jueves, 5 de octubre de 2023

Bitácora de viajes

1997 Diciembre: décimo viaje de Marihuana                             LA DANZA DE SHIVA
 
   Han sido unos meses de ocio. No he necesitado gastar mis ahorros, pues cada dos o tres semanas trabajo para mi antiguo empleador siendo Ecónomo de Alimentos o sea, preparo los platillos a los que se les tomarán fotos para ilustrar los menús y manteletas de papel que se ponen sobre la mesa de los restaurantes. Con dos sesiones de trabajo tengo para subsistir sin apuros durante el mes.
   Hasta en mi vida amorosa y sexual hay una tibia pausa. La verdad es que no sé qué hacer con mi existencia y tampoco me preocupa mucho.
   ¿Por qué no consultarlo con mi amiga “Mari Juana”?
 
 
   Incluso en este momento me siento relajado y sin nada que ocupe mi cabeza, encendí un incienso de sándalo y escucho música de Stephan Micus. Comienza a sonar una pieza que conozco muy bien.
Tiene un inicio muy suave y, conforme avanza va tomando mucha fuerza, suena a danza hindú.
   Me levanto del sillón y comienzo a bailar descalzo por toda la sala con movimientos tersos. Paso frente al librero y veo sobre una repisa la figurita de bronce que compré en Varanasi, es Shiva, con sus múltiples brazos.
   Está danzando, igual que lo hago yo en este momento.



   Por lo que sé, es la danza de la creación y la destrucción. El ciclo eterno del universo: crear y destruir.
   El ritmo de la música se hace más enérgico, entra por mis oídos, pero también por la nariz, por los poros de mi piel, me inunda.
   Crear y destruir. Si él lo hace, por qué no hacerlo yo también.
La danza nos posee a ambos. Levantamos un brazo y surge una galaxia, señalamos con el otro y desaparece un mundo, con cada golpe de su tamborcillo surgen océanos y montañas, con el fuego que nace de nuestra cuarta mano, se arrasa con un ejército, aunque en el siguiente movimiento iluminamos a una nueva raza.
Con un salto, paso de ese macro cosmos al nano universo que ocupa mi vida.
   Trato de identificar cuál es el producto de mi creación y qué lo destruido.
   Aquellos primeros sueños creados durante mi despertar, destruyeron los sueños de los que me crearon. Esa, mi primera creación tuvo que ser destruida y así poder crear al nuevo destructor de ideas perversamente creadas para destruir cualquier impulso creativo. Destrucción que reconstruye;
veo pasar batallas, caminos, he creado y he destruido.
   Las últimas notas apasionadas de esta danza, me llevan a un reencuentro con el pequeño Señor Shiva. Otra de sus manos señala hacia abajo, parece decir: "observa, tengo todo bajo control".
Con uno de sus pies, está aplastando a un demonio.
 
   Es hora de crear.




                                     regresar a                                                                                                                                                                                   ir a Índice de
                      Antología de Pitos y Leyendas                                                                                                                                                          Bitácora de Viajes