1988
Noviembre: tercer viaje de Marihuana ME MARCHO A NUEVA YORK
Según Fernando Almanza, esto es lo que debí haber dicho el domingo que se los comuniqué. Pero no fue así. Con un tono altanero les dije a todos que ya me daba flojera ir, que “todo” el grupo se había estancado y que no encontraba nada ahí.
Juan Worner se mostró muy indignado, Antonio Cué solamente asintió
con la cabeza.
Quizás no le afectó mucho. Me gusta pensar que él sabía, que SEXPOL
ya corría por mi sangre, que apuntalaba mis huesos y era la linterna con la que
yo me alumbraría en adelante.
La
primera prueba vendría en enero de 1987.
Le encuentran a mamá un tumor maligno
en un seno. Por ser carcinoma (un tipo muy agresivo de cáncer) le realizan
una mastectomía.
El primer día que la visito al hospital la veo en bata y luce “normal”. Al intentar enderezarse para platicar, su rostro se desfigura y hace una mueca que jamás había visto en ella. Era dolor, nunca la había visto expresar ni un poquito de dolor.
El primer día que la visito al hospital la veo en bata y luce “normal”. Al intentar enderezarse para platicar, su rostro se desfigura y hace una mueca que jamás había visto en ella. Era dolor, nunca la había visto expresar ni un poquito de dolor.
Algo se rompe y desmorona dentro de mí. Mi heroína, súper
mujer e ídolo, mi modelo a seguir…
¡sufre dolor!
Claro que ya lo había visto en la tía abuela, mi papá y mis hermanos, en el resto de los mortales, mas no en mi madre.
En unas semanas, ella está recuperada. Regresa a la Ciudad de Puebla a donde se fue a vivir dos años atrás, después de los sismos que azotaron a la capital.
En marzo de ese año renuncio a mi plaza en
la SEP y me embarco para trabajar de ayudante de cocinero en el "Crucero del
Amor" el Pacific Princess, no sin antes hacer junto a Daniel (con quien llevo 5 meses de
relación) un pacto de fidelidad para no contraer el VIH.
Desembarco en Acapulco a finales de octubre. Esa noche mientras hacía con Daniel el amor, le acaricio la nuca y noto unas bolitas en la parte trasera de su cuello. Luego, en la Ciudad de México saco una cita para que nos realicen una prueba en el Hospital de la Raza. Yo salgo negativo, pero él sale positivo a VIH.
Claro que ya lo había visto en la tía abuela, mi papá y mis hermanos, en el resto de los mortales, mas no en mi madre.
En unas semanas, ella está recuperada. Regresa a la Ciudad de Puebla a donde se fue a vivir dos años atrás, después de los sismos que azotaron a la capital.
Desembarco en Acapulco a finales de octubre. Esa noche mientras hacía con Daniel el amor, le acaricio la nuca y noto unas bolitas en la parte trasera de su cuello. Luego, en la Ciudad de México saco una cita para que nos realicen una prueba en el Hospital de la Raza. Yo salgo negativo, pero él sale positivo a VIH.
El 30
de septiembre cumplo treinta años de edad. La temática de la fiesta es mi
propio funeral.
Ha muerto Carlos, ¿cuál de ellos?: el idealista, la
quinceañera, el soñador, no lo sé a bien, pero mi visión del mundo ya es otra.
En
octubre, remato mis muebles y, junto con los ahorros que tengo, compro un boleto
de avión para Nueva York, apenas queda dinero para llevar unos dólares, cosa que no me preocupa.
En este viaje de marihuana, se auto presenta una “amiga”, que me acompañará los próximos 10 años.
Raúl me lleva a conocer su guarida secreta en el corazón de La Lagunilla, es una casa vieja y enorme. La sala, el comedor, un patio techado y todos los cuartos se hallan llenos de cosas antiguas que vende o compra. Una de las recamaras se ha acondicionado para poder dormir ahí. Platicamos y tenemos sexo sobre un enorme sofá estilo Luis XV. Después de terminar, enciende un viejo televisor de bulbos. La imagen es en blanco y negro, pide que me recueste en una cama cercana para ver mejor. Estoy desnudo y él en trusa.
La cama huele a creolina, aun así asegura que es
una joya con más de un siglo encima.
Enciende un toque de marihuana, fuma y extiende la mano para que yo haga lo mismo. No me gusta fumar con compañía, sin embargo me encuentro relajado, así que le doy unas fumadas.
Enciende un toque de marihuana, fuma y extiende la mano para que yo haga lo mismo. No me gusta fumar con compañía, sin embargo me encuentro relajado, así que le doy unas fumadas.
Él mueve varias cosas y yo veo la tele. Hay un programa que presenta
vedettes o bailarinas y escucho a Raúl diciendo que se ven muy “buenotas” pero es por la forma en que se paran. Volteo a verlo; dobla una
rodilla y levanta las nalgas, como imitando una pose. Comienzo a reír cuando noto que se lo ha tomado muy en serio y sigue insultando a las
chicas.
Regreso la mirada hacia la cama, veo su color, checo la estructura y su olor se manifiesta más intenso. Pienso en el hecho de que es una cama de hospital, que a lo largo del tiempo enfermaron y murieron muchas personas sobre ella y ha visto infinidad de almas partir.
Regreso la mirada hacia la cama, veo su color, checo la estructura y su olor se manifiesta más intenso. Pienso en el hecho de que es una cama de hospital, que a lo largo del tiempo enfermaron y murieron muchas personas sobre ella y ha visto infinidad de almas partir.
Hasta
entonces noto que los resortes que sostienen al colchón han perdido su resistencia, lo que ha hecho que se hunda mi cuerpo. Trato de incorporarme mas no puedo, tomo
impulso con los dos brazos y tampoco lo logro. Por un lado no tengo fuerzas y por
otro, es la misma cama la que me absorbe hacia el fondo.
Llamo a Raúl, viene y se sienta en la
orilla, pregunta si me encuentro bien, trato de responder pero no puedo hablar, él
se acerca lo suficiente, de manera que nuestras bocas quedan separadas por unos
centímetros y con voz baja asegura:
—Tranquilo,
todo está bien.
Cierro los ojos y el contorno de su cara queda impreso en
mi mirada sobre un fondo oscuro. La silueta comienza a rodearse de pequeños
rayos de luz azul y va tomando la forma de un cráneo, el resplandor se hace más
grande, abro los ojos y su cara luce muy flaca, con la piel pegada al hueso.
Aprieto de nuevo los ojos y la imagen sigue ahí, ahora más nítida, es una
calavera que irradia rayos de luz, especialmente de su boca, aunque mirándolo
bien (aun con los ojos cerrados) no sale; está entrando una
corriente de energía luminosa que viene de abajo y nace de mi boca.
Hago un esfuerzo y empujo su cara.
Continúa tranquilizándome al tiempo en que pone su mano sobre mi hombro. No necesito
cerrar los ojos para sentir perfectamente como cada uno de sus dedos comienzan
a jalar mi energía y yo a debilitarme. Con un último impulso lo separo de mi
piel y le insisto que me siento mal. Se levanta y menciona que va por algo de
comer.
O es un cocinero muy veloz o perdí la noción del tiempo porque en un instante aparece. Trae un plato con carne asada, dos huevos fritos encima y un vaso de leche. Devoro todo y en poco tiempo me recupero.
O es un cocinero muy veloz o perdí la noción del tiempo porque en un instante aparece. Trae un plato con carne asada, dos huevos fritos encima y un vaso de leche. Devoro todo y en poco tiempo me recupero.
De camino a casa, recuerdo nuestro último encuentro. Después del viaje con marihuana en su casa, me preguntaba si él era un vampiro energético. Ahora, pensaba en la posibilidad de que en ese estado de conciencia, yo hubiera podido ver a través de su piel, a la Muerte ya instalada dentro de él.



