin.
Hay un absoluto silencio. Solo escucho mi llanto y entre balbuceos respondo:
Hay un absoluto silencio. Solo escucho mi llanto y entre balbuceos respondo:
—Todos son lo
mismo, los necesito a TODOS.
La mancha desaparece.





