1995 Enero: cuarto viaje de Marihuana TE VAS A MORIR
Este
mes se cumplen tres años de haberse vendido el departamento de la Ciudad de
Puebla y de regresar a la vieja casa de Alfonso XIII en la Ciudad de México. Estar
allá me resultaba muy difícil.
Ahí cuidé a mamá durante su enfermedad y hasta
el final, en abril de 1990.
Unos
meses después de la partida de mi madre, Martín sale positivo de VIH y nuestra
relación también enferma.
Logro salir un poco de la depresión pues un amigo me invita a escalar el Pico de Orizaba.
Esa conquista me devuelve un poco de fuerza antes de abandonar Puebla
(y a Martín) en diciembre de 1991.
Ya en
la Ciudad de México, también termina la relación con Daniel. Me concentro en
remodelar mi parte de la casa, después de dividirla entre los hermanos.
Finalmente
en octubre del 92 y gracias a María (amiga y Ángel de la Guarda), entro a
trabajar a Helen´s con un trabajo muy
creativo y bien pagado. Todo marcha bien.
Acabo de fumar un cigarro de cannabis, es de noche y estoy sentado en el
sillón de la sala. Parece que no es buena mota porque no siento nada, me
levanto y camino hacia una vitrina con recuerdos familiares. En el muro están
colocadas dos fotografías de mi mamá. Observo con detalle una de ellas, la veo
tan hermosa y pienso en qué diría si pudiéramos platicar.
—¿Qué me dirías mamá? —La interrogo con una sonrisa mientras sale una profunda exhalación de mi pecho.
—¿Qué me dirías mamá? —La interrogo con una sonrisa mientras sale una profunda exhalación de mi pecho.
No contesta y ahora con una expresión
más retadora la cuestiono otra vez:
—¿Qué me dirías?... ¿Que me voy a
morir? —respondo con
tono despectivo.
Me voy
a morir…………...me voy a morir…………... Comienza a resonar dentro de mi cabeza un
eco con esas palabras, primero de manera muy lejana, apenas un murmullo que va
aumentando su volumen y velocidad con cada repetición...
"Me voy a
morir…………...…..……….. me voy a morir….…...…..…………….. me voy a morir…......…………….……. me voy
a morir…....………………….. me voy a morir……………...…………. me voy a morir……….....…........ me
voy a morir………..........…….. me voy a morir……….......…….
me voy a morir……......…... me voy a
morir…….......… me voy a morir…….....… me voy a morir…...…..... me voy a morir…….....… me voy
a morir………….. me voy a morir……..….. me voy a morir…….……. me voy a
morir….…..me voy a morir…...…
me voy a morir…....... me voy a morir…..…. me voy a
morir…...…. me voy a morir……... me voy a morir…....... me voy a morir……... me voy a
morir……. me voy a morir
….......me voy a morir…....... me voy a morir…....… me voy a
morir…........ me voy a morir…...... me voy a morir…..… me voy a morir…... me voy a
morir…..
me voy a morir…. me voy a morir... me voy a morir... me voy a morir... mevoyamorir... mevoyamorir..."
Sigo mirando fijamente la foto de mamá, la frase
llena todo el espacio dentro de mí. Entonces, una segunda voz da una alerta: —¿Ya oíste lo que estás diciendo? ¡Te estás
programandoooooo! —me grita.
De inmediato caigo en cuenta de lo que está
pasando, pero ¡no puedo detenerlo! El eco ya es un huracán poderoso y veloz.
Estoy congelado, debo hacer algo.
Con torpeza comienzo a articular una frase: "No…..…me….....voy…..…a…..…morir!", se oye muy lejana y desinflada.
"No me voy a morir……....………. no me voy a morir….....………... mevoyamorir mevoyamorir", suena aplastante mi primera voz que no ha parado de sonar y crecer. "…...….No me voy a morir….....no me voy a morir……...me voy a morir.… me voy a morir.... me voy a morir… no me voy a morir…….. no me voy a morir……..no me voy a morir….….." repite un yo pequeñito. "No me voy a morir………no me voy a morir……..no me voy a morir……". Es como un corredor que avanza desde atrás ganando más y más terreno...."me voy a morir…. me voy a morir…. me voy a morir..." El puntero aún es un contrincante muy fuerte "......no me voy a morir…... me voy a morir.... no me voy a morir… me voy a morir…. no me voy a morir...." La distancia se acorta, el esfuerzo del que viene atrás debe ser sobrehumano y contagioso porque mis piernas han comenzado a temblar......
"No me voy a morir……....………. no me voy a morir….....………... mevoyamorir mevoyamorir", suena aplastante mi primera voz que no ha parado de sonar y crecer. "…...….No me voy a morir….....no me voy a morir……...me voy a morir.… me voy a morir.... me voy a morir… no me voy a morir…….. no me voy a morir……..no me voy a morir….….." repite un yo pequeñito. "No me voy a morir………no me voy a morir……..no me voy a morir……". Es como un corredor que avanza desde atrás ganando más y más terreno...."me voy a morir…. me voy a morir…. me voy a morir..." El puntero aún es un contrincante muy fuerte "......no me voy a morir…... me voy a morir.... no me voy a morir… me voy a morir…. no me voy a morir...." La distancia se acorta, el esfuerzo del que viene atrás debe ser sobrehumano y contagioso porque mis piernas han comenzado a temblar......
"Me voy a morir……. no me voy a morir……... mevoyamorir
nomevoyamorir mevoyamorir nomevoyamorir".
Ya no
veo la fotografía de mamá pues mis ojos se ponen en blanco, pareciera que buscan mirar el interior del propio cerebro, donde surge una imagen sobre fondo rojizo; es un disco, ¿o una pelota
achatada? Pasa frente a mí, atrás viene otra y otra, todas son rojas, flotan
sobre una sustancia líquida hacia un horizonte escarlata. Es un torrente que se
mueve con mucha fuerza, todo sucede rapidísimo y se mezcla con el duelo de
mantras. Alcanzo a entender que es mi propia sangre porque siento que hormiguea por cada vena del cuerpo.
Creo que ahí también se libra una feroz
batalla.
Mi estómago tiene convulsiones muy violentas que no puedo controlar.
Caigo de rodillas y lo último que alcanzo a oír es:
NO ME VOY A MORIR
Me siento tan exhausto que apenas puedo llegar gateando a la cama. Quedo dormido al
instante.

