jueves, 5 de octubre de 2023

Bitácora de viajes

1999 Noviembre: décimo primer viaje de  Marihuana                            X (MUERE O´LIGHT)

 

   Se supone que una fumadita de marihuana me relajaría un poco, pero no. Mi estómago no para de tener contracciones, estoy salivando y sobreviene el primer espasmo de vómito, sabe a hiel, sabe a amargura.

   Mi niño, mi bebé, ha muerto.

 

   Me tomó nueve meses tu creación, llevarías lo mejor de mis genes: sano, fuerte, amable, creativo, solidario. Lo mejor de dos mundos, el sabor y la salud.

   Después de buscar entre muchos nombres (como lo hace cualquier padre) decidí que te llamarías:

O´Light “Gastronomía Baja en Calorías”

 

   Me enamoré de tí desde el primer momento en que supe que vendrías. La idea estaba más que probada en mí, tu papá. Desde jóven había buscado la manera de comer sanamente. Para cuando te concebí, había logrado un equilibrio ideal entre contenido nutricional, sabor, tradición y apariencia.
   Tendrías un aire internacional con un fuerte acento mexicano. Sí, sonaba un poco pretencioso.
   Un exitoso amigo restaurantero de la zona en donde naciste, me dijo:
   —Vende “tortas” no te compliques.
   Sin embargo mi intención no era vender solo comida, quería aportar, revolucionar, mejorar la salud de la gente. ¡¡Que sí, carajo!! Era doblemente pretencioso.
   Pero, ¿qué papá no sueña con heredar al mundo a “El Nuevo Hombre”?
 
   Otra contracción y más basca……………… me duele el pecho, y los brazos y las piernas y la espalda y cada dedo de manos y pies, ese dolor que me aquejó todos los días en que trabajé de 6 de la mañana a 11 de la noche durante tus dieciseis meses de vida. Me dolían de caminar kilómetros repartiendo propaganda, de permanecer parado en la puerta para recibir a tus invitados que no llegaban, que te ignoraban, a los que nunca les interesó lo que ofrecías. Me dolían porque no quería dejarte solo. Deseaba participar en todas tus actividades: comprar tus víveres, asearte, vestirte, cocinarte, limpiar tu mierda. Y por qué no, si gasté hasta el último centavo de mis ahorros para traerte a esta tierra.
¡Ouch! Ahora me está doliendo el orgullo.
 
   Esta nueva arcada viene además, acompañada de nauseas. Nada que ver con esa sensación de sentirte un hombre total, cuando diste su primera paga a tus 6 trabajadores. Orgulloso porque creaste una fuente de trabajo para ¡6 familias!
 
   ¡Aghhhhhh! cuanto vómito, que asco. Idéntico al asco que poco a poco iba invadiendo tu alma cuando descubrías a esos mismos trabajadores robándose la carne, el café, los cubiertos, las servilletas, el azúcar, el papel higiénico. Cuando los hallabas arremedándote y burlándose de que eras un maricón,
de TI, la próxima súper estrella empresarial.

   ¡Ya casi! Ya casi sale todo ese licuado de jugos gástricos, de ácido, frustración, despecho y rabia, de derrota.
   Adiós pequeñito, déjame darte un último abrazo, sentirte tan… ¿redondo y frio? como esta taza de retrete a la que me aferro.
 
   Poco a poco regreso a la realidad, a esta mantecosa, diabética y fritanguera realidad que me rodea.











 
 
Reseña que la Crítica en Gastronomía: Lila Lomelí, de la revista Mujeres de Contenido, hizo de mi restaurante después de visitarlo en mayo de 1999. La publicación salió 6 meses después, justo cuando yo estaba desmantelando el lugar.







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