1996
Octubre: séptimo viaje de Marihuana ¡BUEN VIAJE!
A principios de septiembre me comunicaron en la empresa para la que trabajaba, que debido a la severa crisis financiera por la que pasaba, tenían que reducir por tercera ocasión el personal. No lo hicieron antes conmigo porque estaban muy contentos con mi desempeño, pero no había más alternativa.
Varios compañeros/as
salían llorando de la oficina del director, con la cara desencajada tras
recibir la noticia. Yo mostré serenidad. En compensación, me aseguraron que
recibiría hasta el último centavo que correspondía por ley.
Pasé con la responsable
de Recursos Humanos (que era mi amiga) y dijo con una expresión muy afligida,
que me darían casi $60,000.00 como indemnización.
Me contuve… estuve a punto de estallar.
Me contuve… estuve a punto de estallar.
Quería
brincar de felicidad, besarlos, anhelaba gritar: "¡GRACIAAAAAS! los amo a todos".
Hace
unos meses que ya no encontraba satisfacción en mi trabajo, lo único que hacía
que continuara ahí era el buen salario que recibía. Me había prometido que
después de recibir la gratificación de fin de año en diciembre, entregaría mi
renuncia. Para entonces, había ahorrado lo que al parecer, era una
fortuna.
Juré que ese “extra” lo disfrutaría en un gran antojo.
Comencé
por ir unos días a Acapulco. Al tercer día, uno de los amigos con los que
convivía en la playa comentó que su prima trabajaba para Aeroméxico, que una
vez al año le regalaban un pasaje redondo para volar a España, y le preguntaba
si sabía de alguien que pudiera interesarse por el boleto; solo estaba pidiendo
$5,000.00.
Sin pensarlo siquiera, le dije que yo lo quería. Más tarde, desde la
recepción del hotel, llamó a su pariente, me comunicó con ella y en unos
minutos cerramos el trato.
Había oído que las personas de piel morena tienen mucho éxito por Europa (al menos en el ámbito gay), así que prolongué mi estancia por diez días más. Regresé a la Ciudad de México con un color espléndido.
Había oído que las personas de piel morena tienen mucho éxito por Europa (al menos en el ámbito gay), así que prolongué mi estancia por diez días más. Regresé a la Ciudad de México con un color espléndido.
Además,
varios días atrás, me las arreglé para realizar con Víctor Hugo el ritual de
luna y sangre, la última carta para sacarlo definitivamente de mi vida.
no surgen culpas ni miedos, no hay premoniciones.
Entre mi cerebro y el universo, se ha pactado una tregua. Únicamente, me dejo llevar.
Mi viaje de marihuana es un lienzo en blanco, limpio, como el viaje que emprenderé en unas horas.
Entre mi cerebro y el universo, se ha pactado una tregua. Únicamente, me dejo llevar.
Mi viaje de marihuana es un lienzo en blanco, limpio, como el viaje que emprenderé en unas horas.
